Alba Molina | Crítica Biografía de una ciudad

Alba Molina se presentó ayer en Sevilla con la guitarra de José Acedo.

Alba Molina se presentó ayer en Sevilla con la guitarra de José Acedo. / Grupo Joly

Con la voz de Alba Molina, con la guitarra de Joselito Acedo, nos adentramos en un territorio mítico. Como toda elaboración artística, la Sevilla de Lole, Manuel y Juan Manuel Flores es y no es la realidad que la inspiró. En los versos de Flores no cabe la miseria rampante de la Sevilla de los setenta, como no cabe la de hoy. Todo es de color y está habitado por una naturaleza soñada, estilizada: los peces se asomaron a la orilla, vestidos de plata, a escuchar la voz de Molina. Los versos, las melodías, se ofrecen como nacieron, desnudos. Y así, sin necesidad de aderezo alguno, se presentan con una actualidad arrolladora: el ecologismo, el antibelicismo, el deseo, el encuentro. El callejón del Agua y las campanas de la Giralda son parte de este paisaje soñado. Hoy escuchamos los versos, las melodías, muy cerca de donde se compusieron. El río se sonroja con tanto piropo y un barquito se detiene un instante, cerca, muy cerca, para escuchar la voz que subraya los silencios de la noche y las estrellas.

Molina cantó y lloró, de negro riguroso, porque este espectáculo es, también, un largo luto de cinco años. Habló con su madre, la siguió con la mirada cuando se fue, y luego la invitó a subir. Lole cantó a dúo La mariposilla y Con hojas de menta en solitario. Su voz permanece intacta y, por si alguno de ustedes lo ignora, está felizmente en activo: su última propuesta obtuvo, con todo el merecimiento, el galardón al mejor espectáculo de cante de la Bienal de 2018. Porque esta música es también la biografía de esta joven intérprete: algunos de los versos que dijo están inspirados en su persona que, incluso, da título al último álbum de sus padres. Nada más nacer ya se encontraba en este territorio.

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