El movimiento del Tea Party

El fenómeno del Tea Party no es otra cosa que un movimiento populista de los muchos que han desfilado por la historia

El movimiento del Tea Party
El movimiento del Tea Party

17 de marzo 2011 - 20:52

Lourdes Alcañiz

Periodista en Estados Unidos

Una de las promesas de los republicanos para recuperar el control de la Cámara Baja el mes pasado fue la de restablecer la Constitución, que se traducirá en un intento de reescribirla a través de varias enmiendas. La más notoria quiere dar poder a los estados para que anulen aquellas leyes federales con las que estén en desacuerdo. Este espíritu de batalla contra el poder central de Washington es el que permea muchos de los movimientos e iniciativas que están cobrando vida en Estados Unidos. El más ruidoso de ellos, el Tea Party, tiene su origen en la rebelión de los colonos contra la corona británica por sus impuestos. El incidente tuvo lugar en Boston en 1773 y se conoce como el Motín del té o Boston Tea Party . El té y otros productos importados tenían fuertes impuestos y como medida de protesta los colonos tiraron al mar un cargamento de té venido de Inglaterra a bordo del Darmouth.

Estas acciones causaron furor en Londres y las medidas de respuesta ocasionaron un levantamiento de los colonos que fue, entre otras cosas, el inicio de la Revolución Americana. La revuelta fue inspirada en gran parte por Samuel Adams, uno de los padres fundadores de Estados Unidos. Esta imagen de lucha contra el poder central opresor es la que quiere capturar 237 años después el Tea Party del siglo XXI. El disfraz de Samuel Adams es una presencia constante en las concentraciones y manifestaciones de este movimiento. Por cierto, que no es la primera vez que se ha invocado al espíritu del Tea Party. En 1973 ya se utilizó, con réplica del Darmouth incluída, para pedir la impugnación del presidente Nixon. Pero el fenómeno del Tea Party, al fin y al cabo, no es otra cosa que un movimiento populista de los muchos que han desfilado por la historia norteamericana. Estas corrientes populistas comparten muchos rasgos, entre ellos, las teorías conspiracionistas. Antes era el Papa, representado por la inmigración irlandesa y alemana católica, luego el capitalismo salvaje, después el enemigo rojo comunista y más adelante el gobierno centralizado de Washington que quiere entrometerse en los asuntos privados de los estados independientes y, en última instancia, en la vida privada del ciudadano. En décadas anteriores esta indignación popular echó raíces especialmente en lo que se conoce como “el cinturón de la biblia”: estados como Virginia, Carolina del Norte y del Sur o Georgia, donde la religiosidad y los valores conservadores priman, sembrando el germen de lo que más adelante sería el Tea Party. No deja de tener su gracia que los principales seguidores de esta corriente fueran la nueva clase media surgida precisamente a la sombra de las bases militares creadas por el gobierno central objeto de su odio.

Según las estadísticas el Tea Party de hoy está compuesto por una clase media blanca, desproporcionadamente masculina, más adinerada, más culta y con bastantes más posibilidades de tener empleo en medio de la grave crisis económica que azota al país. Aun así, claro está, la crisis económica se ha hecho sentir en sus filas. Sin embargo, el tema visceral-central del Tea Party gira más en torno a la rabia ante la desaparición de una América en la que la mayoría era como ellos: blancos y conservadores, que en torno a los problemas creados por la Gran Recesión aunque estos también influyen. Un presidente negro al que consideran marxista, junto con una recesión y unas cifras de paro que no ceden, es la gota que ha colmado el vaso para muchos. En cualquier caso, el Tea Party es más la aglutinación de esta rabia popular en manifestaciones y apariciones de figuras como Sarah Palin, que un verdadero movimiento organizado. A pesar de que un buen número de conservadores que se definen como comulgantes del Tea Party han sido elegidos en el congreso, los Tea Parties no tienen un programa definido, no hay un líder, ni una coordinación central. La agenda parece ser la política del “no a todo lo que venga del poder central de la Casa Blanca”: No a la reforma sanitaria, no al rescate de los bancos, no a las limitaciones en Wall Street, no a las medidas para contener el cambio climático y así sucesivamente. También es cierto que gracias a haber catalizado esa rabia popular el Tea Party le ha dado unos cuantos escaños al partido republicano. Ahora toca pasar factura y gran parte de la agenda del “no a todo” que la mayoría republicana tiene previsto plantear se debe en buena medida a tener contentos a esos votantes. Pero rabia e impaciencia ante la escasa recuperación económica es una cosa y la posibilidad de convertirse en un partido con una agenda tan clara como para robar votos a demócratas y republicanos en unas próximas elecciones, es otra bastante diferente. Por el momento seguiremos con el ruido, porque las nueces parece difícil que lleguen. n

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