¿Otro Don Pelayo?

El alcance de la irrupción del Foro Asturias de Álvarez-Cascos es toda una incógnita aunque se antoja decisivo para dinamitar la hegemonía del PSOE, por lo menos...

Roberto Pareja

12 de mayo 2011 - 10:10

LA apelación al voto (in) útil ha dejado de ser patrimonio exclusivo de la izquierda y ahora lo reivindica sin complejos hasta Mariano Rajoy, que se las prometía muy felices por tierras asturianas hasta que se topó en la reconquista del poder con ese nuevo Don Pelayo remasterizado en otra figura de armas tomar como Francisco Álvarez-Cascos, viejo compañero de fatigas en los Gobiernos de Aznar que al quedarse con las ganas de liderar la candidatura autonómica del PP en el Principado fundó a toda pastilla el Foro Asturias, una amenaza fantasma que acecha agazapada como una fiera herida pero con suficientes fuerzas para merendarse a la presa con su potente gancho y saciar su hambre más o menos atrasada de gloria.

Don Pelayo fue un caudillo asturiano que protagonizó una revuelta contra los musulmanes en Gijón y sobre el que se ha tejido una leyenda que le erige en motor de la reconquista tras la batalla de Covadonga.

La sangre no llegó al río cuando su partido de toda la vida le negó al ex vicepresidente del Gobierno el pan y la sal de la candidatura en su tierra natal y la batalla se redujo a una venenosa guerra dialéctica, que como todo lo que no mata, engorda. Los egos, en este caso.

Rajoy aprovechó la víspera de la pasada Nochevieja para hacer oficial el rechazo del dividido Comité Electoral del PP a la "disponibilidad" que le ofrecía su viejo compañero para acabar con la hegemonía de los socialistas, que se ha mantenido incombustible durante los siete comicios autonómicos celebrados desde el año 1983, con el único paréntesis del Gobierno del popular Sergio Marqués, entre el 95 y el PP, prólogo del reinado del socialista Vicente Álvarez-Areces, que anunció el año pasado que no optaría a la reelección, quizá algo empachado de mandatos: tres.

El testigo se lo cedió a Javier Fernández, que se las verá con otra gran desconocida extramuros del Principado, Isabel Pérez Espinosa, la candidata del PP, por mucho que le pese a pesos pesados (la política es pura redundancia) del partido como Javier Arenas, Ana Mato, José María Aznar (sigue siéndolo, ¿no?) o Esperanza Aguirre, que hasta reclamó un congreso extraordinario para acabar con la resistencia de Rajoy y de su lugarteniente, María Dolores de Cospedal (la bien pagá, como la llama por sus elevados emolumentos Cayo Lara, el líder de IU, esa bisagra que tan buenos servicios ha hecho a los socialistas para mantener el trono).

Pero ese trío de actores que suelen protagonizar las películas electorales en Asturias se puede quedar calavera con el fantasma de Cascos.

Dicho sea sin faltar. Lo que ocurre es que el reciente sondeo preelectoral del CIS ha pasado olímpicamente del Foro Asturias que montó a golpe de resentimiento el ex dirigente popular alegando el centro demoscópico que sólo sondea sobre la intención de voto a los partidos con representación parlamentaria, que no es obviamente el caso, aunque al intrépido neófito algunas encuestas demasiado escoradas hasta le elevan a los altares, aunque las más razonables le conceden al menos la categoría de bisagra. Vamos, que la derecha podría gobernar si el PP y el Foro Asturias se fumaran la pipa de la paz.

Precisamente Rajoy mitineó ayer en Oviedo y, cómo no, volvió a apelar al voto útil para gobernar "en solitario". Mejor que mal acompañado, le faltó añadir aunque lo pensara. Y por allí cerca, por Langreo, en la cuenca del Nalón, una especie de coto privado de la izquierda, pasó también el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, que cargó contra el "despreciable electoralismo" del PSOE. No obstante, el a la sazón ministro de Fomento salió pitando para seguir desde su departamento la evolución de las tareas de rescate tras los seísmos en Lorca.

Está por ver si habrá otro terremoto electoral por tierras asturianas con ese nuevo Don Pelayo, que antes de parir su criatura, aseguró que no va a llorar por la leche derramada y prometió batalla. Cainita ella, que el PP se ha partido. Como diría Trillo, manda...

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