Grandes Damas

estilo en la casa blanca. las esposas de los presidentes

Algunas de las primeras damas estadounidenses de los últimos tiempos se han convertido en iconos de la moda l Otras han pasado desapercibidas por su forma de vestir

La mujer del presidente John F. Kennedy, Jackie Kennedy, destaca como la primera dama estadounidense más elegante de los últimos setenta años.
La mujer del presidente John F. Kennedy, Jackie Kennedy, destaca como la primera dama estadounidense más elegante de los últimos setenta años. / EFE
Helena Arriaza

19 de noviembre 2016 - 10:01

Ser la primera dama de Estados Unidos significa que en cada aparición pública van a mirar tu estilismo con lupa y que en el futuro serás recordada por tu forma de vestir. Melania Trump, la mujer del presidente electo, todavía no ha ocupado la Casa Blanca y ya se le reconoce como una de las primeras damas estadounidenses más elegantes de los últimos setenta años. Entre sus predecesoras hay formas muy diferentes de vestir. Algunas más clásicas, otras más modernas, algunas más elegantes y otras más informales. Al pensar en una mujer de presidente estadounidense que haya destacado por su gusto a la hora de vestir la primera que se viene a la mente es Jacqueline Kennedy. Debido al asesinato de su marido en 1963 no estuvo ni tres años en la Casa Blanca, pero fue tiempo suficiente para dejar huella y convertirse en un icono de la moda. Fue pionera a la hora de apostar por diseñadores europeos, entre sus favoritos el francés Oleg Cassini. Combinaba a la perfección el minimalismo y la sencillez y a menudo se decantaba por los colores pastel. Entre sus complementos favoritos estaban los guantes, los sombreros tipo pillbox, los pañuelos para la cabeza y las enormes gafas de sol.

Recordada por su estilo siempre será Nancy Reagan. Cuando su marido Ronald Reagan llegó al poder en 1981 Nancy llenó la Casa Blanca de sofisticación hasta 1989. Hasta la fecha es de las pocas que ha sido capaz de hacer sombra a Jacqueline. Al contrario que esta Nancy siempre apostaba por diseñadores americanos como Oscar de la Renta, Carolina Herrera o Bill Blass. Los vestidos caros y las joyas ostentosas eran constantes en su armario. Fue tan criticada por el dinero que gastaba en ropa que llegó a decir que los vestidos que utilizaba eran prestados y que luego los donaba a los museos. El color que más lució fue el rojo, dando muestra de que era una mujer sofisticada y segura de sí misma. En el grupo de las first ladies con un armario muy personal también se encuentra Mamie Eisenhower. Puso de moda el color rosa, tanto que además de en su vestimenta lo utilizó para decorar la residencia presidencial, de ahí que se le conozca como Mamie Pink. Durante los ocho años que su marido fue presidente vistió desde atuendos de diseñadores reconocidos a nivel internacional hasta otros comprados en comercios locales. Fue muy imitada en el peinado, que casi siempre consistía en un moño bajo y un flequillo muy corto. Muy estilosa era también Claudia Ladybird Johnson. Estuvo seis años ejerciendo de primera dama sucediendo en el puesto a Jacqueline Kennedy. Siempre iba impecable, siguiendo las pautas de su predecesora y con el estilo característico de los años 60, una época que revolucionó la moda. A menudo se decantaba por vestidos no demasiado arriesgados que complementaba con accesorios que le daban el toque de modernidad como los guantes, los sombreros y los collares. Entre los años 1969 y 1974 el glamour continuó en la Casa Blanca gracias a Pat Nixon. Si por algo se caracterizaba era por ser una mujer atrevida. Fue la primera mujer de presidente estadounidense en vestir un pantalón para asistir a un acto oficial y posteriormente para posar en una revista. A pesar de ser muy clásica en los diseños el toque de distinción lo hacía a través de la pedrería. Le encantaba lucirla y añadía todo el brillo que podía a su indumentaria. El color era lo que caracterizaba a Rosalyn Carter. Durante su etapa como primera dama junto al presidente Jimmy Carter llevó la sencillez a su vestimenta. Su vestuario era discreto, no destacaba, no desentonaba y siempre lucía correcta. Para ello utilizaba colores poco llamativos y casi nunca optaba por complementos.

Muy diferente a todas ellas era Bess Truman. No le gustaba nada la exposición pública y solo acudía a Washington cuando no le quedaba más remedio que asistir a algún acto. Ese carácter se trasladaba incluso a su forma de vestir, que se caracterizaba por ser muy discreta y sin nada que le hiciese destacar. Y es que hay algunas primeras damas para las que la moda ha quedado en un segundo plano o que por mucho que lo han intentado no han sabido adaptarse al difícil mundo de las tendencias. Una de ellas es Betty Ford. Vestía prendas muy exageradas en forma y color que no le favorecían. En su caso es recordada por su gran actividad durante y después del mandato de su marido Gerald Ford pero en lo que a estilo se refiere ha caído en el olvido. Muy difícil lo tenía Barbara Bush cuando llegó a la Casa Blanca teniendo en cuenta que su predecesora era Nancy Reagan. La mujer de George Bush padre no llegó ni a acercarse al gusto de Nancy. De su estilo solo destaca el collar de perlas que lucía siempre, independientemente de si era un acto más o menos formal. Su nuera Laura Bush tenía buen gusto para vestir pero tampoco se aproximaba a la finura de otras primeras damas. Durante su etapa como primera dama Hillary Clinton fue muy criticada por sus constantes cambios de estilo tanto en vestimenta como en peinado, con los que casi nunca acertaba. La que sí ha evolucionado con el paso de los años es Michelle Obama. Llegó a la Casa Blanca con discreción y poco a poco se ha convertido en una de las mujeres más elegantes, llegando a ser comparada en alguna ocasión con la mismísima Jacqueline Kennedy.

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