MANUEL GÓMEZ RUIZ & JUAN CARLOS GARVAYO | CRÍTICA La voz desnuda y el piano

Juan Carlos Garvayo y Manuel Gómez Ruiz. Juan Carlos Garvayo y Manuel Gómez Ruiz.

Juan Carlos Garvayo y Manuel Gómez Ruiz. / AMM

La programación musical del Real Círculo de Labradores consolida por segundo año consecutivo un ciclo de lied que, además de suponer una iniciativa novedosa entre este tipo de asociaciones privadas, cubre un espacio esencial para la agenda de cualquier ciudad medianamente culta. Ya sólo falta que a tan loable iniciativa corresponda una presencia más relevante del público.El ciclo de este año se cerró de la forma más brillante posible con dos excelsos artistas que ofrecieron un recital lleno de bellezas y de delicadeza, con un programa muy exigente y que se alejaba del habitual concierto a base de canciones ligeras, arias de óperas y romanzas de zarzuelas. Todo lo contrario, Gómez Ruiz y Garvayo diseñaron un recital sin momentos de alivio, en tensión continua y con una línea ascendente en el proceso de concentración emocional.

Manuel Gómez Ruiz es posiblemente el cantante español de mayor especialización liederística tras su tres lustros de especialización en el género en Berlín. La voz es potente en el centro, muy timbrada, de gratas tonalidades sombreadas que no pierden definición en los pasajes más matizados, apianados o sotto voce (Wo die Berge). Las medias voces suenan con igual calidad de proyección y sólo en algunos momentos se pudo apreciar una pérdida de brillo en la zona de paso de la voz. Su fraseo supo amoldarse en todo momento de manera modélica a la expresividad requerida por cada canción.

Juan Carlos Garvayo no acompañó, dialogó de tú a tú con la voz con una articulación clara y una soberbia muestra de matizaciones y acentos expresivos.

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