Fenómenos sin techo, sin freno e imparables

Doble fondo

Ayuso y Sánchez, cada uno en su estilo, se comportan como dos irresponsables con su infumable aura de ganadores

Roberto Pareja

03 de octubre 2019 - 14:04

Isabel Ayuso, Pedro Sánchez. Tanto monta, monta tanto. ¿Mezcla de churras y merinas? No tanto.

Ella no ha llegado precisamente con un pan bajo el brazo. La mujer encargada de preservar el feudo del PP más rutilante ha aterrizado en su despacho de la Puerta del Sol con una mochila de polémicas que van desde el préstamo fallido concedido por una entidad semipública a una empresa de su padre cuando estaba a punto de despedir a sus trabajadores, hasta su vinculación con empresarios de la trama Púnica, que la señalan como la "interlocutora" del PP de Madrid. Maledicencias, dice ella, la misma que "echa de menos los atascos a las tres de la mañana en Madrid", una seña de identidad de la ciudad.

Ayuso argumenta que esos embrollos judiciales en los que se entremezclan el tráfico (valga la redundancia) de influencias y un presunto alzamiento de bienes con el resultado de cientos de miles de euros de dinero público evaporados son cosas del pasado que la izquierda exhuma para fastidiarle su enorme proyección política. De Madrid al cielo, aunque sea estrellado. Pero la adalid de la baladronada se basta ella solita para pegarse tiros al pie sin la interesada colaboración de su siniestra. A la diestra, a propósito de la exhumación de los restos de Francisco Franco, se pregunta "¿qué será lo siguiente?". Y barrunta: "¿Arderán las parroquias de barrio"?. Y contextualiza: "Como en el 36".

Ni Vox había llegado tan lejos en la polémica sobre la retirada del dictador de su mausoleo. Debe estar muy nerviosa. Quizá no duerme bien por las noches, como ese presidente en funciones aquejado de un galopante travestismo político en plena cuenta atrás del 10-N. Sánchez, que fue aupado por el independentismo en la moción de censura a Rajoy, se nos envuelve ahora en la bandera de España y esgrime el 155 a sus antiguos costaleros.

Tras dar carpetazo a su romance con Unidas Podemos, está convirtiendo a Quim Torra y al independentismo en su gran enemigo a batir. Hace no tantos meses, el pasado febrero, el apostol de la unidad aceptaba hasta la figura de un relator en sus conversaciones con la Generalitat. Y ha recauchutado el lema socialista "diálogo dentro de la ley" pr el de "primero ley y luego diálogo". El giro del PSOE es manifiesto. Y para que no falte de nada, ahora dice que pensar en un acuerdo con Ciudadanos "es ciencia ficción". ¡Madre mía! ¿Qué le queda más allá de Pablo Casado? Y por supuesto no quiere hablar de un cara a cara preelectoral en televisión. Sus arúspices demoscópicos lo tienen todo bien atado.

Brindo por Sánchez y por Ayuso, esos dos fenómenos capaces de recolectar 7.480.755 y 714.718 votos, respectivamente, en las generales del pasado 28 de abril y en las autonómicas del pasado 22 de mayo. Estos dos irresponsables que frivolizan con el independentismo falaz y el guerracvilismo montaraz pasan por figuras valiosísimas. Uno es el presidente del Gobierno y la otra es la presidenta de la Comunidad de Madrid. Las comparaciones son odiosas. Algunas preguntas, también. ¿Tenemos los políticos y los líderes que nos merecemos? ¿Quiénes son los héroes, ellos por sus votos, o los que les votan y no botan?

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