Crítica de cine

Didáctica comedia sobre la sorprendente anomalía suiza

Una imagen de la película. Una imagen de la película.

Una imagen de la película.

Para entender el éxito de esta película en su país y la curiosidad (y sorpresa) que ha suscitado fuera de él hay que saber que las mujeres no pudieron votar en Suiza hasta 1971. Asombroso, pero cierto. En el resto de Europa Occidental el sufragio femenino se había conquistado entre 1907 (Finlandia), 1913 (Noruega), 1921 (Suecia) –los tres primeros países que lo implantaron– y 1946 (Italia). Junto a Suiza, la única excepción eran Liechtenstein, donde no pudieron hacerlo hasta 1984, y por razones obvias España (donde las mujeres pudieron hacerlo durante la Segunda República) y Portugal hasta el final de sus respectivas dictaduras.

Esta anomalía puede atribuirse a la influencia protestante calvinista, como declara el título de la película aludiendo a que la participación de la mujer en política se consideraba contraria al orden divino; pero lo contradice que países europeos de fuerte tradición luterana fueran los primeros en conceder el voto a la mujer. Probablemente sea esa placidez aislacionista la causante, como ha dicho Petra Volpe, la directora de esta película: "Suiza es un país muy resistente al cambio. Su neutralidad militar y su bonanza fueron de la mano. ¿Por qué cambiar nada si hay bienestar, si todos los niños están escolarizados y no nos falta de nada?".

Una beatífica señora suiza, ejemplar ama de casa, madre y esposa, vive una vida sin sobresaltos en un pueblecito encantador hasta que choca con el muro de cristal de la oposición de su marido a que trabaje. En un periquete la pacífica mujer se convierte en una activista del voto femenino afrontando la crisis doméstica que ello desata e incluso la incomprensión de los amigos y vecinos que no comprenden su cambio ni su lucha. Y como una cosa lleva a la otra y estamos en los años 70, también va descubriendo otras cosas sobre sí misma, su cuerpo y sus relaciones con los demás.

En su país ha sido la película más taquillera del año. Fuera de él es una comedia entretenida pero más bien plana, con un humor no precisamente sutil y demasiado parecida a otras comedias costumbristas del reciente cine europeo. Lo más interesante de esta didáctica llamada de atención sobre la anomalía suiza es que hace reflexionar sobre la invisibilidad de otras anomalías que se asumen –hoy, aquí, entre nosotros– como algo natural, de toda la vida.

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