José Escudero, fiscal coordinador de Vigilancia Penitenciaria “Una sociedad moderna no debe tener cárceles para que la gente se pudra”

  • “Parte de la Justicia es dar una segunda oportunidad a los delincuentes no excesivamente peligrosos”

  • “Quien no ha conocido una cárcel no valora la libertad”

José Escudero, en su despacho de la Fiscalía de Sevilla José Escudero, en su despacho de la Fiscalía de Sevilla

José Escudero, en su despacho de la Fiscalía de Sevilla

José Escudero Rubio, fiscal coordinador de Vigilancia Penitenciaria en Sevilla, está al frente de un equipo de seis fiscales que controlan el cumplimiento de las condenas, las sanciones disciplinarias, los derechos de los reclusos y el estado de las infraestructuras en las cuatro prisiones sevillanas: Sevilla, Morón, cárcel de mujeres de Alcalá de Guadaíra y Psiquiátrico Penitenciario. En esta entrevista lamenta las barreras que encuentran los presos para ver refundidas y reducidas sus condenas y dice que la cárcel no debe ser un gueto donde se pudran quienes han cometido un delito.

— Dos fiscales de Vigilancia Penitenciaria visitan todos los meses las cárceles de Sevilla. ¿Qué les preocupa de lo que ven?

La refundición de condenas de los reincidentes, que es un derecho para ellos y una obligación legal y de conciencia para nosotros para que una persona no cumpla más de lo que debe. La prisión debe ofrecer una reinserción razonable, no es posible que un interno cumpla 20 años por 20 robos. Esa perspectiva repercute enormemente en la situación del interno en prisión. El problema es que no tienen dinero para contratar a un abogado y un estudio de refundición de condenas puede ocupar una mañana entera de trabajo analizando las condenas que son acumulables y las que no. El sistema carece de recursos y los tribunales están colapsados.

— ¿Qué supone una refundición de condenas?

Un interno puede pasar de tener cumplido un cuarto de su condena a la mitad, con lo que eso significa para lograr permisos y obtener el tercer grado. Yo acabo de hacer una refundición a un interno con ocho condenas que ha pasado de 3.263 días de cumplimiento a 2.478, se ha ahorrado 785 días.

— ¿De qué programas de reinserción se siente más satisfecho?

En las cárceles de Sevilla hay programas específicos para violencia de género, delincuentes sexuales y drogadicción. Los tres son eficaces aunque el problema que más afecta a la población reclusa es la drogadicción. Hay internos de 50 años que son toxicómanos desde la adolescencia y un 90% de los pequeños delincuentes reincidentes son drogadictos. La prisión hace mucho por ellos, se logran muchos avances pero el problema no es la cárcel sino la calle, cuando quedan en libertad y vuelven a su barrio, a su medio, sin apoyo y sin trabajo.

— ¿Se inscriben voluntariamente?

Es cierto que a veces se apuntan con una visión utilitaria, para conseguir permisos penitenciarios y el tercer grado.

— ¿Hay que dar una segunda oportunidad a quienes delinquen?

Forma parte de la Justicia que los pequeños delincuentes no excesivamente peligrosos tengan una segunda oportunidad de reinsertarse. Después de cuatro años en prisión, un interno está totalmente rehabilitado y la prisión ha hecho por él todo lo que podía hacer.

La realidad penitenciaria es que los presos proceden de familias desestructuradas, tienen  problemas de drogadicción y se han visto envueltos en pequeños delitos. La sociedad debe defenderse ante delincuentes peligrosos, pero también debe comprender a quien ha vivido circunstancias adversas. Una sociedad moderna no puede permitirse unas cárceles donde la gente se pudra.

— Sin embargo parece que la sociedad va en sentido contrario a lo que usted propugna, que hay una demanda generalizada de endurecer las condenas…

No todos hemos tenido las mismas oportunidades y nos cuesta comprender los motivos por los que una persona acaba en prisión. En general tenemos tendencia a considerarnos moralmente superiores a los que están dentro y no todos los que estás fuera tienen valores o respetan la Justicia. Hay que encontrar el equilibrio entre la necesidad del castigo y  darles una nueva oportunidad de reinsertarse.

— ¿Por qué sigue aumentando la violencia de género?

Es un problema de educación y social. Pero creo que la sociedad ha mejorado, hoy en día hay mucha mayor sensibilidad que hace 40 años y una repulsa generalizada hacia la violencia de género a todos los niveles. Hace 40 años, ni siquiera la familia de la víctima le apoyaba, el suegro no miraba mal a su yerno cuando veía a su hija llena de moratones.

— ¿Como funciona el agente de la libertad condicional que se está implantando en Sevilla y otras provincias?

Es una persona que ayuda a los presos en libertad condicional a buscar vivienda, trabajo y a hacer gestiones oficiales. Es una manera de extremar el control para conseguir la plena reinserción y ayudar a que la libertad condicional cumpla su función. Aunque lo realmente importante es el apoyo de la familia: los sistemas de asistencia social, por muy buenos que sean, no pueden suplir la atención de la familia. La solución existiría con dinero, pero los recursos son limitados.

También hay muchas instituciones privadas que están haciendo una gran labor y deberían tener un mayor reconocimiento social. Por ejemplo, los extranjeros no consiguen permisos si no tienen un domicilio fuera de prisión y hay asociaciones que les ofrecen un piso de acogida. La solidaridad de los españoles en ese sentido es ejemplar.

— ¿Qué es lo peor de la cárcel?

La pérdida de la libertad es brutal y solo se comprende cuando llegas a una sala para entrevistarte con un interno y detrás se te han cerrado seis rastrillos. Quien no ha conocido una cárcel no valora la libertad, lo que significa un solo día privado de ella. Yo he visto a hombres duros echarse a llorar cuando el Juzgado de Guardia les notifica un auto de prisión.

— ¿Y lo positivo?

Los funcionarios de prisiones, que son realmente vocacionales. En cuanto a los presos, en prisión hay valores: los que nunca roban con violencia, los que nunca harían daño a un niño y el fuerte rechazo a los abusadores. Entre ellos se apoyan mucho en cuestiones como ayudar al que no sabe leer y escribir.

— ¿Por qué hay tantos extranjeros en las cárceles españolas (29% en 2018)?

Los extranjeros, por razones sociológicas o económicas, no están en las mejores condiciones en España y eso facilita el delito.

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