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Arte

Arturo Comas: jugar para sobrevivir

  • En una muestra concebida 'ex profeso' para el pueblo malagueño de Genalguacil, el artista sevillano juega con la noción de funcionalidad para reivindicar el gozo y el sentido lúdico

'Maceta (todo encaja n. 2)', otra de las obras que presenta el artista sevillano.

'Maceta (todo encaja n. 2)', otra de las obras que presenta el artista sevillano. / D. S.

La calle Lomilla de Genalguacil tiene una inclinación de 10 grados. Como ocurre en otros pueblos de Andalucía con raigambre musulmana, su trazado urbanístico es orgánico y flexible, pues se adapta al medio orográfico, a las elevaciones y hondonadas del paisaje. Así, la geografía impone un modo de vida cercano a la verticalidad al que sus vecinos han tenido que adaptarse. Quien haya caminado por las bellísimas calles de esta localidad malagueña habrá descubierto las distintas soluciones que estos han desarrollado para vencer la inclinación: los maceteros, por ejemplo, son calzados con pequeñas piezas de tejas u otros materiales cerámicos, consiguiendo cierta horizontalidad; del mismo modo nivelan los bancos donde se toma el fresco al caer el sol.

Estos pequeños detalles, que hablan no sólo del ingenio sino también de la idiosincrasia del lugar, son bien conocidos por el artista sevillano Arturo Comas (1982) quien, junto al comisario malagueño Juan Francisco Rueda, ha diseñado 10 grados, su nueva exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Genalguacil. La muestra, que reúne un total de 14 piezas, entre fotografías, instalaciones y vídeos, es un proyecto elaborado específicamente para el pueblo, por lo que cada una de las obras es un guiño cariñoso al modus vivendi de los genalguacileños.

'Maceta (todo encaja n. 2)', una de las obras que presenta el artista sevillano 'Maceta (todo encaja n. 2)', una de las obras que presenta el artista sevillano

'Maceta (todo encaja n. 2)', una de las obras que presenta el artista sevillano / D. S.

El concepto principal que articula la exposición y sobre el que el artista viene trabajando desde hace años es el absurdo, concretamente y como defendería el maestro Camus, la aceptación del mismo como parte de la existencia humana, así como su disfrute poético. ¿Existe alguna lógica en la constante corrección de la inclinación? ¿Reivindicar la horizontalidad tiene sentido en este pueblo? Las piezas situadas en la primera planta del museo nos sumergen por completo en estas cuestiones. Maceta (todo encaja n. 2) se erige con la misma prestancia de una figura clásica sobre su pedestal. Se trata de una instalación compuesta por una caja de madera inclinada sobre la que se apoya una aspidistra. Imitando la solución alcanzada por los vecinos, el artista calza el macetero consiguiendo nivelarla con respecto al suelo. El origen de la pieza emana de una sinrazón pura: desnivelar para luego volver a nivelar, generar un problema que no existía para luego resolverlo. En este sentido encontramos también otro tipo de objetos disparatados como la parihuela procesional que equilibra el vasito de vino o las agarraderas de esparto para trasladar piedras.

Las alusiones al paisaje natural y a los elementos identitarios del pueblo son constantes, así como el trabajo al alimón con los artesanos de la localidad. Es el caso de la instalación Sillas (2020), en las que Comas despliega un diseño de asientos imposibles que son elaborados por el maestro espartero del pueblo, Francisco Rubio. Al eliminar la funcionalidad del objeto, el artista tiene la libertad de trabajar creativamente con los materiales y las formas, otorgándole valores insólitos como lo lúdico o lo irónico. Y es que la obra de Comas es una reflexión constante sobre la utilidad de lo inútil, o más concretamente, sobre la utilidad de lo que la sociedad considera inútil: el arte.

La instalación 'Sillas' en el Museo de Arte Contemporáneo de Genalguacil. La instalación 'Sillas' en el Museo de Arte Contemporáneo de Genalguacil.

La instalación 'Sillas' en el Museo de Arte Contemporáneo de Genalguacil. / D. S.

En una de sus conferencias explicó Nuccio Ordine que "el gozo, el acto gratuito, exento de finalidad precisa, sin beneficio económico y con valor alternativo a las leyes del mercado, es necesario". Ordine, referencia intelectual fundamental que nos aproxima a la obra de Comas, defiende los gestos que alimentan el espíritu. La broma o la risa se convierten en herramientas necesarias para sobrevivir a un sistema político-social que idolatra el pragmatismo y la productividad. De este modo, ascendemos a la segunda planta en la que comisario y artista han diseñado una estampa imposible: la sala expositiva ha sido desnivelada por completo 10 grados y en ella se nos invita a jugar lanzando algunas naranjas sintéticas que se encuentran desperdigadas por la estancia. Encontramos nuevamente la referencia al pueblo: nuestros lanzamientos reproducen el viaje que los cítricos emprenden desde la calle Arroyo hasta la puerta del colegio público. Si la verdadera patria del hombre es la infancia, como diría Rilke, Comas nos invita a volver a nuestro hogar.

Este playground que nos desubica y nos sorprende a partes iguales tiene la capacidad de borrar todas aquellas distinciones sociales a las que nos aferramos: edad, género... Ante una propuesta tan divertida como ésta, la reacción no es dispar: todos subimos a la parte más alta de la sala y disfrutamos del lanzamiento de naranjas. Resulta paradójico pensar que Comas haya tenido que desnivelar una sala entera para recordarnos que el placer que genera el juego y el esparcimiento alimentan y equilibran a todos los espíritus.

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