Antonio Luque | Músico

"Hay un Chinarro que quiero borrar de la historia: perdí demasiadas oportunidades"

  • El sevillano, ahora afincado en Cataluña, acaba de publicar el álbum 'Colección permanente' (Mushroom Pillow), un recopilatorio con el que celebra los 25 años de carrera de Sr. Chinarro

Antonio Luque (Sevilla, 1970), el hombre tras Sr. Chinarro, en una imagen promocional de su último álbum. Antonio Luque (Sevilla, 1970), el hombre tras Sr. Chinarro, en una imagen promocional de su último álbum.

Antonio Luque (Sevilla, 1970), el hombre tras Sr. Chinarro, en una imagen promocional de su último álbum. / Jordi Santos

Nos atiende por teléfono Antonio Luque (Sevilla, 1970) desde Cornellá. Ha llegado allí desde Málaga, siguiendo a su nueva pareja, y ya de paso, apunta con su retranca innegociable, aprovecha para "ver la guerra desde sus orígenes". Se refiere, claro, a las renovadas fiebres nacionalistas.

"Nada que no se viera venir. Mis canciones tienen un punto oracular, ya en Menos samba me vestí en la portada con atuendo de guerra. El español, que es más cruel que gracioso, está siempre preparado para eso... Como la gente se deja manipular con tanta facilidad, aquí se han repartido las banderitas, como los petos cuando llevo yo a mi niño al futbito: la cubana amarilla para Cataluña y la de Españiiiiiia para los demás. Y venga, a darse hostias. Pero, ¡eh!, la pelota es siempre de los mismos".

No han pasado siete meses desde que publicó su último trabajo, Asunción. Pero vuelve ahora con otro álbum, esta vez una recopilación a modo de compendio de su andadura hasta la fecha que ha titulado Colección permanente. "En septiembre se cumplieron 25 años de Pequeño circo [un emblemático EP del primer indie español que dio título, de hecho, a un sonado libro sobre el nacimiento y la evolución de aquella escena] y, oye, por qué no. Todos los grupos celebran cosas. Algunos incluso, estando separados, se vuelven a unir aunque sea para hacer una gira. Yo no he hecho eso, ni he contratado a muchos payasos ni comprado mucho confeti, y tampoco tengo un Jaguar en el garaje, pero un poquito de feliz cumpleaños sí, ¿no?".

–De manera más o menos consciente, toda mirada retrospectiva implica un ejercicio de balance, una reflexión sobre el trabajo realizado. ¿Alguna nueva conclusión al respecto?

–Bueno, no me ha hecho falta hacer el recopilatorio para eso, y realmente tampoco soy mucho de hacer balances... Entre otras cosas porque no he parado. No he hecho nunca mil conciertos al año, pero no he parado, y cada vez que haces un setlist eso lo ves: cuántas del nuevo, cuáles en este disco estuvieron acertadas, cuáles de aquel otro no gustaron a la gente tanto no sé por qué... Ese balance yo lo hago cada día, en cada concierto, porque luego tienes que cantar todo eso y creértelo, de lo contrario esa hora y media se te puede hacer eterna... Claramente hay dos Chinarros, antes y después de El fuego amigo. Pero en realidad podría dividirse en más, porque antes de ese disco, con El porqué de mis peinados o Noséqué-Nosécuántos, rozamos también mucho el pop, fueron proyectos más comerciales y de hecho en aquellos finales de los 90 tocamos más que nunca.

–Entonces hace suya completamente esa línea divisoria que tanto debate generó entre sus seguidores en su momento: el oscuro y críptico, y luego el que abrazó la claridad y una mayor ligereza a partir de ese disco...

–Claro, y sin ningún pudor. Con El fuego amigo yo no tenía trabajo y además iba a ser padre, y me dije que tenía que hacer letras más comprensibles. A Jota [de Los Planetas, productor de El fuego amigo], le dije lo mismo: que teníamos que hacer una cosa más estándar, si quieres, me da igual llamarlo así porque no tiene nada de malo, es una cuestión estadística. O compraba más gente el disco y venía más público a los conciertos, o la ruina que se me avecinaba era grande.

–¿Tiene alguna espinita clavada? ¿Alguna canción, algún disco entero que a su juicio hubiera merecido mejor fortuna, más cariño por parte del público?

–Parece que los dos últimos ya no funcionan tan bien como El fuego amigo o El mundo según, claramente. Pero no sabe uno si es por los discos en sí o porque ya la gente dice otro disco de este tío, qué pesado. El público quiere novedades. Por aburrimiento, llegado el momento la gente es capaz hasta de matar a su vecino. Los que tienen que hacer promo del sello también me lo dicen: es que los medios me dicen '¿otro del Chinarro?'. Aunque sea bueno el disco, ¿sabes? Da igual. Novedad, novedad, novedad... Coño, que me lo dicen hasta compañeros del grupo. El otro día uno de los músicos me decía: es que ahora hay que hacer algo para llamar la atención. ¿Y qué tengo que hacer? ¿Degollar una gallina como Alice Cooper? Yo entiendo que el mercado es así de estúpido, pero yo no voy a serlo. Además, afortunadamente aquellos problemas económicos de 2005 quedaron superados.

Asunción tiene un tono bastante oscuro. ¿Qué estado de ánimo explica esas canciones?

–Vuelve a ponerte el programa de las elecciones del domingo, por ejemplo. ¿De dónde viene esa oscuridad? Ahí la tienes. Salvini en Italia. El tipo éste de Vox con la mirada rara hablándonos a todos por la tele. El Tribunal Supremo con la burla de los gastos de las hipotecas... Mira, yo ahora estoy muy cerca de los Pirineos. Estuve un día en Camprodón y vi que por ahí no era muy alto el monte, así que ya me veo casi como un maqui.

