Feijóo: investidura improbable pero no imposible

Armengol retrasa el debate de investidura al 26 y 27 de septiembre para que una posible repetición no coincida ni en Navidad ni en Año Nuevo

Al PP le faltan siete abstenciones o cuatro síes, que las buscará en el PNV y en Junts

Si las elecciones se repitiesen, caerían el 14 de enero

El Rey hace el encargo a Feijóo

El Rey y Alberto Núñez Feijóo, este martes en la Zarzuela.
El Rey y Alberto Núñez Feijóo, este martes en la Zarzuela. / Chema Moya/Efe

Improbable, pero no imposible. Alberto Núñez Feijóo tendrá un mes completo para conseguir nuevos apoyos para su investidura, que ha quedado fijada para los días 26 y 27 de septiembre. Con los 172 síes que ya ha conseguido de Vox, de los canarios y los navarros, sólo necesitaría siete abstenciones, las de Junts, para ser proclamado presidente del Gobierno en una segunda votación, en la que no será necesaria la mayoría absoluta. O cuatro síes, los del PNV. que Los mensajes desde el PP han vuelto a volar a Bilbao y Warterloo, sede de los cuarteles generales del PNV y Junts.

Un mes es mucho tiempo para preparar una sesión, pero la presidenta del Congreso, Francina Armengol, ha tenido que retrasar el calendario para que una posible repetición electoral no caiga ni el 24 de diciembre ni el 31 de enero. Si ningún candidato lograse ser investido, España repetiría los comicios generales el 14 de enero, aunque la campaña se reduciría a ocho días según la legislación actual.

Una vez que se produzca la votación del 27 de septiembre, habrá de plazo hasta final de noviembre para elegir a un presidente. El reloj constitucional comenzará a correr, y eso también beneficia a Pedro Sánchez, porque los independentistas no podrían demorar de modo interminable su negociación si el PSOE tiene su turno al fracasar Feijóo. Tienen un plazo de dos meses. Si el Rey hubiese encargado la investidura al socialista, la cuenta atrás estaría detenida.

El primero que habló de buscar a Junts fue Pedro Rollán, hoy presidente del Senado.

Un mes da para mucho. Esteban González Pons ya ha declarado esta mañana que el PP está dispuesto a hablar con Junts, con el partido de Carles Puigdemont. De este partido independentista, ha dicho: "Su legalidad no está en duda, más allá de los casos de cuatro o cinco personas". Es algo, por tanto, que se puede explorar. No es la primera vez que un dirigente del PP se refiere a esta posibilidad. Fue el que hoy es presidente del Senado, Pedro Rollán, quien habló de esta opción poco después de las elecciones del 23 de julio, pero lo mandaron a callar después de que Vox condicionase su respaldo a Feijóo a que el PP no mantuviera un diálogo con Junts.

Durante este mes, se regresará a esto. La abstención de los siete diputados de Junts bastaría para que Feijóo ganase la votación, pero tiene dos impedimentos: el rechazo de Vox a ir de la mano con Puigdemont y el propio líder independentista. La condición que el prófugo de Waterloo ha puesto al PSOE -haría lo mismo con el PP- es que haya una amnistía para los procesados por el referédum ilegal del 1 de octubre. Esta medida de gracia tiene un difícil encaje constitucional, además de constituir una verdadera bomba política. Lo que en Cataluña sería visto como una excelente muestra del Estado para abrir una nueva página, en el resto de España es un artefacto de inciertas consecuencias.

Pedro Sánchez sí está dispuesto a concederla, aunque aún no se sabe qué fórmula se podría emplear. A Feijóo le resulta casi imposible, sería una enmienda a la totalidad a toda su trayectoria desde que es presidente del PP. Vox tampoco le dejaría, pero alianzas tan extrañas se han visto en España. Cuando José María Aznar pactó con Jordi Pujol en 1996, sus militantes recibieron la victoria en la sede de Génova al grito de "Pujol, enano, habla castellano".

Tampoco se puede prever qué pasa por la mente de Puigdemont. Su extraordinario poder en estos momentos sobre la política española se debe a una conjunción aritmética, tiene poco escaños -sólo siete-, pero es casi el único que puede deshacer el empate.

El PNV tiene dos problemas para apoyar a Feijóo: Vox y Bildu

El otro es el PNV. Las presiones sobre la sede de Sabin Etxea van a ser siderales. Bastaría un sí de los peneuvistas para alcanzar un acuerdo de Gobierno con el PP. Sólo con el PP, porque Vox ha renunciado a formar parte de este Ejecutivo. Los nacionalistas vascos ya han contestado en dos ocasiones, y de modo oficial, a la petición de apoyo del PP. Pero habrá más, muchas más.

Para alcanzar con acuerdo con Feijóo, los peneuvistas tienen dos problemas: Vox y Bildu. Al PNV le ha salido un competidor por la izquierda nacionalista que aprovecharía esa hipotética conjunción con Vox para hacer de ella la campaña electoral. Los vascos van a elecciones en 2024, y el Gobierno de Vitoria está en el aire si se contemplan los resultados de las últimas elecciones generales y municipales.

Pero hay una tradición. El PNV apoyó a José María Aznar y a Mariano Rajoy en dos de sus mandatos, si bien a este último le reiró el respaldo cuando Pedro Sánchez presentó la moción de censura en 2018. Su cambio de opinión respecto al Gobierno popular fue la clave del éxito.

Pero el mes que ha ganado Feijóo también le sirve a Pedro Sánchez. Desde el PSOE no esconden que también están hablando con los grupos independentistas y con los nacionalistas vascos para reproducir la mayoría de Armengol. Ahora, el candidato socialista tiene otro factor a su favor: con el reloj de las elecciones puesto en marcha, Puigdemont y ERC saben que no pueden demorar de modo interminable su negociación. Porque si no hubiese presidente a finales de noviembre, las elecciones se convocarían de forma automática para el 14 de enero.

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