AINHOA ARTETA & NANCY F. HERRERA | CRÍTICA Brillante duelo de voces

Herrera y Arteta en su recital en el Maestranza.

Herrera y Arteta en su recital en el Maestranza. / Juan Carlos Muñoz

Entre la crisis sanitaria del último año y las restricciones presupuestarias, la verdad es que Sevilla sufre de hambre lírica, de necesidad de una mayor programación de óperas, zarzuelas y recitales de canto. Poco es lo que se le ofrece a un público ávido de disfrutar de la experiencia del canto en directo y como muestra sirva la respuesta entusiasta y clamorosa a este recital en el que se batían amistosa y artísticamente dos de las más mediáticas y brillantes estrellas españolas de la ópera. Fue un recital ameno, variado, lleno de momentos esplendorosos, de canto auténtico y teatralidad en las voces, sostenido por una espléndida Sinfónica dirigida por el valverdeño Lucas Macías. Un director con las ideas muy claras y con amplio sentido del ritmo y del color, que desde la inicial bacanal de Sansón y Dalila mostró saber cómo obtener brillo y color sin forzar la densidad textural, haciendo que todas las frases instrumentales sonasen con equilibrio y relieve. Y en cuanto a su sentido del ritmo, ahí quedó su inmejorable versión del preludio de El bateo, con sus síncopas y su tres por cuatro vienés bien rubateado. Acompañó con mimo a las voces, pero sin sustraerle a la orquesta el papel relevante que en la mayoría de las piezas adquiere.

Empezó fría Arteta con un Depuis le jour en el que le costaba encontra el tono justo en los ascensos y controlar el bamboleo del sonido en la zona grave. En la conocida barcarola de Offenbach su voz quedó a menudo tapada por la de Herrera, pero de ahí en adelante sus interpretaciones ganaron en firmeza tonal, seguridad en la emisión e implicación dramática. Así, firmó un Sola, perduta, abbandonata llena de fuerza expresiva y con una zona superior radiante.

Herrera sí que empezó en punta con su famosa aria de Dalila, cantada a flor de labios y con toda la morbidez que caracteriza a esa voz sedosa, profunda y seductora que posee, pasando a encarnar a Una Azucena desgarrada y con una línea de canto impecable. Su Sierras de Granada fluyó racial, con fraseo lleno de sensualidad. Y remató como propina con una de las mejores Cármenes que hoy se puedan escuchar en el mundo, una pena que no sea ella (o María José Montiel) quien protagonice el ansiado regreso de la cigarrera al Maestranza tras treinta años de incomprensible ausencia.

Genial el desconocido dúo en forma de habanera de Lleó y Calleja como colofón, con Arteta y Herrera compitiendo en dulzura como la Caña y la Remolacha en Los presupuestos de Villapierde, una revista cómico-lírica-financiera con unos de esos maravillosamente disparatados libretos de García Álvarez.

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