Callas, una tragedia imperecedera
Su amor no correspondido por Onassis truncó la carrera de la soprano más famosa de la historia.
Conocida como la Divina, porque fue capaz de revivir el bel canto, ayer María Callas habría cumplido 90 años. Incluso el doodle de Google ha homenajeado a la soprano más universal. De familia griega, nació en Nueva York el 2 de diciembre de 1923 y se conviritó en vida en un mito que sobrepasó con mucho el estrecho círculo de los amantes de la ópera. A ello contribuyeron, sin duda, su portentosa voz, capaz de matices insospechados, y su personal forma de interpretar los personajes en escena. Verista, sensual y moderno, su estilo revolucionó los usos y costumbres de las divas de su época, mucho más estáticas en sus movimientos. También ayudaron a la gestación de la leyenda su desdichada vida privada y su prematura muerte.
El 3 de noviembre de 1959 Maria Callas dejó a su marido, el empresario Giovanni Meneghini, por el todopoderoso magnate naviero griego Aristóteles Onassis, un idilio que la prensa de la época exprimió por todos los medios. Esta tortuosa relación sentimental, y sobre todo, el triángulo amoroso entre Callas, Onassis y Jackie Kennedy se convertiría en una tragedia que removería cielo y tierra. Callas y Onassis se conocieron en Venecia, en 1959. El romance se inició en alta mar, a bordo de un crucero. Ambos vivieron su amor en el camarote del empresario sin importares que la mujer de él, Tina Onassis, les descubriera. Sus respectivos matrimonios no impidieron que la atracción que sentían llegara a más, así que pidieron el divorcio. "¿Qué le puede ofrecer un hombre como tú salvo dinero?", preguntó Meneghini a Onassis. Este se bajó los pantalones, se agarró el miembro viril y dijo: "Esto es lo que puedo ofrecerle a tu mujer". Así de burdo podía ser el magnate. Con el tiempo la misma María descubriría que Onassis poco más iba a ofrecerle, pues su relación con él provocó el declive de su carrera.
Recién estrenado su romance con el naviero, la soprano viajó a Bilbao, donde realizó una de sus más decepcionantes actuaciones, precedida por una polémica en la prensa que acabó con titulares como: "María Callas ha dicho que no se molestará en volver. España no te echará de menos". Sus enfrentamientos con los periodistas eran constantes. Se convirtió en un juguete en manos de Onassis, que la vistió, reeducó e incluso peinó a su gusto. Si en la cama, según reconoció la propia María, Onassis era agresivo, fuera de ella simplemente la destrozaba. Además sus infidelidades eran constantes. La artista comenzó a tomar tranquilizantes sin los que le era ya imposible cantar. Se retiró durante un breve tiempo, mientras seguía al lado de Onassis y, a su regreso, por una agitada vida social, era evidente que su voz había perdido fuerza.
En la primavera de 1966, cuando le comunicó a Aristóteles Onassis que estaba embarazada de dos meses, la reacción de él acabó con toda esperanza de arreglar lo que algún día fue amor: "Si lo que querías era atarme con ese bastardo, lo llevas claro". María no sólo abortó al día siguiente, sino que se operó para no volver a disgustarle. Nunca más tendría hijos. La relación terminó abruptamente cuando el magnate la dejó sin mayores miramientos para casarse, para conmoción de todo el planeta, con Jackie Kennedy, viuda de John F. Kennedy, con la que había intimad con el presidente en vida. "Me quería morir", confesó Callas en una entrevista. El 20 de octubre de 1968 Onassis y Jackie se casaron, mientras María volvía a sus tres adicciones: tranquilizantes, antidepresivos y lágrimas. Cuando Onassis murió en 1975, proclamó: "Yo soy su viuda", antes que la encontraran muerta en su apartamento parisino. Según fuentes oficiales fue un paro cardíaco. "Se dejó morir de tristeza", explicaron los que la conocían.
A pesar del amor incondicional, Aristóteles Onassis no fue el único hombre en la vida de María Callas. Aunque estaba muy enamorada de él, esto no le impidió visitar la habitación del hotel Ritz de Londres donde vivía el naviero Panaghis Vergottis en febrero de 1962, aprovechando la ausencia de su amante. Fue una venganza por el frío trato que recibía de él y que las revistas no reflejaban, ya que para el millonario ella era una marioneta. Callas tuvo también otros dos amantes. De uno de ellos, el tenor Ranato Cioni, dijo: "Es tan guapo que duele no poseerlo". También halló consuelo en un homosexual reconocido, el cineasta Pier Paolo Pasolini, con quien pasó unas pocas noches. No obstante, el irreverente director confesó: "Aparte de mi madre, María Callas es la única mujer que he querido". Fugaces encuentros y desencuentros que la ayudaron a sobrellevar el drama de su corazón.
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