Las últimas puntadas para la Feria
Vuelve la noche del Alumbrado al lunes en una Feria que ha exprimido el real desde el pasado viernes y que el lunes por la tarde apuraba el tiempo para tenerlo todo listo
El espectacular vuelo sobre el Real que muestra una vista única y anticipada de la Feria de Abril: "Ya está esperando a los sevillanos"
Hay un ejercicio de realidad que cada año se puede hacer en un paseo por el real la tarde antes de la cena del pescaíto. En las casetas se afanan con los últimos detalles: las flores que decorarán las mesas, las servilletas correctamente colocadas. Son los que trabajan para que la noche del Alumbrado vuelva a ser esa gran fiesta en la que se vuelven a ver los socios de las casetas. Hay quien dice que es lo más parecido a una cena de Navidad. Todos reunidos alrededor de la mesa y después, a bailar.
Un ejército de camareros, limpiadores, barrenderos y reponedores descargan camiones mientras que en algunas casetas –menos este año– se celebran las primeras recepciones o copas de amigos. Son muchos los que trabajan para que el engranaje feriante funcione a la perfección.
En otra parte de la ciudad, en el centro o en Nervión, las tiendas hacían su particular “noche de feria”. El lunes amanecía gris y desapacible y algunos tuvieron que cambiar el modelo previsto para la primera noche de la Feria. Las chaquetas, chales y kimonos cotizaban al alza ayer por la mañana. Las cosas de una ciudad a la que le gusta dejar alguna puntada para el último momento.
En el real también hubo quien con hilo cosía los lazos de alguna cortina en la calle Juan Belmonte, donde por cierto un afilador de los de toda la vida, con su moto y la piedra, dejaba a punto los cuchillos para que no exista ningún problema a la hora de cortar el jamón y tocar una buena sonata al violín ibérico.
Hay mucha feria en estas horas previas, mucho trabajo y, sobre todo, cuidado por los detalles. En la calle Asunción los balcones se engalanan con letras de sevillanas. Uno de ellos reza: “Qué guapa que está Sevilla, ole y olá”. La ciudad muestra sus mejores galas y el real es la joya de la corona. Los operarios de Lipasam baldeaban las calles sobre las seis de la tarde y recogían los cartones y las bolsas de basura acumuladas tras los últimos retoques a las casetas.
El esmero y cuidado que se pone en los interiores mejora cada año. Los socios son conscientes de que es su casa durante la semana que comenzó en el minuto de reloj que separa ayer de hoy. Como cualquier casa muestra lo mejor que tiene al visitante y lo que es seguro es que en las casetas, durante estos días, se reciben muchas visitas.
Pero esta noche, como todas las cenas del pescaíto, son para los amigos y la familia. Las casetas familiares y de socios de toda la vida viven la noche del alumbrado de manera totalmente festiva. Es su noche, su momento, su fiesta. Y como tal la comida y la bebida no tiene nada que ver con lo que normalmente se servirán durante los días de farolillos. Es más, seguramente lo que menos se consuma sea pescado frito. Precisamente este alimento surgió porque al ser la cena del alumbrado un lunes, día que tradicionalmente no hay pescado en los mercados, la única manera de que apareciera en el menú era frito.
El alumbrado volvió al lunes por la noche. Un cambio que ha causado más de una baja entre los comensales. Hoy hay que trabajar y aunque el alcalde afirmó que se estudiaría la posibilidad de que el martes fuera festivo si se volvía al formato corto, como así ha sido, el festivo será finalmente el miércoles. En algunos grupos de amigos ya se ha trasladado la cena del pescaíto al martes por la noche ante la imposibilidad de acudir anoche.
Como hay gente para todo, que decía El Gallo, ayer por la noche hubo lleno en las casetas. El alumbrado es la noche de los abuelos. Por la tarde hubo un auténtico desfile de niños con troleys para celebrar una cena del pescaíto particular donde los nietos son los reyes y pueden escuchar historias y sevillanas de la Feria de otros tiempos.
Cuando la medianoche llegó al real los aplausos resonaron por todas las calles. La gente tiene ganas de Feria y después de un año siempre hay que celebrar que la vida renace siempre en primavera.
El martes por la mañana, con las gafas de sol para ocultar las ojeras, pero con la sonrisa en los labios por el buen rato vivido, algunos llegarán al trabajo directamente del albero. Queda mucha feria, muchas recepciones, tantas que hay quien se ha hecho una chuleta donde, en lugar de las soluciones del examen de matemáticas, están las diferentes citas que tiene para cada uno de los días de la Feria.
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