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Europa, en la encrucijada

  • La UE afronta un nuevo ciclo con retos cruciales para relanzar su proyecto, pero antes debe cerrar el 'Brexit' y reconquistar a los ciudadanos caídos en brazos de la extrema derecha

El ex presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se dirige a su sucesora en el cargo, Ursula von der Leyen, el pasado día 3 en Bruselas. El ex presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se dirige a su sucesora en el cargo, Ursula von der Leyen, el pasado día 3 en Bruselas.

El ex presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se dirige a su sucesora en el cargo, Ursula von der Leyen, el pasado día 3 en Bruselas. / kenzo tribouillard (efe)

La UE afronta un nuevo ciclo con retos cruciales, como relanzar el proyecto europeo o hacer valer su peso en el tablero del mundo, pero antes tiene que cerrar el Brexit y reconquistar a los ciudadanos caídos en brazos de la extrema derecha para seguir construyendo la identidad europea.

'Brexit'

Mientras Bruselas espera a que Londres clarifique, ya con la mayoría absoluta de Boris Johnson, su situación para poder negociar después de su partida la relación futura, las consecuencias de la victoria del Brexit en el referéndum de 2016 han sumido al Reino Unido en su peor crisis desde la II Guerra Mundial y dejado a un país profundamente dividido, además de encender la retórica extremista, en especial contra la inmigración.

Esta división es transversal, ya que los partidos tradicionales tienen en sus filas tanto a partidarios del Brexit como a proeuropeos, por lo que quedan atrás, por ahora, las viejas rivalidades entre izquierda y derecha.

Y la incapacidad de la clase dirigente para resolver los términos de la retirada británica de la UE, con un Parlamento fragmentado y debates tan acalorados que rozan los insultos, ha aumentado la frustración entre la población, que en las urnas ha premiado la voluntad brexiter del primer ministro conservador.

El Brexit ha dado "legitimidad a expresiones que buscan denigrar a los inmigrantes y limitar la inmigración, y ha exacerbado la crisis de identidad, dice a Efe el experto político Andrew Mycock, de la Universidad de Huddersfiel.

La crisis económica de 2008, la decadencia de algunas zonas del país, como el norte de Inglaterra, cuyos habitantes se han sentido marginados al no ver los beneficios de la integración europea, así como el alza de la inmigración desde los nuevos países de la UE -Rumanía y Bulgaria-, han dado pie a este respaldo al Brexit y al auge del populismo de derechas, como el Partido del Brexit de Nigel Farage, y a los grupos de extrema derecha.

Chris Allen, experto en Estudios del Odio de la Universidad inglesa de Leicester, señaló que la retirada británica de la UE "ha envalentonado a varios grupos y activistas" de extrema derecha, "con un énfasis abrumador sobre la inmigración y los problemas asociados a aquellos que vienen al país".

La alerta sobre el interés de estos grupos por el Brexit fue el asesinato de la diputada laborista proeuropea Jo Cox en junio de 2016 en West Yorkshire, norte de Inglaterra, donde un simpatizante del grupo National Action le pegó varios tiros y la acuchilló en pleno día al grito de "Gran Bretaña primero". La conmoción por este crimen obligó a los servicios de seguridad a aumentar la lucha contra la extrema derecha.

Riesgos y retos

También en los otros Veintisiete, la conjunción de las dos crisis que sacudieron a la UE en la última década, la del euro, consecuencia directa de la económica, y la de los refugiados fueron detonantes de todo lo que vino después: el Brexit y el rebrote de la extrema derecha, del nacionalismo, del populismo y el nacimiento de nuevos partidos.

Las soluciones fáciles para problemas complejos ofrecidas por la extrema derecha encuentran un buen caldo de cultivo entre los perdedores de la crisis económica, de la globalización, que por hartazgo terminan votándole, apuntó a Efe el profesor de relaciones internacionales de la Universidad Europea Miguel Ángel Benedicto.

Esos partidos críticos con la globalización, y "la UE es una forma de globalización", van a seguir existiendo "siempre", dijo la catedrática e investigadora principal del Real Instituto Elcano, Carmen González Enríquez.

Detecta también el "incentivo" que los nuevos partidos -incluidos los liberales- han supuesto para un electorado cansado de sus sistemas democráticos con partidos tradicionales y también por la dificultad de la UE de "seguir ofreciendo perspectivas de crecimiento continuo y de aumento del bienestar" de padres a hijos, "algo que había estado pasando desde su fundación" tras la II Guerra Mundial.

Ante esta situación de malestar social ambos expertos alertan de que la política contra el cambio climático si no se tiene muchísimo cuidado con ella puede alimentar aún más a la extrema derecha y producir protestas antisistema, como las vividas en Francia con los chalecos amarillos por la subida del precio del gasoil.

Los "necesarios" avances en la economía verde como en la digital "van a dejar perdedores por el camino, y hay que protegerles y ayudarlos, ya que de lo contrario avanzará la extrema derecha en Europa", advierte Benedicto, que cita como uno de los grandes retos de Europa "coser" esas fracturas, pero también las existentes con los países del Este o entre las metrópolis y las zonas rurales, con el problema de la despoblación.

Ambos estudiosos coinciden también en la necesidad de trabajar a favor de una solución en el problema de la migración.

¿Crisis de identidad europea?

Benedicto piensa que "no hemos alcanzado aún una identidad europea", que "estamos en camino de, pero aún no". Ahora bien, compartimos el euro, la moneda única, concede, y también "preocupaciones e intereses, y entonces, ahí, sí que hay un sentimiento de unidad".

Tampoco cree que haya una opinión pública europea, aunque sí "picos de opinión pública", como con los atentados o el incendio de Nôtre Dame, y constata que la UE "solo avanza si hay crisis".

"Existe una identidad europea en todos los países en mayor o menor parte", sostiene, por su parte, la investigadora de Elcano, quien no ve "ninguna señal" de crisis de identidad ni de desapego de la población hacia el proyecto europeo.

"El proyecto europeo se ha consolidado tanto que ya las generaciones dan por descontado su existencia y solidez", remarca González, y recuerda que las identidades nacionales se han creado a lo largo de siglos y la UE sólo tiene 62 años.

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