Cayetana corazón indomable

Gema Amil

24 de agosto 2011 - 01:00

De libro. Así es la vida de la duquesa de Alba, aunque si por algo guarda una especial singularidad es por su particular forma de vivir y disfrutar del amor. Doña Cayetana ha sabido ganarse el cariño de los españoles con su llaneza, sinceridad, buena fe y un puntito rebelde que la hacen única, pero también ha robado más de un corazón. Como el de Alfonso Díez, su prometido, al que separan 25 años pero une un ternura y una pasión irrefrenable. Su entrañable y mediática historia de amor puede sorprender a propios y extraños por las sorprendentes y atípicas líneas que se han escrito sobre ella, y que no pertenecen a ninguna novela, película o ficción. Pero lo cierto es que no es tan diferente ni dista tanto de la vida amorosa de su principal protagonista, y es que doña Cayetana se ha preocupado a lo largo de su vida de muchas cosas, como educar a sus hijos, cuidar de su patrimonio, estar al frente de un ducado como el de los Alba y mantener una imagen pública, pero también ha luchado por ser feliz, exprimir su día a día al máximo, vivir como ha querido y amar a su modo, sin presiones ni límite alguno.

Nació entre algodones pero su vida no ha sido un camino de rosas. Respecto al amor se ha pinchado con alguna que otra espina, aunque puede considerarse una afortunada. Todo el que ama no puede decir que ha sido correspondido, amado y querido. Cayetana ha sido amada, y mucho. Con 21 años se casó para toda la vida con su primer marido, Pedro Luis Martínez de Irujo y Artazcoz (1919-1972), hijo de los duques de Sotomayor y marqueses de Casa Irujo. Una gran boda, que costó alrededor de veinte millones de pesetas y que analizándola desde la distancia y, obviamente, sin nadie imaginarlo guarda alguna que otra semejanza y similitud curiosa con el presente: la primera es que se llevó a cabo en Sevilla y en el mes de octubre, como la que en unas semanas celebrará con su actual compañero, Alfonso Díez, y la segunda que tuvo lugar el mismo año que la de la reina Isabel II (que se casó con Felipe Mountbatten el 20 de noviembre de 1947) coincidiendo con que en este 2011 también se ha casado otro heredero al trono británico, el príncipe Guillermo. La unión de la noble y Luis Martínez de Irujo duró un cuarto de siglo y de su matrimonio nacieron sus seis hijos, a cada uno de los cuales la duquesa de Alba ha otorgado un título nobiliario con Grandeza de España: Carlos, duque de Huéscar; Alfonso, duque de Aliaga; Jacobo, conde de Siruela; Fernando, marqués de San Vicente del Barco; Cayetano, conde de Salvatierra, y Eugenia, duquesa de Montoro. Una descendencia que se convirtió en el centro de la vida de la jefa de la Casa de Alba tras la desaparición de su marido, que falleció enfermo de leucemia dejando absolutamente desolada a su familia.

Con la pérdida de su primer esposo, doña Cayetana no pensó en ningún momento en volver a pasar por el altar, pero el amor volvió a llamar a su puerta. Esta vez de una forma tan espontánea y natural que llegó al fondo del corazón de la aristócrata casi sin darse cuenta. El afortunado fue Jesús Aguirre, un ex sacerdote jesuita y doctor en Teología, culto a rabiar y once años menor que ella. Profundamente enamorados, se liaron la manta a la cabeza y se dieron el 'sí quiero' ante la mirada de una sociedad escandalizada, que lejos de quedarse impasible vio en estas segundas nupcias un disparate. Sin embargo y lejos de lo que muchos quisieron ver en esta relación, la duquesa encontró en Aguirre la estabilidad, viviendo con este hombre sin sangre azul pero corte aristócrata un amor maduro, consolidado, fuerte y más sensato de lo que podía parecer. "Un regalo que ya no esperaba", según afirmó la propia noble. Durante los 23 años que duró su vida en común, en la que no tuvieron descendencia, Cayetana y Jesús lucharon contra viento y marea para demostrar que su amor era fuerte, inquebrantable y resistente hasta que él, por una embolia pulmonar, volvió a dejar sola a la Grande de España en 2001.

Viuda por segunda vez, la duquesa de Alba volvió a hacer alarde de su fuerte espíritu. Segura de sí misma, poseedora de un corazón indomable y con el único fin de vivir según sus propias ideas, comenzó en 2008 una bonita amistad con el que dentro de poco más de un mes se convertirá en su tercer marido, Alfonso Díez. Un funcionario del Estado, que conoció años atrás gracias a Pedro Díez, hermano de Alfonso y gran amigo de Jesús Aguirre. Doña Cayetana, haciendo de su capa un sayo, tras la negativa de sus hijos a aceptar esta nueva relación y volviendo a confiar en nada más que en sus sentimientos, está viviendo una segunda juventud con el palentino, al que considera "una persona honesta y trabajadora". Un hombre discreto y sencillo, unido a la duquesa por el cariño y no el interés como se ha dicho y gracias al que ha encontrado la felicidad en estos años de su vida. Otro capítulo más en el libro de Cayetana de Alba, ¿el definitivo?

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