Corto Maltés, 25 años de orfandad

Cómic

Se cumple un cuarto de siglo de la muerte de Hugo Pratt, creador del inolvidable marino

Su amigo Milo Manara confiesa que el autor le pidió que prosiguiera con las aventuras del personaje, aunque nunca se atrevió a hacerlo

Corto Maltés, en una viñeta del autor italiano.
Corto Maltés, en una viñeta del autor italiano. / D. S.
Efe

21 de agosto 2020 - 06:00

Roma/En Italia se recuerda, cuando se cumplen 25 años de la muerte del autor de cómics Hugo Pratt, que el escritor Umberto Eco solía afirmar: "Cuando quiero relajarme, leo un ensayo de Engels; si quiero una lectura más comprometida, leo Corto Maltés". Y es que las intrigantes aventuras del legendario marinero escritas y diseñadas por Pratt, que murió en Lausana (Suiza) en 1995, están consideradas como alta literatura, pues gracias a él el mundo de la cultura empezó a reconsiderar su actitud condescendiente hacia el arte de la viñeta.

Corto Maltés es uno de los personajes inolvidables de la historia del cómic. Hijo de una prostituta sevillana afincada en Gibraltar y de un marinero de Cornualles, romántico y apasionado, solitario y con un complejo mundo interior, este capitán de mar con alma pirata reflejó las inquietudes de Pratt, quien hizo coincidir en sus historias al icónico aventurero con personajes reales, desde el escritor Jack London al bandido Butch Cassidy, pasando por el Barón Rojo, el as de la aviación alemana de la Primera Guerra Mundial.

Hugo Pratt, seudónimo de Ugo Eugenio Prat, nació en Rimini el 15 de junio de 1927, pero vivió toda su infancia en Venecia, de donde viene su profundo amor al mar. Su abuelo paterno era de origen inglés, mientras que el materno era judío sefardí emigrado de España y tuvo una abuela de origen turco, por lo que vivió un continuó encuentro de creencias. Con 10 años viajó a África, donde su padre era oficial del ejército colonial italiano en Abisinia, la actual Etiopía. Su padre fue capturado por soldados británicos que lo llevaron al campo de prisioneros del que nunca regresó, y en el que pudo al menos hacer un último gesto por su hijo: pidió que le entregaran el libro de Stevenson La isla del tesoro con la dedicatoria: "Verás que un día tú también encontrarás tu isla del tesoro".

Una vez de vuelta en Venecia, una vez acabada la guerra, Hugo Pratt participó con un grupo de amigos en la creación de una revista de historietas, la Asso di Picche, y aquí comienza oficialmente su carrera como autor. Desde el verano de 1959 hasta el de 1960 vivió en Londres, donde produjo –junto con escritores ingleses– algunas historias de guerra cómicas para la agencia Fleetway Publications. A los 22 años, junto con amigos del Grupo Venecia, Pratt se fue a Argentina, donde continúa con su faceta creativa.

Hugo Pratt.
Hugo Pratt. / D. S.

En 1963 regresó a Italia (aunque volverá a Argentina varias veces durante los años 60), y en 1967 Hugo Pratt conoce a Florenzo Ivaldi, un fanático del cómic genovés, con quien decidió lanzar una publicación mensual para el público italiano, así como su propia producción de la época argentina. En el primer número de la revista aparece una nueva historia, La balada del mar salado, el debut de Corto Maltés, que no tardó en lograr un éxito mundial. Y con él comienza la gran notoriedad, se traslada a París, publica en la revista PIF y el personaje se convierte en un héroe que vende millones de ejemplares. Durante más de 25 años, Pratt llevó a Corto por todo el mundo hasta Mü, la ciudad perdida, su última aventura.

Además de Corto Maltés, la imaginación del autor dejó su huella inconfundible incluso en los campos más dispares del mundo publicitario: desde coches de Fórmula 1 hasta las mochilas de la marca Invicta. También diseñó carteles de películas y portadas de discos de cantantes como Paolo Conte.

Su amigo y también ilustrador Milo Manara afirmó en una entrevista publicada ayer en el Corriere del Véneto que Pratt "nunca fue en busca del éxito, sólo le interesaba contar sus historias porque él era realmente la historia". Corto Maltés no murió con Pratt aunque Manara revela que el diseñador le pidió que continuara con sus historias. "Pero nunca lo haré", aseguró Manara.

Sí se atrevieron los españoles Juan Díaz Canales, al guión, y Rubén Pellejero, al dibujo, que han continuado las andanzas del intrépido marino en Bajo el sol de medianoche, Equatoria y El día de Tarowean.

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