Una campaña que adolece de educación
Escasas propuestas para mejorar la formación de los más jóvenes, a pesar de la importancia de éstos de cara al futuro
ALLÍ donde hay un proyecto urbanístico hay un político ansioso por sacarlo a la luz en plena campaña electoral. Su rueda de prensa, sus mapas, sus presupuestos. También está de moda todo lo relacionado con los servicios sociales, aunque sea por la incidencia de la crisis económica en numerosas capas de la población. E incluso gusta mucho eso de la movilidad urbana, muy de moda desde que las bicicletas dejaron de ser solo para el verano. Y si hablamos de la 'ciudad sostenible', llegamos a la modernidad más pura.
(Apéndice 1: Unos jóvenes, entre 14 y 17 años de edad, participan en una encuesta televisiva. Le preguntan sobre la beatificación del Papa Juan Pablo II. Respuestas para llorar: ¿Para qué sirve un Papa? 'Para salir en la tele'; ¿Crees que sus hijos estarán contentos con la beatificación? 'Claro, a todo hijo le gusta eso para su padre'. ¿Y su mujer? 'Creo que la mujer de Juan Pablo II murió, porque hacía tiempo que no sale por la tele'. De verdad, no eran respuestas de broma, la broma eran estos jóvenes claro ejemplo del fracaso educativo, el provocado por la escuela y el provocado por los padres, porque si la respuesta a cuestiones tan ridículas fue por esos derroteros, da miedo pensar lo que pueden saber de cuestiones que sí necesitan del uso del reciocinio).
(Apéndice 2: No hay que encender la tele ni viajar a otros puntos del país para encontrarnos a este tipo de especímenes. Todas las ciudades de nuestra provincia están llenos de ellos. Y mucho menos, no hace falta ir a barrios degradados o a colegios públicos en barrios degradados. Te lo encuentras, y cada vez más, en centros públicos, en concertados y en privados. Y muchos, en barrios de clases pudientes).
(Apéndice 3: Niños de doce, trece, catorce años agotan su tiempo de descanso delante del ordenador. No, no es que estén estudiando. Están pegados a la pantalla no tanto por los videojuegos como por las redes sociales en las que cuentan todo lo que les pasa en sus vidas. Y cuelgan fotos, y vídeos. Han perdido, si es que lo han tenido alguna vez, la virtud de la conversación cara a cara, o por el teléfono. Ya sólo teclean, con un lenguaje cada vez más críptico. Y los padres y madres pasando hoja y quejándose a los profesores si llegan con todas las asignaturas suspendidas).
Pues bueno. Nada de esto ha salido en la campaña electoral. Y eso que ya nos hemos tragado la mitad. Hablan los políticos, y nosotros lo reproducimos, de proyectos pero entre ellos no se refieren nunca, o por lo menos este cronista no lo ha escuchado, a la educación. Porque sean unas elecciones locales no podemos olvidarno de ella.
Votamos a quienes nos van a gobernar en las ciudades en las que vivimos. A quienes se van a encargar de desarrollar las ciudades para que, se supone, vivamos mejor, con más calidad, con buenas perspectivas de futuro, con posibilidades de crecimiento más allá de los datos macroeconómicos. Y para ello hay que contar con la sociedad. No solo la sociedad que vota en las elecciones. Toda la sociedad. Y entre ellas forman parte muy esencial, o por lo menos así debería de ser, el colectivo de los jóvenes.
Ellos, más tarde o temprano, serán los que tomen las riendas de las ciudades que ahora estamos transformando. Serán los que impulsen nuevas ideas de desarrollo y los que sean capaces de sacar adelante las que ahora se ponen en marcha. Serán los que aporten dinamismo a la sociedad a medida que los que ahora lo hacen les vayan dando paso.
Todo ello sólo se consigue si desde que son capaces de ponerse los cordones de los zapatos toman conciencia de la importancia de la educación. La que reciben (o deberían de recibir, que esa es otra) en los colegios, institutos y universidades y que la reciben (o deberían de recibir) en sus casas. Formación también en el trabajo, en el esfuerzo por lograr metas y educación en lo que se refiere a su relación con los demás.
De todo ello se debería de hablar también en la campaña electoral. Porque al ser la administración más próxima el Ayuntamiento tiene más capacidad para solventar los errores que ahora se cometen. Pero yo, por lo menos, no he escuchado nada de ello.
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