Crítica de Música

Dulces tormentos, felices lamentos

El ciclo de los Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla de este año está dedicado a la ópera en sus diferentes facetas europeas y, tras la ópera de Haendel del primer concierto, tocaba volver a los orígenes, a la Italia del siglo XVII, lo que quiere decir a Monteverdi. Es una pena que se vaya a terminar la celebración de los cuatrocientos cincuenta años del nacimiento del genio de Cremona sin que se haya podido disfrutar de ninguna de sus óperas en Sevilla, pero al menos sí hemos tenido una buena muestra de sus madrigales y canciones, culminando con este brillante recital a cargo del contratenor italiano Flavio Ferri-Benedetti en un programa sucinto pero cuajado de piezas esenciales.

La voz de Ferri-Benedetti presenta un peculiar perfil sombreado que le da a su timbre unos tintes oscuros muy interesantes debido a las gradaciones cromáticas que sabe aportarle a una emisión que tiende a cerrarse, derivando por ello en pérdida de brillo y en falta de inteligibilidad de las palabras. Pero ello no empece para que el cantante sepa dosificar con buena técnica y mejor musicalidad la paleta de colores de su voz, siempre al servicio de una expresividad muy atada al sentido del texto, muy teatral y conmovedora. Así, hubo momentos de especial recogimiento expresivo como el aria de Arnalta, con sus largas notas sostenidas en pianissimo al final de las frases, o los lamentos de Ariadna y de Penélope, atacados con notas oscuras y posteriormente abiertos hacia tonalidades más desesperadas en un fraseo dúctil y expresivo. Magníficas las coloraturas de Voglio di vita uscir.

Minguillón acompañó con sutilidad e inventiva y pulsó con precisión en sus piezas a solo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios