El trasunto polaco de José Ángel Cilleruelo, Premio Málaga de Novela
El escritor barcelonés presenta en Sevilla 'Al oeste de Varsovia', una doble narración en paralelo ambientada en un país que sólo ha visitado con la imaginación
1939. Un poeta vanguardista, profesor de instituto en una pequeña ciudad al oeste de Varsovia, ve cómo dos soldados alemanes entran en su clase para sacarlo a la fuerza. Lo asesinan. Décadas después, coincidiendo con la entrada de Polonia en la Unión Europea, la mujer de un nieto de aquél iniciará una singular pesquisa para conocer la verdad. "Todo en esta novela son trasuntos -dice su autor, el escritor barcelonés José Ángel Cilleruelo-. Su búsqueda del rastro choca con quienes usan la historia en su propio beneficio para sustentar sus posiciones políticas o sociales, aquéllos que no tienen interés en saber, sino en mantener la versión que les sea favorable".
Galardonada con el IV Premio Málaga de Novela y editada por la Fundación José Manuel Lara, Al oeste de Varsovia juega a desarrollar en paralelo sendas tramas, "deshilvanando un personaje e hilvanando al otro", dice Cilleruelo, responsable de una obra que desde finales de los 80 alterna poesía y prosa. "Ella quiere desentrañar la figura del poeta para entenderse a sí misma", añade.
Premeditadamente ambientada en un país que el autor no ha visitado -"busqué un lugar distante. Tenía el perfil de la historia, pero adscribirla a un espacio familiar podría restarle fuerza, porque habría tendido a perderme en lo que conozco demasiado", afirma-, Al oeste de Varsovia se configura así como una narración en paralelo en la que no sólo se contraponen las vidas de sus protagonistas; también sus épocas y espacios: "La ciudad de provincias alejada de la vida literaria de la capital y la gran ciudad, Varsovia", en la que tendrá que desenvolverse "una mujer con una pequeña tragedia personal", explica Cilleruelo.
No amedrenta al autor recurrir al truco de la distancia ni, aparentemente, medirse con quienes lo precedieron. "Calderón tampoco conoció Polonia -señala en referencia a La vida es sueño-. En su tiempo era habitual situar la trama en un reino lejano para no molestar a los poderosos que pudieran identificarse. Ni Kafka visitó nunca América -argumenta-. La documentación puede realizarse por otros medios, librescos o informáticos. Yo no quería un libro de viajes. Mi primera novela -comenta aludiendo a El visir de Abisinia (2001)- estaba ambientada en Lisboa, ciudad donde viví, y puedo decir que con ésta he disfrutado más".
Y ello, aun a riesgo de pasar por alto algún insignificante matiz que chirriara a un lector polaco. "Tal vez le podrían chocar algunos aspectos contextuales -reconoce-. Un amigo, que vivió allí mucho tiempo, lo leyó y sólo encontró algo que no le cuadraba. Yo tenía en la cabeza la imagen de un remolino de aire que se llevaba un reguero de cáscaras de pipas. Y me amigo me dijo: esto en Polonia es imposible, porque en el suelo no hay nada. Lo tuve que arreglar sobre la marcha".
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