El profesor de Persa | Festival de Cine de Sevilla

Crear un idioma, salvar el mundo

Nahuel Pérez Biscayart coprotagoniza 'El profesor de persa'. Nahuel Pérez Biscayart coprotagoniza 'El profesor de persa'.

Nahuel Pérez Biscayart coprotagoniza 'El profesor de persa'.

El profesor de persa adapta una novela del cineasta de la RDA Wolfgang Kohlhaase, en un intento de Vadim Perelman por borrar el mal recuerdo de sus últimos extravíos tras su debut con Casa de arena y niebla, que le granjeó cierto crédito en Hollywood. Estamos de nuevo en el reconocible territorio de la persecución de los judíos en Europa durante la II Guerra Mundial y ante una historia de supervivencia en un campo de concentración. La película gira alrededor del plan que perpetra un judío que, haciéndose pasar por persa, debe inventarse día a día, y de la nada, un idioma para asegurarse su utilidad ante un capitán nazi necesitado de lecciones para planificar su vuelta a la vida civil una vez acabada la contienda.

Por muy pilladas por los pelos que puedan parecer algunas de las soluciones urdidas no se puede negar que resultan imaginativas (la necesidad es la madre del ingenio) y que probablemente atraparán el interés del espectador, a la par de mantener la cinta tensionada. Hay mucho más que un simple mecano en el dispositivo que el protagonista pone en pie al nombrar, para sus adentros, de nuevo a aquellos que han sido desposeídos de todo, empezando por sus nombres y terminando por sus vidas.

El director ucraniano lo sabe y lo apuesta todo ahí, junto al trabajo de sus dos actores principales (unos destacados Nahuel Pérez Biscayart y Lars Eidinger) y los tiempos del guion, para mantener en pie su castillo de naipes, y el del protagonista, cuyo estrepitoso desmoronamiento final elige la peor y más lacrimógena de las posibles resoluciones para víctima y verdugo. En su mismo estilo académico, pero con un presupuesto menos holgado, El profesor de persa no está tan lejos de El pianista, con la salvedad de que sigue habiendo un insalvable trecho entre un Polanski a la baja y un Perelman al alza.