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Cultura

Desmitificar la historia

  • Ortiz Nuevo, con la colaboración de Cruzado y Mora, publica al fin su esperada biografía de 'La Cuenca'.

LA VALIENTE. TRINIDAD HUERTAS LA CUENCA. Ortiz Nuevo/Cruzado/Mora Libros con duende, 375 págs.

El libro es, como acostumbran las obras de Ortiz Nuevo, una biografía trenzada con la literatura de la época, con las noticias y gacetillas de la prensa. Así asistimos al debut de La Cuenca y a sus andanzas sevillanas, almerienses, madrileñas, parisinas, berlinesas, etc. que ha rastreado Ángeles Cruzado. Kiko Mora se detiene en la actividad neoyorquina de La Cuenca, enmarcándola en un fondo que es el del gusto por lo español y las torerías entre el público estadounidense de finales del siglo XIX y en el nacimiento del vodevil norteamericano. Finalmente el propio Ortiz Nuevo sigue los pasos de La Cuenca en México y La Habana y da cuenta de su muerte en esta última ciudad a la edad de 33 años, en 1890.

El libro es también un hermoso fresco de la vitalidad del género flamenco en España, Europa y América en las últimas décadas del siglo XIX. Junto a La Cuenca nos encontramos a otras celebridades del momento como Lola Gómez, Carmencita o el propio Silverio Franconetti. De estas notas de prensa podemos extraer informaciones y conclusiones de mucha miga, algunas de las cuales no vienen glosadas por los autores del libro. Por ejemplo, que el género que ya era conocido como flamenco, todavía se ve nombrado en muchas ocasiones con la denominación anterior, esto es bailes y cantes del país, andaluces o nacionales. De hecho, ambas denominaciones convivirían hasta comienzos del siglo XX. En la interpretación que llevan a cabo los autores en las glosas de los textos originales de prensa, aún se mantiene la distinción entre el género bolero y el género flamenco, distinción que no se da sin embargo en los textos mismos ya que, como sabemos, a los estilos que hoy llamamos boleros se les nombraba como bailes y cantes del país, andaluces o nacionales y también boleros. Que el público que acudía a estos espectáculos, tanto en los cafés cantantes como en los teatros, está compuesto por "todas las clases de la sociedad, desde la más elevadas a las más humildes" (El Universal, 20-7-1878). Que los bailaores y bailaoras solían ser también cantaores y, en algunos casos, como el de la propia Cuenca, incluso reputados guitarristas. Es decir, aún no existían los oficios de cantaor para el baile y palmero, ambos nacerían después de la guerra civil española. Que los flamencos exhiben su arte en sana competencia y promiscuidad con cantantes de ópera, zarzuela, con orquestas, pianos, bandurrias, estudiantinas, etc. y por supuesto, actores de géneros cómicos, en los mismos escenarios e, incluso, con los mismos repertorios. Así a Juan Breva se le nombra como "tenor flamenco" (La Época, 19-12-1879). Es decir que por aquel entonces las fronteras artísticas, como las geográficas, eran más permeables que hoy. Que el repertorio de esta época era ya bastante extenso. Que no sólo las bailaoras y bailaores sino que también cantaores como Dolores la Parrala, El Rojo el Alpargatero o guitarristas como Paco el de Lucena, hacen las delicias de los públicos parisinos, berlineses, neoyorquinos, etc. Que el concepto de espectáculo teatral flamenco ya está y goza de amplio desarrollo en este periodo con propuestas que aúnan bailes y cantes flamencos con decorados y guiones y acompañamientos orquestales, etc. Que entonces, como hoy, los artistas flamencos recorrían el mundo entero para vender su arte, bien fuera por el insuficiente apoyo que encontraban en España o bien por la necesidad de mostrar su arte por el universo mundo. Que, y eso tiene que ver con lo anterior, ya había entonces una prensa española, andaluza y sevillana que denostaba, ridiculizaba y clamaba por la desaparición del flamenco. Que en esta época el baile de hombre y el de mujer estaban claramente diferenciados y codificados, siendo el segundo un estilo en el que "no bailan con las piernas sino sólo con el tronco y las manos" (Berliner Börsenzeitung, 2-5-1880). No obstante siempre hubo individuos que se saltaban las normas establecidas. Uno de ellos fue la protagonista de este libro que, siendo mujer, bailaba con el traje masculino y haciendo de pareja de famosas bailaoras del momento. De hecho, una de las escasas noticias que teníamos de La Cuenca antes de este libro nos la proporciona el maestro Otero en su Tratado de bailes (1912) en donde afirma que esta bailaora fue la primera en introducir una técnica típicamente masculina, por entonces, como el zapateado, en un baile femenino como la soleá.

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