Pasarela

Isabel después de Miguel

  • El emblema de '¡Hola!' reinicia su presencia mediática medio año después del fallecimiento de su marido y hará escala en 'El Hormiguero' tras presentar su propia línea de cosméticos.

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Hasta hace unos meses era "la esposa de un enfermo", un reto de la vida que sobrellevó con la entereza que siempre le ha caracterizado y está orgullosa de haber estado al lado de su marido Miguel Boyer durante los dos años y medio en los que quedó postrado tras sufrir un grave ictus en febrero de 2012. Meses de películas en casa, charlas y lecturas, mimando un amor del que pocos auguraban que durara en su momento. Isabel Preysler, de luto aliviado, retoma su brillo a discreción, sus planes personales para volver a copar las portadas sin dar estímulo de lástima. A sus 63 años tiene mucho tiempo por delante para seguir siendo la misma. Hace unas semanas presentaba su línea cosmética, My Cream, un proyecto empresarial junto a su hija Ana Boyer, quien se ha encargado de hacer real y viable el empeño. Cosméticos a precios razonables, de venta en farmacias, y con el singular aroma a peonía, la flor favorita de Isabel. La viuda de Boyer estará en breve en El Hormiguero, una aparición televisiva casi insólita, bajo los focos y en alta definición, sin el apoyo del photoshop. Ante Pablo Motos el cutis de la madre de Tamara tiene un desafío, hay que reconocerlo. Isabel nunca se ha prodigado por los platós. Su primera aparición en TVE fue en Tertulia con…, un programa que en 1981 conducía Fernando Fernán-Gómez. En lo que figuraba ser el salón de la casa del actor, Preysler acudió con su entonces marido Carlos Falcó, y terminó acorralada por otros contertulios, como Ágata Lys. La chica que había pasado del colegio de las Irlandesas, donde estudiaba Secretariado, al hogar de Julio Iglesias tenía que cuajarse más para salir airosa en su vida social pública. No es lo mismo salir en fotos que hablar ante las cámaras. En sus dos programas propios apenas rebasó un puñado de semanas. Con ese mismo problema se encontró Tamara Falcó cuando hace poco protagonizó su reality en Cosmopolitan, donde le apoyó su madre. Pero al cabo de los años no está al alcance de cualquiera eclipsar a la serena Isabel en un photocall o en una rueda de prensa. Esos son sus fuertes.

Isabel Preysler encontró en Boyer al impulso y al complemento a su personalidad, alguien con quien crecer y forjarse. En lo personal y en lo profesional. Con Julio Iglesias se sintió sola y con Carlos Falcó se sentía apartada de los demás. Pocos meses después de su segundo matrimonio, tal vez en la primavera del 82, inició su relación extramatrimonial con el que iba a ser el "superministro" de Felipe González, cuando el PSOE sonaba como a Podemos. Boyer, la tecnocracia, cedió en su pulso político con Alfonso Guerra. En los Consejos de Ministros su amante era "La China". Puso tierra de por medio entre esa pasión que Isabel ya estaba dispuesta a airear y una carrera que, por motivos económicos, debía encaminar más adelante hacia la empresa privada. El brillante gestor cedió en su progresión política y tras su paso por Hacienda (con la expropiación de Rumasa) y dirigir el Banco Exterior, recaló en varios consejos de administración y en la vicepresidencia de FCC. Los ingresos del matrimonio ya eran boyantes con los dos contratos fundamentales de Isabel, su vínculo a ¡Hola! y sus exclusivas (en 1984); y su imagen de Porcelanosa (rubricada en 1985, en pleno cataclismo mediático), a los que acompañarían rentables apariciones bomboneras o para la Joyería Suárez. Al dar el tercer sí en 1988 ya estaba planeando con su pareja su actual mansión en la urbanización Puerta de Hierro de Madrid, la que fue llamada despectivamente Villa Meona: 14 cuartos de baño y 13 dormitorios. Fueron criticados por ostentación y entre los medios de derecha y los medios guerristas la pareja Preysler-Boyer era un perfecto centro de la diana, asaeteados cuando la pareja se vio imputada por la venta de acciones, al alza, de Sistemas Financieros, de Ibercorp. Algunas interpretaciones señalan qu más que este escándalo, el inicio del declive del felipismo se produce cuando en 1992 el ex ministro Boyer y su esposa enseñaron al ¡Hola! cada una de las estancias de su casa de dos mil metros cuadrados. Isabel Preysler tuvo que fajarse en aquellos años en su imagen de mujer solidaria y afectiva.

Resquemores envidiosos aparte, ella resume el concepto de glamour para la memoria colectiva española y aunque fue criticada por sus tres matrimonios cuando el divorcio aún se empujaba con calzador en la vida mundana española, al cabo del tiempo no se le puede reprochar su búsqueda por una felicidad que halló junto a Boyer, antipático para los demás, todo humanidad de puertas adentro. Una relación que también sorteó rumores de desavenencias e infidelidades por parte de la orgullosa madre del cantante español que más discos ha vendido en el actual siglo, Enrique Iglesias, aunque su celoso padre, Julio, presuma de récord con 300 millones en una carrera iniciada en los años 60. En una de aquellas fiestas a las que acompañaba a la nieta de Franco, Carmen Martínez-Bordiú, conoció a la emergente estrella que se peleaba con los bolsillos. En 1971 copó las portadas con aquella boda en Illescas con Julio Iglesias, y desde entonces no ha perdido el encuadre, salvo estos pasados meses de semi-retiro junto a su tercer esposo. Pero ya no es la mujer de un enfermo. Vuelve a ser Isabel Preysler. A sus casi 64 años es una marca potente que se ha puesto de nuevo en marcha.

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