Las Claves

El rey Juan Carlos da un paso atrás

  • La decisión del monarca no está relacionada con que se sienta acosado por ciertos medios como se ha dicho, quien lo conoce sabe que nunca abandona ante la adversidad.

El rey Juan Carlos, en uno de sus últimos actos públicos. El rey Juan Carlos, en uno de sus últimos actos públicos.

El rey Juan Carlos, en uno de sus últimos actos públicos. / Efe

No se retira, porque un Rey no se retira nunca, pero ha decidido dar un paso atrás, o un paso al lado, y renunciar a su agenda constitucional representando a la Corona en distintas actividades institucionales.

El rey Juan Carlos llevaba tiempo dando vueltas a esa posible retirada de la primera línea y lo había hablado con su hijo, para el que la carta de su padre no fue una sorpresa. La decisión Don Juan Carlos no tiene nada que ver con que se sienta acosado por determinados medios de comunicación como se ha dicho, ni por algún gesto desagradable que haya podido sufrir estos años, que han sido muy pocos y al que no le ha dado la importancia que gustaría a sus detractores. Cualquiera que conozca al rey Juan Carlos sabe que nunca abandona ante la adversidad sino todo lo contrario.

Dos han sido las razones de su decisión: una, que sufre problemas físicos, sobre todo de movilidad, aunque su cabeza sigue siendo tan lúcida como siempre; segunda, que considera que deja la jefatura del Estado en las mejores manos, algo que le importa más de lo que pueda pensarse. Esa seguridad en la capacidad de su hijo, por el que siente no solo el lógico afecto de padre sino una profundísima admiración, fue determinante para abdicar hace dos años. En ese momento, sí es posible que los errores cometidos en el plano personal le llevaran a pensar que su continuidad podría perjudicar la imagen de la Monarquía, pero no es el caso de ahora. No hay más que recordar sus apariciones de los últimos meses para comprender su retirada a un segundo plano: la inestabilidad de sus piernas o las tiritas en el rostro; como las personas de edad tiene manchas que los dermatólogos aconsejan eliminar por precaución.

Hace pocas semanas, salió el rey Juan Carlos, a primera hora, hacia Roma, a un acto de la fundación Cotec, acompañando a su hijo Don Felipe. La presencia de los dos reyes demuestra la estrecha vinculación que sienten por esa fundación, con la que colaboran activamente. Don Juan Carlos, como el rey Felipe, no se sentaron más que durante los viajes de ida y de vuelta, los actos fueron de pie y se prolongaron hasta última hora de la tarde. Todo el mundo acusaba el cansancio, pero más todavía el Rey Juan Carlos, de 81 años.

En esas fechas ya tenía pensado que era hora de retirarse, pero no quería hacerlo con dos campañas electorales en marcha. Fue idea suya hacer coincidir la retirada con la fecha en la que se cumplía el V aniversario de la abdicación y con las incógnitas electorales ya resueltas.

Una retirada que no marcará diferencias sustanciales respecto a la vida que lleva a actualmente. Mantiene su secretaría, mantiene también su despacho en el Palacio Real, y no es descartable que, en alguna ocasión, el Rey le pida que lo represente en algún acto institucional que no signifique excesivo esfuerzo físico, aunque ya no acudirá en representación de Don Felipe a ceremonias internacionales como hacía hasta ahora, que representó a España en los funerales de Fidel Castro o en las tomas de posesión de los presidentes latinoamericanos.

Continuará con la vida que lleva desde hace tiempo, muy centrada en sus aficiones a los toros y a la gastronomía, con reuniones familiares a las que acude a veces en compañía de la reina Sofía –que sí mantendrá su agenda institucional–, y encuentros con amigos por los que siente gran afecto, de dentro y de fuera de España, para los que apenas tenía tiempo cuando ocupaba la Jefatura del Estado.

Y continuará con sus estancias en Sanxenxo, donde hace un par de años se le abrió la posibilidad de reiniciar su actividad en el mundo de la vela, que le apasiona, cuando un grupo de personas capitaneadas por el olímpico Pedro Campos puso a su disposición un velero clase 6m. Un nuevo Bribón con el que Don Juan Carlos a la caña y una tripulación muy profesional con Campos al frente, ganaron el campeonato del mundo que se celebró en Vancouver.

Un Rey entusiasmado, a punto de cumplir 80 años, utilizó la fotografía del triunfo para felicitar la Navidad, demostración de la enorme satisfacción que le produjo el título de campeón.

En Sanxenxo ha encontrado Don Juan Carlos un nuevo refugio vital. Porque puede dedicarse a la vela y porque se ha integrado fácilmente en una sociedad en la que se mezclan los hábitos cosmopolitas con los de un pueblo auténtico; pasea sin que nadie le perturbe sino que, por el contrario, recibe muestras constantes de afecto y se siente uno más. Con frecuencia le acompaña la infanta Elena, su gran compañera en sus incursiones gastronómicas y taurinas, y es seguro que se acercará todavía más a la infanta Cristina, que cuando viaja a Madrid para ver a su marido que cumple condena en la prisión de Ávila, ya se reúne sin problema con su padre después de años de distanciamiento.

La mejor historia

Al rey Juan Carlos se le verá menos pero se le verá. Y ahora que oficialmente quedará retirado de la primera línea de la vida pública, se podrá echar la mirada atrás para recordar a quienes no han tenido oportunidad de conocer su labor, o no han querido conocerla, que a pesar de los errores cometidos, todos ellos relacionados con su vida privada, no la institucional, que España ha tenido un gran, grandísimo Rey que se puso al frente del país en un momento muy delicado: cuarenta años de dictadura.

Una España falta de partidos excepto el comunista, perseguido implacablemente por el franquismo y que sufrió infinidad de víctimas mortales, por no hablar de los presos. Una España cuya sociedad vivió con auténtica inquietud la muerte de Franco porque no sabía qué deparaba el destino. Solo sabía el Príncipe Juan Carlos, elegido por Franco y del que por tanto desconfiaban quienes ansiaban que llegara la democracia.

Sin embargo ese Príncipe tenía la Transición en su cabeza, los cambios legales que había que hacer, cuándo y con quién; en qué momento se podría elegir un presidente de gobierno que encabezara esos cambios con su ayuda.

Antes de ser proclamado Rey tenía incluso decidido que fuera Adolfo Suárez el primer presidente de su reinado. Como tenía decidido que las primeras elecciones debían celebrarse cuanto antes, y que era obligado que participaran todos los partidos que habían surgido incluido el partido comunista. Y tenía decidido que la primera legislatura fuera constituyente, aunque eso recortaría los poderes omnímodos que había tenido al ser proclamado Rey.

No deja de ser penoso que gran parte de la actual sociedad española no conozca el papel del rey Juan Carlos en la historia reciente, que no sepa que ha impulsado el periodo más estable de la historia de España, los mejores cuarenta años.

No deja de ser penoso que, cuando decide abdicar porque cree que es lo mejor para España, y decide renunciar a su agenda institucional porque cree que es lo mejor para España, en determinados medios se ponga el acento en sus errores. Que, hay que insistir en ello, son de tipo personal.

El problema está en que la mayoría de quienes saben de sus muchos méritos ya no viven. Y a un porcentaje importante de las nuevas generaciones les interesa lo justo la historia de su país y los personajes que la protagonizaron.

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