Monkey Week

Canciones para cepillarse los dientes

  • En los escenarios alternativos del Monkey se descubren la verdaderas joyas del festival

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No es tan fácil congraciarse con el mundo cuando un imbécil que toca la batería en un grupo llamado Santos de goma, pop amable que no está mal, se cree que está actuando en Wembley y no en un pequeñito bar llamado el Loco de la Ribera y lanza la baqueta al público, sin arco bombeado sino como si fuera un boomerang, y la baqueta me pega en plena cara dejándome la nariz entumecida y una conmoción que no necesito porque mis conmociones ya me las busco yo. Si a esto se une una noche atronadora de música electrónica y unos pies empapados todo me exige sacar mi mal humor y uno se despierta unas pocas horas después con una mala leche reoncentrada que se utiliza para matar con la mirada al primero que te cruzas. Pero una mirada de matar y rematar, una mirada de pshychokiller.

De tan singular carácter pendenciero se encaja uno en el teatro Muñoz Seca en el mediodía de ayer dispuesto a morder y lo que te ponen por delante es a tres chicas y dos chicos en un escenario que responden al nombre de Me and the bees. Y ellas me recuerdan los efectos sanadores de la música. Tienen un buen humor desarmante, celebran sus pequeños errores y despliegan como en un mural un ritmo alegre, pizpireto, que te fuerza a sonreír y luego a reír abiertamente. Son sensacionales con sus canciones para lavarte los dientes, con sus canciones para arreglarte un día. Por lo que ya, de mejor semblante y en un día de sol, a la hora de la siesta, el hombre de la nariz conmocionada se acoda en la barra del Milwaukee y allí están los Refoundation, con un alma negra escondida en su piel blanca, y luego los Caballitos de Dusseldorf, con sonidos que salen de sus juguetes. Las grandes cosas hay que buscarlas en los sitios pequeños y ahora escribo estas líneas tan feliz, con un enorme cariño hacia al batería de los Santos de Goma.

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