–El indie en el que maniobra usted ahora no tiene nada que ver con el indie que contribuyó a forjar en los 90. ¿Se encuentra cómodo en este nuevo contexto en el que la máxima ambición parece que es llegar a ser cabeza de cartel en un festival? Su música no es precisamente para pegar botes...

–De hecho, me voy a morir con la espinita de no haber dado nunca un saltito en el escenario. Pero he estado en Benicasim teniendo 24 años y sé lo que es ir a un festival para hincharte de cervezas y probar sustancias que te ponen los ojitos raros y luego llegas a tu casa y tus padres no se dan cuenta. Ahí está el triunfo de los festivales. Aparte del triunfo publicitario, porque se han convertido en una especie de gran centro comercial donde van las marcas a colocar su género y la música está como el dj en las bodas o el pianista en el Oeste... Pero con todo y con eso la gente que va tiene sus preferencias de bandas... Y mira, Chinarro tiene canciones animadas también, eh, con ritmos más alegritos, y por eso tocamos en algún festival, es verdad que no en horas centrales. Pero eso tampoco es nuevo, en los primeros tiempos del FIB ya nos ponían a las cinco de la tarde. Por tanto no hay nada que yo eche de menos. Es más, me alegra que haya muchos festivales. Lo que me preocupa es que estén en manos de muy pocas personas, casi todos son de una o dos empresas, por eso las carteles se repiten tanto...

–¿Cree que se ha perdido algo por el camino, artísticamente hablando, con la ultraprofesionalización de la escena?

–Ahora los grupos se plantean ya desde el principio cómo entrar en eso. Es como si hubieran asumido esa tipo de estructura empresarial. No prima el pensamiento artístico. Pero oye, si lo consiguen... Yo eso también lo entiendo, se mueve mucho dinero ahí. Es como el que quiere ser animador cultural. Yo tuve en los 90 un bajista que dejó el grupo y se fue a Mallorca a tocar de animador en los hoteles y hablábamos y me decía: tío, estoy follando mogollón y tengo sueldo y tal... Y yo pensaba: hostia, qué cabrón. Pues esto de los festivales es un poco lo mismo, ¿no? Yo me puedo quejar de tal o cual grupo que sacan sus Festival Oriented Album, igual que estaba aquello del Adult Oriented Rock, me puedo burlar de eso, y ellos me dirán: pues mira, nos estamos hinchando, y tú ahí llorando. Pero lo cierto es que no lloro: estoy contento.

–Sr. Chinarro: un clásico indiscutible del pop español en las últimas décadas. O un músico de culto. Eso dicen los demás. ¿Usted cuál cree que es su lugar en todo este panorama?

–[Largo silencio] Mira, lo que sé es que hay todavía muchos grupos de mi quinta que empezaron haciéndolo todo de manera más profesional en los primeros 90. Y yo me pasé esa década dedicándome a otras cosas. Con bandas muy erráticas. Haciendo conciertos muy malos. No quería tocar, me subían ahí medio a rastras y yo tenía que beber porque era muy tímido... Desaproveché esa primera oportunidad de ser un buen Chinarro pre-El fuego amigo, esa etapa que yo prácticamente pretendo borrar de la Historia. Entre otras cosas porque me da rabia haber desaprovechado tantas oportunidades que otros compañeros no desaprovecharon, y aún siguen ahí, con una relevancia comercial mayor, no sé si artística, pero a lo mejor también. El caso es que El fuego amigo me pilló ya con 34 años, siendo padre. Y mucho he tocado desde entonces, no me quejo. Ahora tengo 48 años y me va bien. Podría ser mejor y podría ser peor. Al final, no hay ningún grupo que esté contento del todo.

–¿Es fácil ejercer de pesimista y aguafiestas en un panorama en el que una gran mayoría parece esperar del pop solamente color, estribillos coreables y felicidad efervescente?

–No, no lo es, claro. Hacer de animador de hotel es más fácil, pero a mí no me sale. Esto para mí es una expresión personal de lo que yo pienso y lo que yo siento y lo saco en mis canciones. Y ya está. Con qué cara salgo yo a decir una cosa distinta, una cosa que no me voy a creer en la vida. Es que no puedo, carezco de esas dotes teatrales.

–Se quejaba una de las últimas veces que hablamos de que ya no se emocionaba con casi nada. Acababa entonces de cumplir los 40. ¿Ahora qué le emociona?

–Pues las buenas canciones. Cuando vuelvo a encontrar una canción y digo ostras, esto cómo se les ha ocurrido a estos cabrones, y la pongo una y otra vez y escucho los discos sin parar. Siguen saliendo grupos, la magia de la música no se ha perdido, ni parece que se vaya a perder. El otro día por aquí [Barcelona], en el Primavera Club, descubrí un montón de grupos nuevos, de chavales, y esos sí que no venían pensando en el rollo éste de sea, sun & sex. Claro, son novedades que traen fresquitas desde el mercado de grupos buenos de Londres... En España los habrá, pero está la cosa tan orientada al festival y al españoleo...

–¿Y el españoleo qué es exactamente?

–Pues eso. Qué va a ser. La fiesta. Los sanfermines. La Feria de Abril. El Betis [risas].

–Pues dicen que el Betis está jugando bonito este año...

–Sí, pero no creo que vaya a ganar algo grande nunca, ¿sabes?

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