Vestido ganador

Actriz, diseñador y pose, todo está estudiado en una alfombra roja como la de los Oscar, que mañana vuelve a desplegarse para celebrar la 88 edición de la cita

Gema Amil

27 de febrero 2016 - 10:49

"What are you wearing tonight?", o lo que es lo mismo "¿Quién te ha vestido esta noche?". Ésta es la primera pregunta para las actrices cuando hacen aparición en el Kodak Theatre. Algo más 150 metros de largo y 10 de ancho mide la alfombra roja de los Oscar, que mañana de desplegará para su edición número 88. Setenta pasos que en tacones vertiginosos son bastantes, pero muy rentables.

Porque en una cita así, la más importante del cine a nivel mundial, no se recurre al échame una mano prima a no ser que la prima en cuestión se llame Rachel Zoe, la estilista más famosa de Hollywood. Detrás de cada look hay un equipo de profesionales y un arduo trabajo que comienza varias semanas antes, y en el que no está permitido ni un fallo. Y así lo refleja el sueldo de la tal Zoe, de seis dígitos. Visitas a las fashion weeks, reuniones con diseñadores por todo el mundo, elegir look beauty, joyas, zapatos… ¿Para qué? Pues para enviarle días antes del evento a la celebrity en cuestión tres lookbooks del que saldrá el outfit final; siempre dos se quedarán en la recámara por lo que pueda pasar, aunque nunca suele haber cambios y cuando los hay pasan cosas como la de Anne Hathaway, la ganadora del Oscar en 2013, que se vio obligada a pedir perdón públicamente por cambiar un Valentino por un diseño de Prada en el último minuto, algo devastador para la firma que se quedaba fuera y que ya había anunciado a bombo y platillo que vestiría a la que, estaba claro, iba a ser la triunfadora de la noche.

Por si fuera poco, el Prada rosa pálido usurpador parecía marcarle los pezones puntiagudos a lo Madonna ya que con las prisas no se lo habían entallado lo suficiente. Hathaway se fue a casa como ganadora pero su vestido no fue ganador.

La alfombra roja de los Oscar tiene tanto poder que puede hundir a un diseñador o estilista, o todo lo contrario, catapultarlo a la gloria por los tiempos de los tiempos.

Recordado es el diseño que lució Nicole Kidman en 1997 y que hizo internacionalmente conocido el nombre de John Galliano. Algo parecido le ocurrió a Elie Saab cuando se encargó del vestuario de Halle Berry, ganadora de la estauilla en 2002. Y es que no hay ningún soporte que cause un impacto similar. Todos los medios del mundo y las redes sociales comentan la foto durante esa misma noche y a la mañana siguiente. Y con suerte el vestido hasta pasará a la historia sumándose a esos retratos Old Hollywood que hoy siguen recreándonos. Un sobresaliente en esta cita cinematográfica se traduce en cientos de miles de dólares para las firmas -famoso es el caso de Givenchy que se convirtió en la firma de cabecera de Audrey Hepburn después de que ésta ganara el Oscar con su "vestido de la suerte" en 1954- y al mismo tiempo puede multiplicar el caché de la actriz, como es el caso de Grace Kelly, un año después, que vistió la creación más costosa de la época con un vestido aguamarina de raso francés firmado por Edith Head. El récord del vestido más caro lo ostenta hoy Jennifer Lawrence, una de las favoritas de la gala de mañana, con el Dior crema de falda tulipán con el que tropezó en la escalinata valorado en 4 millones de dólares. La ejecución de ese vestido y que Lawrence ganara no es casualidad, nadie apuesta tan alto si no cree en sus posibilidades. El Oscar no hace ganador al vestido, sino al revés en estos tiempos en los que las casas de moda llegan a pagar hasta medio millón de dólares para que luzcan sus diseños, aunque hay algunas como Chanel que se niegan en rotundo a hacerlo. También hay actrices que no aceptan pagos por vestido prestado, como Angelina Jolie. La elección del vestido es lo que al final importa, lo que queda en la foto. Tanto que marca las directrices de la propia moda y que los patrones se dibujan con la alfombra roja en el horizonte.

Parece que atrás quedaron el Christian Dior de Elizabeth Taylor en 1961 o el Versace rojo de Catherine Zeta Jones en el 1999, convencidos de que la tendencia ahora es bastante más previsible e inmovilista. Pero no, ahí están el Prada azul de Lupita Nyong'o del 2014 el Chanel de Julianne Moore del año pasado para volver a ilusionarnos.

Looks dignos de Oscar, y al revés.

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