Fatigas Triples | Crítica Elogio del hombre corriente

Una imagen promocional de 'Fatigas Triples' el nuevo proyecto de Raúl Rodríguez, izquierda, Maui y Chipi. Una imagen promocional de 'Fatigas Triples' el nuevo proyecto de Raúl Rodríguez, izquierda, Maui y Chipi.

Una imagen promocional de 'Fatigas Triples' el nuevo proyecto de Raúl Rodríguez, izquierda, Maui y Chipi. / Grupo Joly

Fatigas Triples es el nuevo proyecto de Antonio Romera Chipi, lider de La Canalla, la cantaora utrerana Maui y el multiinstrumentista y cantante Raúl Rodríguez. Las canciones que interpretó Chipi son endiabladas. Son profundamente cómicas y, en la misma medida, absolutamente sentimentales. Y es imposible, además, separar estas dos emociones en cada verso, palabra, acorde, nota. Eso las convierte en una bomba de explosión inmediata. Y retardada. Esa manera de identificarse con el hombre corriente, su hombre corriente, a la vez afilada de humor y plena de ternura, rozando la autocompasión. Me sentí más cómodo en la ternura, en el hombre corriente, que en el distanciamiento de la ironía, o en el costumbrismo de "la vida del artista" que es también la función. Dos costumbrismos casi antagónicos: ¿el artista como hombre corriente? ¿El hombre corriente como artista? Las dificultades del éxito y de ser sublime, ocurrente. Las dificultades del fracaso, pero ¿qué es el fracaso? La sobreexposición a las redes sociales: ¿hablamos del hombre corriente, del artista? Las dificultades que impone la censura de lo políticamente correcto.

Es una propuesta costumbrista en que tres artistas muy diferentes, en género y personalidad, hacen cada uno lo suyo. Pero hay también diálogos chispeantes y monólogos desternillantes cuando se pretende explicar la inspiración o el lugar cotidiano que dio lugar a una canción. Raúl Rodríguez puso las bases instrumentales y la voz en algunas composiciones propias, como la proclama Que sea el ritmo el que nos gobierne, aparentemente ingenua si la interpretamos en un sentido político literal, pero muy efectiva como norma vital las 24 horas del día. Aquel quería vivir en los pronombres y nosotros vivimos, que alegría, en el ritmo. No hay una puesta en escena. No hace falta porque la ocurrencia espontánea es de lo mejor de la función. Pero es cierto que a veces el tiempo que necesitaba Rodríguez para montar las bases rítmicas con la máquina hacía que sufriese, ya que es de eso de lo que hablamos, el ritmo de la propuesta.

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