Ammonite | Festival de cine de Sevilla Un romance mineral

Saoirse Ronan y Kate Winslet en una imagen de 'Ammonite', de Francis Lee. Saoirse Ronan y Kate Winslet en una imagen de 'Ammonite', de Francis Lee.

Saoirse Ronan y Kate Winslet en una imagen de 'Ammonite', de Francis Lee.

Hasta dos veces enseña Francis Lee a una mujer arrodillada fregando el suelo en este su segundo largo tras Tierra de nadie, con el que da el salto al mainstream comprometido con la diversidad sexual de la mano de Sony y un elenco estelar con Kate Winslet y Saoirse Ronan al frente. Dos veces por si la primera, en el mismo arranque, no dejaba ya suficientemente claro el lugar secundario y marginal de la mujer en la sociedad o la ciencia británicas de 1840, época a la que nos traslada con esa renovada voluntad realista que apaga la paleta de colores, estrecha el marco del plano y limpia la narración de diálogos y música intentando huir de la tentación academicista.

Nuestras dos protagonistas se cruzarán en el borrascoso y literario (Austen, Fowles) paisaje de Lyme Regis, en la tienda de souvenirs y fósiles que regenta la hosca paleontóloga Mary Anning junto a su madre. La llegada de la joven y silente Charlotte Murchinson, esposa de un admirador científico, desencadenará la inevitable atracción y activará los viejos impulsos del deseo, dosificados entre miradas y roces furtivos y culminados en una apasionada escena de sexo que busca confirmar a toda costa el riesgo que asumen ambas estrellas en esta aproximación a la carnalidad sin tapujos. Y es que todo en el film parece apuntar hacia esa escena, resuelta con tanta elegancia como pudor autorizado.

Pero esas dos mujeres fregando arrodilladas no son los únicos detalles de cierta falta de confianza en el espectador en este drama contenido. Ahí donde la aparición del personaje Fiona Shaw o las miradas de la madre, extraordinaria Gemma Jones, eran ya suficientes para sugerir el pasado de nuestra protagonista, Lee se ve en la obligación de verbalizar o mostrar una segunda vez las circunstancias. Lo mismo sucede en el tramo final en Londres, en el que la condición de clase emerge como el otro gran tema del filme para interponerse en una relación que una de las dos no está dispuesta a asumir en secreto o en un rol secundario.

Y sí, todo se parece bastante a Retrato de una mujer en llamas, pero esa es ya otra película.