NOTAS AL MARGEN
David Fernández
El 28-F de la emoción y el entretenimiento
La Caja Negra
Hay calles con una localización de primer nivel, una trama atractiva, edificios de incuestionable valor histórico-artístico y una vida cotidiana con una intensidad asegurada. Tienen de todo menos plazas de aparcamiento en superficie. Hasta buenas cofradías que salen cuando no llueve. Pero el tramo de desahogados de la ciudad no deja de generar fealdad, suciedad y ruido estético hasta el punto de convertir una calle como Bustos Tavera en el Bronx hispalense por las evidentes muestras de descuido. Los vecinos deben estar hartos de pintar garajes y otras fachadas para sentirse estafados al amanecer. Una calle preciosa, con sus adoquines ahora bañados al sol, aparece como un trozo de ciudad dejada de la mano de Dios. Se parte la ruta a pie desde Santa Catalina y el primer tramo de Bustos Tavera es para echarse a llorar. Cómo se puede destrozar una calle tan acogedora con tanto grafiti horripilante. Se busca la calle Feria después de incontables muestras de fealdad.
Hay un camión de la brigada anti-pintadas del Ayuntamiento en la puerta de San Román. El conductor habla de trabajo por el teléfono móvil. El gesto revela una reflexión clara. ¿Por dónde empezar? Hay una Sevilla fea de pintadas y otras agresiones al paisaje urbano que no distingue entre el centro y los barrios, pero en el conjunto histórico provoca mayor dolor. Sabemos que las entradas al casco urbano de la ciudad, por ejemplo la que se aprecia cuando se viene de Huelva o Extremadura, revelan un gamberrismo palmario. Se entiende menos todavía que ocurra en el entorno de bienes de interés cultural, en calles de sabor añejo, hermosas por la autenticidad que atesoran, distintas porque conservan conventos, alguna taberna libre de franquicias y vecinos de muchos años. Y eso hoy es una joya. Los tiempos y los usos cambian, pero no la capacidad de provocar la fealdad donde la belleza es natural. No se explica pese a los discursos oficiales, la labor de una pequeña parte de la sociedad civil que alza la voz y la inversión del Ayuntamiento en las brigadas que a base de agua a presión y productos químicos procuran devolver la decencia a monumentos y fachadas.
Hay casos que provocan el exabrupto del paseante. Mejor que la noche extienda su manto. En el horario nocturno se sufren menos los colores estridentes. Hay ciudadanos asilvestrados que están empeñados en provocar una ciudad peor con el pretexto de ser creativos. Y confunden el arte libre con la mala educación. El feísmo se extiende hoy como la capa de alquitrán de los años setenta. Cada etapa tiene sus frentes.
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