Y el otro lado suspira | Crítica

Carmen Calvo y las diversas poéticas del objeto

  • La nueva exposición en la galería Rafael Ortiz de la valenciana, Premio Nacional de Artes Plásticas, confirma lo insospechados que son hoy los rostros del arte

‘Luciendo bajo las luces’, 2019. Técnica mixta, collage, objetos, pan de oro. ‘Luciendo bajo las luces’, 2019. Técnica mixta, collage, objetos, pan de oro.

‘Luciendo bajo las luces’, 2019. Técnica mixta, collage, objetos, pan de oro.

Sin ellas no podríamos vivir. Me refiero a las cosas o si prefieren, a los objetos. Son la prolongación de nuestro cuerpo y poco a poco forman el mobiliario del mundo que, casi sin saberlo, hemos ido construyendo. Pero no todos los objetos tienen el mismo rango. Algunos son sólo instrumentos, medios para alcanzar un fin. Simples útiles de los que a veces apenas tenemos conciencia. Otros proporcionan sobre todo orientación: la mirada los busca, los examina e incluso a veces descansa en ellos. Pero hay también objetos que ni son simples útiles ni se limitan a ofrecerse a la mirada, sino que además desconciertan: interrogan, sacuden la imaginación, sorprendiéndola, o incluso se rebelan, negando ser sólo dóciles instrumentos o recreo para los ojos. Esos objetos inquietantes, lo sean por sí mismos o porque de repente cambian su condición, son los que interesan al arte.

Esta presencia insidiosa del objeto la entendieron muy bien los barrocos y por eso cultivaron géneros llamados menores: el bodegón o el interior burgués. Pero cobra mayor alcance cuando la poesía moderna otorga papel decisivo a la metáfora. Entonces el objeto aparece en dos vertientes, cotidiana y poética, que se refuerzan mutuamente. Así, Brassaï y Dalí recogen las barandillas del metro de Pigalle de modo que, sin dejar de ser decoración de moda, evocan insectos monstruosos que invaden París, sin que la ciudad se dé cuenta de ello.

De ahí que el arte se esfuerce en mostrar o sugerir la posible fuerza poética del objeto. Es el empeño fundamental en la ejecutoria de Carmen Calvo (Valencia, 1950) que busca y guarda objetos, los corrige para mostrar su otro lado o ella misma los idea y construye.

'La bañista sorprendida', collage de la serie 'Cabelleras'. 'La bañista sorprendida', collage de la serie 'Cabelleras'.

'La bañista sorprendida', collage de la serie 'Cabelleras'.

Una obra que recoge todas esas posibilidades es Luciendo bajo las luces. Es una caja de cristal (¿una urna?) revestida de pan de oro (Calvo nunca ha desdeñado el trabajo artesanal). En su interior, una cama, una copa, una gran rosa de cera y sobre todo, bobinas de hilo y de bramante, en la pared o sobre el suelo. La urna tiene además, arriba y por fuera, un asa. No sé si este objeto evoca las antiguas casas de muñecas o aquellas (no menos antiguas) capillas con figuras sacras que iban de casa en casa para suscitar no sé qué devoción. Cualquiera de esas alusiones tiñe al objeto de arcaísmo: un recuerdo infantil que persiste en la memoria inconsciente. El asa suscita tal peso de la memoria. Sea cual sea el sentido de esa luminosa caja, la llevamos con nosotros, aunque no podamos tocarla para cambiar su interior. Pervive sin alteración posible. Por otra parte, hilos y bramantes: ¿no hablan del tiempo que va tejiendo el vivir, mediante proyectos o decisiones que atan y vinculan a determinadas situaciones? Este potencial encuentro se da en esta obra, construida por la autora a partir de cosas de apariencia trivial.

'Espero que se halle mejor', 2018. Técnica mixta, porcelana, peana, pan de oro. 'Espero que se halle mejor', 2018. Técnica mixta, porcelana, peana, pan de oro.

'Espero que se halle mejor', 2018. Técnica mixta, porcelana, peana, pan de oro.

Espero que se halle mejor es otra pieza de interés. Es un objeto realizado por la autora. Su limpia ejecución (madera, porcelana, pan de oro) fortalece los rasgos contradictorios que la componen. Su fuerza poética hace pensar en Joan Brossa.

La muestra incluye además tres series de imágenes populares intervenidas. Una de ellas, Cabelleras, invierte la tradición del collage. Como se sabe, con el collage Picasso y Braque querían añadir a la obra de arte trazos de la experiencia ordinaria. En Cabelleras ocurre, a veces, lo contrario. La serie la forman ocho fotografías de esas que hace más de medio siglo se decían aptas sólo para caballeros. Ocho imágenes, entonces eróticas, hoy bañadas de ironía. Recuperarlas tiene ya cierta mordiente: ¿con qué soñaban los abuelos? A esas imágenes les añade Carmen Calvo figuras del arte: el angel de la Anunciación de Cervello, Botticelli, las manos de Georgia O’Keeffe fotografiadas por Stieglitz, un fragmento de una obra de De Chirico o la fotografía de una performance de Louise Bourgeois. No son estos los únicos añadidos a las viejas estampas eróticas: hay además fotos de emigrantes, recortables infantiles o imágenes de antiguas revistas de moda, figurines, para varones. Esto hace que el territorio definido por la serie sea movedizo: ¿es el arte también una forma de imagen popular a disposición de los circuitos de comunicación al uso? ¿es por el contrario un contrapunto frente a la imagen de consumo? ¿qué imagen es más proclive al fetichismo, la de las fotos eróticas, las figuras artísticas sobrepuestas o ambas unidas, que así sugieren cómo es nuestra cultura?

Las otras dos series expuestas invierten los términos: en ellas las intervenidas son imágenes del arte, aunque en soporte convencional: tarjetas postales y reproducciones coloreadas de Caprichos de Goya. Las preguntas que suscitan son análogas. Es el efecto de un trabajo que, cuestionando el arte, hace pensar qué insospechados son hoy los rostros del arte.

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