CRISTINA BAYÓN & JESÚS PINEDA | CRÍTICA

Paulina and friends

Cristina Bayón y Jesús Pineda.

Cristina Bayón y Jesús Pineda. / ACTIDEA

El espacio social decimonónico para una mujer compositora se reducía al mundo de los salones y al de los escenarios, pero siempre como un elemento más ornamental del “bello sexo” y no como una profesión en sí. La propia hija de Pauline Viardot, Louise Héritte, importante compositora a la luz de lo que nos ha llegado, tuvo que seguir luchando ya entrado el siglo XX para conseguir un espacio propio para su labor creadora, sin llegar a conseguirlo. De ahí el que la mayoría de las obras nacidas de plumas femeninas en aquel siglo sean canciones nacidas para amenizar las veladas sociales de las mansiones o, como en el caso de las cantantes Colbrán, Malibrán o Viardot, para cerrar como broche personal recitales o representaciones operísticas.

Un poco de todo esto nos ofrecieron Bayón y Pineda en un bien hilado programa, roto tan sólo por el bis del Polo de Falla, apresurado y sin relación con el programa. Cristina Bayón puso al servicio de la expresión última de estas canciones una voz que ha ido madurando y mejorando con el tiempo, con un vibrato ya muy controlado y utilizado con matiz expresivo y una emisión clara, limpia y bien proyectada. A pesar de lo cual en los pasajes en que quería cerrar una frase apianándola el sonido se perdía, algo fácilmente corregible para el futuro. La articulación fue siempre muy clara y cuidada, distinguiendo con nitidez vocales y consonantes para, a partir de ahí, recrearse en un fraseo delicado, atento al acento y al matiz, dosificando dinámicas y recurriendo a reguladores en los momentos necesarios. Quizá su trayectoria en el canto histórico le llevó a un exceso de ornamentación que en algunas canciones de Isabel Colbrán rompían la continuidad de la línea melódica. Cabe recordar momentos muy logrados como la forma tan delicada de cerrar el Schwanenlied de Hensel; el fraseo extático de Liebst du um Schönheit de Clara Schumann; los melismas de Madrid o el fraseo castizo en Les filles de Cadix, ambas de Viardot.

Muy buenos los arreglos de un Pineda que sacó de su guitarra toda una galería de colores y efectos expresivos de muchos quilates, como esos ataques sobre los armónicos o la combinación de percusión y cuerdas en Aimez-moi, ma mignonne.

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