La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
cuatro por uno
SE juega más. El resultado que los españoles que votan determinen en las urnas el próximo domingo 20 tendrá para Pedro Sánchez más consecuencias que las propias de la conformación de mayorías para investir un nuevo Gobierno. Él también tiene en juego su propia trayectoria política como líder nacional, que podría truncarse abruptamente pese a que apenas lleva año y medio como secretario general del PSOE y líder de la oposición a Mariano Rajoy en el Congreso de los diputados.
Esa realidad condiciona la campaña electoral del líder socialista, que sabe que no aguantaría un Comité Federal si el resultado es catastrófico. Y lo peor es que los sondeos plantean ese escenario como previsible. Especialmente la encuesta del CIS conocida en la víspera de la campaña, que, de cumplirse, le dejaría como el candidato del puño y la rosa que peor resultado obtendría desde 1977.
En 72 horas el candidato socialista ha pasado de apelar al votante de Podemos como única opción útil de izquierda, a considerar que el mayor sondeo que se hace en España -por funcionarios públicos, no se olvide- es una manipulación del Gobierno para perjudicarle, y finalmente ayer a plantear un tripartito como única alternativa a Rajoy.
Detrás de esta concatenación de mensajes que llegan a ser contradictorios -por qué plantear un acuerdo a tres para desbancar al PP si según su relato la encuesta está cocinada para beneficiar a Rajoy en su perjuicio y no refleja la realidad- está la permanente amenaza que sobre su futuro personal tiene el resultado electoral del PSOE.
Un resultado por debajo de los 90 diputados como el que esboza el CIS le pondría en la tesitura de dimitir. Máxime cuando la suma con Ciudadanos no alcanza la mayoría absoluta, como sí ocurría con otros estudios demoscópicos conocidos antes, pero con un universo mucho menor y con entrevistas telefónicas y no presenciales, como las que hacen los encuestadores del CIS.
La escasa diferencia con C's alienta además el riesgo de que se produzca el sorpasso, lo que no tiene precedente en los 38 años de democracia. Pasar a ser la tercera fuerza política de España también sería causa de su caída. Sólo lograr un acuerdo para investir a Albert Rivera con él como vicepresidente podría darle continuidad, bajo el argumento de que el PSOE habría vuelto al Gobierno.
El problema es que el CIS tampoco garantiza 176 diputados -el umbral de la mayoría absoluta- sumando las horquillas que otorga a PSOE y C's.
De ahí que ayer, Sánchez sacase a escena la articulación de una mayoría alternativa al PP uniendo también a Podemos. Eso sí, con un condicionante: que los socialistas tengan un voto más que los populares cuando finalice el recuento de las urnas. La estrategia de apelar a un tripartito es arriesgada. Porque las experiencias con gobiernos con más de dos partidos no han cosechado precisamente refrendos electorales allá donde se han hecho, singularmente en el ámbito autonómico. Por ello, podría ahuyentar al votante de centro indeciso. Según los datos del CIS hay un 18% dudando entre votar bipartidismo o C's (un 9% para el PP y otro 9% para el PSOE). Decirle a ese elector que si opta por socialismo se aliará no sólo con C's sino con Podemos, puede llevar a que el 20-D se decante por el naranja.
El centrista, ese objeto de deseo
La importante bolsa de indecisos que en la estimación de voto directo refleja el marcrosondeo del CIS pone de manifiesto que el centro político volverá a ser decisivo en las urnas, algo que ha sucedido desde los tiempos de la UCD. Como su histórico líder y primer presidente de la Democracia, Adolfo Suárez, es el icono de ese centro y las comparaciones entre él y Albert Rivera son constantes, en buena medida alentadas directamente por Ciudadanos, el PP quiso ayer dejar claro que el legítimo heredero del abulense, Adolfo Suárez Illana, está en las filas populares y pidió ayer el voto para Mariano Rajoy. El candidato del PP, allí presente, apeló al diálogo que representó Suárez. Sin duda si vuelve a gobernar será indispensable, aunque lo cierto es que costumbre no tiene ninguna, porque si no ha practicado algo desde 2011 es el diálogo.
A por el primero para afianzar el segundo
Estas son una elecciones muy abiertas y en las que nada está decidido, por más que todos los sondeos den al PP como el más votado. Entre nuestros cuatro protagonistas importa casi tanto quién queda primero como quién es el segundo. Albert Rivera, que ya dijimos que se ve capaz de llegar ahora a La Moncloa, está muy cerca de superar a Pedro Sánchez. Alguna encuesta hasta lo anticipa, aunque no la del CIS ni los promedios aritméticos que se hacen de todos los sondeos a la vez. Rivera jugó ayer en Mallorca a dar por conseguido ese segundo puesto y animó a los suyos a luchar a por el primero: "Ahora vamos a por el siguiente, que es el PP", dijo. En ello probablemente subyace más el interés por afianzar un escenario inédito -que dos partidos superen al PSOE- que otra cosa, aunque nadie pone aún techo a C's.
¿Defender lo uno y lo contrario?
Cádiz acuñó el concepto de nación española en la malograda Constitución de 1812. Así que Pablo Iglesias, que ayer mitineaba en una de las denominadas ciudades del cambio, proclamó que está "orgulloso" de que en "Cádiz se dé significado a la palabra soberanía". Apela Iglesias constantemente al pueblo, a la gente, a que son ellos y no la clase dirigente política que ha habido hasta ahora, a la que denomina la casta, quienes deben decidir. Sin embargo en el mismo mitin proclamó: "Aquí en Cádiz digo lo mismo que en Barcelona, que voten los catalanes", en referencia al reférendum independentista que él sí convocaría de gobernar. ¿Se puede defender lo uno y lo contrario? Porque o la soberanía es una y de todos los españoles o se puede fragmentar
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