Partidos nuevos, votantes novatos
Casi un millón de jóvenes participan mañana por primera vez en unas generales animados por la aparición de las formaciones emergentes.
A las cinco de la tarde de un viernes, la explanada entre las facultades de Derecho y Empresariales de la Universidad de Sevilla es un hervidero de veinteañeros. Los que están en horario de mañana aprovechan el sol de este diciembre estival con cerveza barata y los que se matriculan por la tarde se toman un café entre clase y clase. O alargan el café y dejan la clase para el lunes. Mañana, muchos de esos estudiantes ejercerán su derecho a voto por primera vez en unas generales, por lo que las conversaciones no eran las de un viernes normal. En concreto, 963.040 de los convocados a las urnas el 20-D no habían cumplido la mayoría de edad en noviembre de 2011.
"Hace seis meses me habría dado igual, pero estoy hasta nervioso", afirma Daniel Acedos. Natural de Alicante, este estudiante de Derecho reconoce que mañana no piensa moverse del televisor para seguir los resultados. No es el único. Su compañera Ana Rodríguez, que ha vuelto de su Erasmus en Stuttgart por Navidad, tiene clara la relevancia de su participación en los comicios. "Si no voto no me puedo quejar", apunta esta sevillana, que asegura haber detectado un creciente interés por la actualidad política entre la gente de su edad: "Antes, los que estaban desilusionados no tenían opciones. Ahora tienen dos partidos".
El surgimiento de los partidos emergentes tiene gran parte de culpa -según Rodriguez, Acedos y el resto de sus amigos- de que sus conversaciones se centren últimamente en el destino final de las papeletas que los esperan mañana en los colegios electorales. Coinciden en la importancia que han tenido Podemos y Ciudadanos para animarlos a ver debates e incluso a leer programas electorales; pero no todos creen que la llegada al poder de Rivera o Iglesias vaya a solucionar los problemas del país. "Aunque vienen pisando fuerte, todavía tienen mucho que demostrar. Los antiguos tienen más experiencia", dice Cristina Rufino, que se incorpora a la mesa después de salir de la facultad. No lo ve así Rodríguez, que cree que existe una "brecha generacional" entre Mariano Rajoy y el resto de candidatos.
Sale el nombre del presidente del Gobierno y automáticamente sube el tono de este debate a pequeña escala. "Es un absoluto títere y no está cuando hay que solucionar un problema", sentencia Ángela Pozo. Va más allá esta estudiante de Relaciones Laborales cuando dice sentir "vergüenza" de algunas intervenciones públicas del candidato popular, pero Cristina Rufino le sale al quite para criticar Pedro Sánchez por su crispada intervención en el cara a cara del pasado lunes. Entre los simpatizantes del PP hay reacios a la candidatura de Mariano Rajoy. La pulsera azul de Alicia Peñafiel la delata, pero esta alumna de la facultad de Empresariales se pregunta si una lista encabezada por Soraya Sáenz de Santamaría no recabaría más apoyos en los comicios.
Vuelve el consenso cuando se habla de Albert Rivera. Incluso Pozo, más cercana a las tesis de Podemos, ve con buenos ojos al político catalán. "Es de derechas, pero me gusta. Creo que tiene las ideas claras y ganará muchos puntos si no se baja los pantalones para llegar al poder". Sobre el líder del partido morado es más complicado oír halagos. "Las propuestas de Podemos son fantasía", asegura Ana Rodríguez. Y entonces se habla de impago de deuda, de rentas básicas y de lo poco estético que es tener un presidente con coleta. Hasta que Ángela Pozo zanja la discusión. "No creo que los cambios que prometen sean tan radicales como dicen. Si gana Iglesias esto no será Venezuela". El gran ignorado es el PSOE de Pedro Sánchez, un partido que ya no consideran de izquierda ninguno de los presentes.
¿Qué pasará entonces el lunes? Todos creen que el PP será la lista más votada y que la muleta de los populares tendrá color naranja. Pero no les gusta su propia predicción. En este debate a seis ganan los pactos, aunque no cualquiera. La idea de un gobierno de derechas con PP y Ciudadanos no prospera ni entre los conservadores del grupo. El caso contrario -con el PSOE, Podemos e Izquierda Unida- tampoco es muy celebrado. "Tienen que ceder todos", señala Ángela Pozo. Pero esta propuesta también tiene su contestación por boca de Miguel Collantes. "Si a nosotros, que somos veinte, nos cuesta decidir qué hacemos un viernes; imagínate poner de acuerdo a 45 millones de personas". Sin necesidad de moderador, cambia el tercio. Hay que irse a la cena de Navidad del grupo. Y como todos parecen tener claro su voto, podrán permitirse cambiar la jornada de reflexión por una de resaca.
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