El calamar gigante del Pacífico Sur, entre la sobrepesca y los abusos
España aparece en el nuevo informe de la EJF como un gran importador y pieza clave en la cadena comercial
La investigación alerta del deterioro de ecosistemas marinos y la amenaza a la biodiversidad
La mayor pesquería de calamar del planeta —la del calamar gigante o calamar de Humboldt (Dosidicus gigas) en el Pacífico Sudoriental— se ha convertido en un punto ciego de gobernanza oceánica donde convergen sobrepesca, capturas destructivas y violaciones graves de derechos humanos. Esa es la principal conclusión de Invisible e impune, el nuevo informe de la Environmental Justice Foundation (EJF), que documenta prácticas atribuibles a una flota potera mayoritariamente de bandera china que opera en altamar, con vínculos directos con los mercados europeos.
España aparece en el nuevo informe de la Environmental Justice Foundation (EJF) como una pieza clave en la cadena comercial. En ese mapa, España no es un actor secundario: por volumen de importación y peso dentro de la UE, se convierte en un destino prioritario y, por tanto, en un país con capacidad real para exigir garantías.
El informe sitúa a la Unión Europea como el mayor mercado importador mundial de calamar y sepia y subraya que España concentra el 47,5% de las importaciones comunitarias, por delante de Italia, Francia o Portugal. El informe hace evidente que lo que ocurra en una pesquería lejana del Pacífico no es un problema ajeno, sino una cuestión que interpela directamente a los países que compran, procesan y consumen el producto. EJF sostiene que, sin una reacción firme de los mercados, el riesgo es que la demanda siga alimentando un modelo de extracción con déficits de control y con costes ocultos, tanto en el océano como a bordo de los buques.
Presión pesquera y riesgo medioambiental
La organización advierte de que el calamar gigante no es solo una mercancía. Es una especie clave en las redes tróficas del Pacífico, presa y depredador, con un papel relevante para especies como tiburones, mamíferos marinos y grandes peces. Sin embargo, el informe describe una presión pesquera creciente y una gobernanza insuficiente en altamar, con señales de alerta recogidas en foros regionales. También señala un factor que complica la supervisión: la alta movilidad de la flota y su capacidad para operar lejos de la costa durante periodos prolongados, en un entorno donde la vigilancia es limitada y donde, en palabras de un testimonio citado por EJF, “me di cuenta por el clima… cuando el buque zarpó, la bandera fue cambiada”. Para la organización, esa opacidad no es un detalle: es una condición que facilita que prácticas ilícitas o abusivas queden “invisibles” y, a menudo, “impunes”.
En el plano ambiental, el informe recoge denuncias de prácticas especialmente graves, como el aleteo de tiburones, la captura intencional de mamíferos marinos y la captura o interacción con especies protegidas, además de estrategias destinadas a dificultar la identificación de buques. EJF vincula este tipo de hechos con un modelo de pesca industrial en el que la ausencia de mecanismos de verificación robustos termina degradando la biodiversidad y erosionando cualquier intento de gestión sostenible.
Abusos de derechos humanos
Pero el núcleo más duro del informe está en los derechos humanos. EJF documenta patrones de violencia, intimidación, jornadas extenuantes, retención de salarios y condiciones degradantes, con testimonios directos de tripulantes. “Nos daban bofetadas en la cabeza… teníamos que obedecer a la tripulación superior”, relata un pescador indonesio citado por la organización. Otro testimonio apunta al agotamiento crónico: “a veces dormíamos solo una o dos horas”. La investigación alerta además sobre muertes a bordo y desembarcos de tripulantes fallecidos, un indicador extremo del nivel de riesgo y desprotección en estas campañas.
La EJF destaca un mecanismo que, a su juicio, multiplica la vulnerabilidad del sistema: el transbordo en el mar, mediante el cual las capturas se transfieren a buques frigoríficos para prolongar la actividad sin tocar puerto. En alta mar, con escasa supervisión, ese engranaje puede facilitar la pesca ilegal, la mezcla de capturas lícitas e ilícitas y el encubrimiento de abusos laborales, al tiempo que complica enormemente reconstruir el origen real del producto. La organización señala también el papel de grandes nodos logísticos y de procesado en Asia, que funcionarían como puntos de consolidación de mercancía antes de su salida a mercados internacionales, incluido el europeo.
En este contexto, España vuelve a aparecer como país clave no solo por ser gran importador dentro de la UE, sino por sus conexiones con el comercio de calamar procedente de países ribereños del Pacífico Sudeste. El informe menciona, basándose en datos aduaneros de comercio internacional sin desagregar por especie, que España fue destino del 15% de las exportaciones peruanas de calamar y sepia en 2023 y del 36% del valor de las exportaciones chilenas de calamar y sepia ese mismo año. La EJF incorpora además una referencia pública realizada en Vigo, en el marco de Conxemar, que sirve como recordatorio de que el debate no está lejos de los puertos españoles: “Chile y Perú han logrado avances significativos, pero sin una respuesta regional más firme… el riesgo persiste”.
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