Karen | Festival de cine de Sevilla Memoria (íntima) de África

Christina Rosenvinge es Karen Blixen en el filme de María Pérez Sanz. Christina Rosenvinge es Karen Blixen en el filme de María Pérez Sanz.

Christina Rosenvinge es Karen Blixen en el filme de María Pérez Sanz.

Este conciso, hermoso y estupendo segundo largo de María Pérez Sanz (Malpartida Fluxus Villagedespoja la muy connotada figura de Karen Blixen (1885-1962), Isak Dinesen si lo prefieren, la conocida escritora danesa que hizo de sus días en Kenia la materia esencial de su literatura, de toda la mitología romántica hollywoodiense creada por Sydney Pollack, Meryl Streep, Robert Redford, David Watkin y John Barry en la popular y oscarizada Memorias de África.

Se trata aquí, bien al contrario, de esbozar en pinceladas su retrato íntimo y sigiloso, de depurar y estrechar el contexto (nunca las dehesas extremeñas y sus paisajes horizontales lucieron más africanos), del juego a dos entre la mujer madura, lúcida y algo cansada que interpreta Christina Rosenvinge (¡qué gran elección y qué buen resultado!) y su criado Farah Aden (Alito Rodgers Jr.), liberados para un particular e íntimo diálogo de gestos, palabras, réplicas y miradas que deja ver, escuchar y sentir mucho más que una relación colonial entre ama y siervo, entre mujer blanca y hombre negro.

Con una sensibilidad exquisita, que puede recordar en ocasiones al cine de Kelly Reichardt o el de nuestra querida Rita Azevedo, Pérez Sanz se detiene en la filmación sensorial de los detalles y los objetos, en la luz, las texturas (de apariencia y grano analógicos), en el rostro sin maquillar de su actriz, en ese tempo pausado de los preparativos de un adiós, en los pequeños relatos (del pago de los salarios diarios de la granja al encuentro con una vieja amiga europea que cuenta su embarazo truncado) extraídos de la literatura confesional y diarística de Blixen convertidos en materia física y táctil.

El motivo visual de origen pictórico de la mujer sola, yaciendo, comiendo, fumando o bañándose en el río, encuentra el reflejo de liberación plena en la mirada del otro, un otro que no es ya ni esposo ni amante; tal vez sean ellos los dos últimos pobladores de un mundo y una época que desaparecerán pronto para dejar paso a la nostalgia o a las visitas guiadas.