REINA

REINA
REINA
Ricardo Castillejo

19 de marzo 2009 - 01:00

Nació el 25 de agosto de 1925 en la calle Parra del sevillano barrio de la Macarena. Allí, Juana Reina Castrillo, hija de Miguel y Lola, no pudo encontrar un rincón más típico para venir al mundo dentro de la que era una familia humilde con un padre pescadero. Sin embargo, en cuanto éste observó las dotes de su Juanita, no lo dudó: tenía que apoyarla. Por eso abandonó su trabajo y se dedicó a luchar por la carrera de la mayor de un clan que, de 15 vástagos, debido a las altas tasas de mortalidad infantil de la época, quedó reducido a nueve.

Admiradora de Imperio Argentina y Estrellita Castro, la intérprete comenzó a dar sus primeros pasitos como artista con sólo once años, animando con su gracia natural vecinales celebraciones que fueron marcándole el camino hacia el teatro. 125.000 pesetas de la época -prestadas por una prima- costó montar Los churumbeles, su primer espectáculo. Un punto de partida desde el que su vida, y la de los suyos, dio un giro total. "Ha sido la que más veces ha actuado en este país", confiesa su hermana, Tere Reina, con quien, aunque le separaban 15 años, le unían muchos vínculos. "La veía como una diosa. ¡Hasta creía que no se le podía tocar!".

Entre fotografías y recuerdos, ésta que muchos consideran heredera de la belleza de Juanita, rememora la personalidad de la cantante. "No hablaba mal de nadie y era de carácter sencillo y bondadoso. Fue buena esposa y madre". No obstante, tanto el matrimonio -que contrajo con el bailaor Federico Casado, Caracolillo, en 1964 en la Basílica de la Macarena-, como la maternidad, tardarían en llegar. Antes, éxitos musicales del calado de Capote de grana y oro, Madrina, Y sin embargo, te quiero y 12 películas, entre las que destacaron La Lola se va a los puertos (1947) o Sucedió en Sevilla (1955), consolidaron un reinado que la consagraría para la posteridad y que brilló por última vez durante la Expo 92 en aquella impresionante puesta en escena que fue Azabache.

Merecedora de honores como la Medalla de las Bellas Artes (1960), la de Plata al Mérito en el Trabajo (1975) o la de Oro de Andalucía (1992), fue el Lazo de la Orden de Isabel la Católica uno de los que más en estima tenía. Tanto que, coincidiendo con la celebración del décimo aniversario de su fallecimiento, sus familiares han pensado para este galardón un destino muy especial. "Como ella estaba muy vinculada a la Hermandad, cada 19 le damos una misa en la Macarena y, para hoy en concreto, vamos a entregar el lazo, con la medalla de oro, rubíes, brillantes y esmeraldas, a la Virgen", explica de nuevo Tere. Loli, por su parte, otra de las Reina y telonera que fuera de la desaparecida Juanita, tampoco se queda atrás en halagos a aquella irrepetible compañera de tantas y tantas galas de gloria. "Poseía una sensibilidad única pero, en los asuntos de su trabajo, era muy seria. Para mí, su mayor virtud fue la prudencia".

Fiel a esa discreción, tal día como el de hoy, en 1999 ingresó en la Clínica Sagrado Corazón de Sevilla aquejada de una insuficiencia respiratoria derivada de un cáncer que, meses antes, se le había detectado. Eran las ocho y media de la tarde y, una hora después, Doña Juana, con 74 años, durmió para siempre. Y si bien el Ayuntamiento de Málaga -su "segunda" ciudad-, no tardó en dedicarle una vía, en su tierra ese trámite está aún por llegar. "Existe una glorieta en el Parque de María Luisa con su nombre pero, aunque el alcalde nos lo prometió -y recogimos firmas y todo-, de plaza o calle todavía no sabemos nada. Lo mismo ahora nos dan la sorpresa", concluye Tere con la tranquilidad de que, si hay algo que nadie puede borrar, es la memoria colectiva donde, con indelebles melodías, están grabadas las notas del repertorio de La novia de España. Una figura del pueblo… y para el pueblo.

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