Malmkrog | Festival de Cine de Sevilla La palabra y el mundo

Una imagen de ‘Malmkrog’, la excelente película del director rumano Cristi Puiu. Una imagen de ‘Malmkrog’, la excelente película del director rumano Cristi Puiu.

Una imagen de ‘Malmkrog’, la excelente película del director rumano Cristi Puiu.

Empecemos deshaciendo algunos equívocos en torno a Malmkrog. El primero tiene que ver con su verdadera filiación cultural que no es rumana sino rusa, a pesar de que la mayor parte de ella esté hablada en francés, como era habitual en la alta sociedad rusa de finales del XIX. Puiu parte de Los tres diálogos y el relato del Anticristo, inspirada en los Diálogos de Platón, del escritor Vladímir Soloviov, para, tras someterlo a algunos cambios menores de ubicación y género de los personajes, mantenerse fiel a su pensamiento filosófico. La obra de Soloviov encerraba a un pequeño grupo de aristócratas en una villa donde departían acerca de la guerra, la muerte, el amor y el Anticristo.

El segundo de los equívocos es de naturaleza cinematográfica. A Puiu podemos considerarlo un cineasta de lo que Bazin llamaba mise en scène (por oposición a aquellos impuros cineastas de montaje), directores de planos largos y pocos cortes. Paradójicamente, es en la primera de las seis partes en las que se articula el filme donde a Puiu (que no es Dreyer, Mizoguchi o Renoir) más se le nota el artificio y le pesa el dispositivo fílmico, se siente su jadeo intentando que no se estropee el eterno plano secuencia entre los movimientos de cámara y el cruce de los actores. Por el contrario, a medida que la película avanza y el director rumano opta por un delicado découpage, donde priman los planos fijos y las composiciones armoniosas, el filme empieza a respirar y fluir.

Decíamos que Puiu se mantenía fiel a la palabra de Soloviov, y siendo así en lo esencial, cabe apuntar que añade un detalle de reescritura que lo coloca en la perspectiva de un hombre que ha vivido el siglo XX. Esa fractura que parte Malmkrog en dos se produce en un fogonazo de gran cine que sorprende a los personajes, como ha sorprendido siempre a las clases altas cualquiera de los grandes cambios políticos y sociales que han sacudido a la Humanidad, departiendo sobre lo divino y lo humano. Pero no se inquieten por su destino, como Malmkrog escenifica tras un breve fundido a negro, la clase dirigente siempre renace sentada a la mesa.