CICLO DE CÁMARA DE LA ROSS | CRÍTICA Músicos en busca de programa

Morelló, Vílchez y Prieto. Morelló, Vílchez y Prieto.

Morelló, Vílchez y Prieto. / Guillermo Mendo

Afortunadamente para los aficionados, la ROSS ha salvado al menos sus conciertos de cámara de los domingos, una vez que ha preferido suspender sus programas de abono en vez de ubicarlos en otra franja horaria o en otros espacios, como han hecho otras orquestas españolas.

Pero, como digo, al menos no nos deja a los incondicionaleas ayunos de música en estas semanas de travesía por el desierto sonoro, y ello a pesar de que programas como el que aquí nos trae no sean precisamente los que hacen afición. Porque no basta con tener a tres buenos intérpretes: hay que ofertar también música de calidad en programas bien elaborados, con coherencia interna que permita que unas obras se complementen con otras.

No ha sido así, porque poner sobre los atriles una obra tardía de Haydn, una nadería sin interés de Koechlin, una obra circunstancial de Corea y una composición de un Beethoven quinceañero tiene poco interés musical y nulo argumental.La primera obra, el trío de Haydn, fue la más interesante de todas por esa capacidad del genio de Rohrau de crear estructuras coherentes combinadas con inventiva musical. Los tres músicos supieron instalarse en un fraseo muy atento a los acentos, con articulación picada y un piano con poco pedal. Morelló y Prieto mostraron todo el concierto su dominio del sonido, de su definición , de sus regulaciones dinámicas y de su línea cantabile, especialmente en las exigentes variaciones finales del trío de Beethoven.

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