Hitos para Historia (VI)

Un torero que enamoró a Sevilla

  • Cortés rozó la glorialLa tarde del miércoles de Feria de 1969, la Maestranza se ilusionó con un muchacho de Gines que bordó el toreo lAcompañado en el cartel por Antonio Ordóñez y Paco Camino, desorejó a su lote 'núñez'

Manolo Cortés muestra las orejas de 'Manchado', el toro de Núñez que empezó a abrirle la Puerta del Príncipe. Manolo Cortés muestra las orejas de 'Manchado', el toro de Núñez que empezó a abrirle la Puerta del Príncipe.

Manolo Cortés muestra las orejas de 'Manchado', el toro de Núñez que empezó a abrirle la Puerta del Príncipe. / DIARIO DE SEVILLA

Estamos en el ecuador de este serial de corridas que llegaron a la categoría de efemérides y que, conforme pasa el tiempo, más importancia cobran. Se trata hoy de la tarde que Manolo Cortés abrió la Puerta del Príncipe tras cortar tres orejas con una corrida de Carlos Núñez. Un triunfo acrecentado por la presencia de dos figuras tan grandes como Antonio Ordóñez y Paco Camino. Que habría que ver cómo le ardería el corazón a este torerazo de Gines cuando, en el paseo, se vio flanqueado por esas dos figuras del toreo de las de verdad.

Estábamos en el 16 de abril, miércoles de Feria de 1969, y se anunciaba uno de los carteles cimeros de una Feria que estaba resultando brillante, pero sin grandes alardes. Un ciclo que fue alterado por una insólita decisión que dignificó la Fiesta, pero que dejó la plaza cerrada en un día de gran expectación y rutilante sol en todo lo alto.

Y es que el domingo de preferia, el gobernador civil de la provincia, José Utrera Molina, suspendía la corrida anunciada, que era de Benítez Cubero para los diestros Victoriano Valencia, Curro Romero y Palomo Linares. Tras un zafarrancho de toros de José Benítez Cubero y de María Pallarés, su esposa, en los corrales y no ser aprobado ninguno, a las doce del mediodía, Sevilla se quedaba sin toros.

Hubo mucho luto en la plaza por la muerte en Lausana de la reina Victoria Eugenia

Pero vayamos a ese miércoles en que va a producirse una explosión de júbilo en torno a un torero del Aljarafe. A ese día llega la terna con el honor de haber tocado pelo en sus comparecencias anteriores. Antonio Ordóñez le ha cortado oreja a un urquijo el lunes del alumbrado, Camino viene de hacer lo propio con un torrestrella el sábado y Manolo Cortés aparece aún mejor colocado, ya que ha hecho doblete orejero el día anterior, el martes, con una corrida de Gerardo Ortega.

Se anuncian toros de la muy perseguida divisa de Carlos Núñez, no cabe un alfiler y hay mucho luto en la plaza. Las banderas lucen a media asta y los palcos maestrantes están vacíos porque ha fallecido en Lausana la reina Victoria Eugenia. En la puerta de cuadrillas, el jovencísimo Manolo Cortés va de grana y oro, luce Ordóñez un rioja y oro, y a la diestra se enfarda Camino en un grosella y oro.

Desde el primer momento pudo comprobarse que ese 16 de abril no era el día de Antonio Ordóñez. Entre que no tuvo suerte en el sorteo y que él no anduvo fino, la tarde le pasó con más pena que gloria. La gente se enfadó con él a la muerte de su lote, aunque nadie imaginaba que estábamos ante la última Feria de Sevilla de Antonio Ordóñez, que haría su paseo definitivo en la Maestranza dos días después con Alfredo Leal y Curro Romero.

Sí era tarde para Paco Camino, que enardeció a los tendidos en los dos toros. Verónicas de su marca y chicuelinas de las que él sólo ha sabido dar fueron los preámbulos de dos faenas redondas, macizas, llenas de poder, valor y arte. Puede afirmarse que en ese miércoles de Feria del 69 protagonizó Paco una de sus tardes más triunfales de cuantas vivió en la plaza de su tierra. Le cortó la oreja a los dos, pero en el quinto se le pidió con fuerza la segunda y como el presidente, Manuel Zambrano, no la concedió, el Niño Sabio de Camas se quedó sin una puerta, la del Príncipe, que se le negó a todo lo largo de su carrera de matador de toros.

El segundo se lo brindó a Diego Puerta, fuera de la Feria a pesar del rabo del año anterior

Sí consiguió ese premio Manolo Cortés, natural de Gines y torero en el que Sevilla depositó muchas esperanzas. Había tomado la alternativa en las Fallas del año anterior, pero estábamos en su primera Feria de Sevilla. A ella llegó con mucho cartel, ya que fue importante la temporada del debut en el primer escalafón, y la prueba es cómo llegaba puesto, en qué carteles y en qué fechas, con qué ganaderías y cuáles eran sus compañeros.

Se llamaba Manchado el tercero de la tarde y el recibimiento lo haría Cortés de una forma inusual, como a contraestilo, con una larga cambiada. Toreó apretado y con empaque a la verónica para dejar un ambiente adecuado para lo que iba a venir. Con la muleta abrió Manolo con un espectacular pase cambiado en la boca de riego para formar un lío de enorme trascendencia. Tanta importancia tuvo la faena que, a pesar de preceder con un pinchazo la media estocada que acabó con el núñez, las dos orejas fueron a sus manos.

Más de media puerta de la Gloria estaba abierta y a fe que Manolo salió en el sexto dispuesto a que no se le escapase. Tras un quite apretadísimo de frente por detrás, Ordóñez entró en liza para enjaretar unas verónicas de su cosecha. Cortés salió a revientacalderas y le brindó la muerte de Cumbrero a Diego Puerta, ausente de los carteles a pesar del rabo del año anterior. Arrancó con unos mayestáticos ayudados por alto para labrar una obra culminada con una estocada de efecto culminante. La oreja que faltaba para franquear la Puerta del Príncipe llegó a sus manos y así remataba un éxito que hizo concebir todo tipo de esperanzas sobre su futuro. Un futuro lleno de altibajos, pero siendo siempre torero de toreros. Falleció en marzo del año pasado, víctima del puñetero cáncer.

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