Cultura

Flamenco patrimonio de la humanidad, ¿qué ha cambiado?

  • Diferentes artistas, gestores y estudiosos hacen un balance de lo que ha supuesto para el flamenco el reconocimiento que hace cinco años le concedió la Unesco. Muchos de los entrevistados coinciden en la necesidad de una mayor presencia en los centros educativos.

El pasado lunes se cumplieron cinco años del anuncio de la buena nueva que vino desde Nairobi (Kenia), la Unesco incluía al flamenco en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una distinción a la que la música más representativa de nuestra tierra aspiraba, sin éxito, cinco años antes. Pero aquel 16 de noviembre de 2010, la Comisión de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad puso oídos al arte jondo y se convenció de su latido. La noticia se celebró por todos los rincones de Andalucía y fueron muchas las esperanzas depositadas en este distintivo, algunas colectivas y otras individuales, algunas plausibles y otras más utópicas. Por ello, después de un lustro no viene mal mirar hacia atrás y hacer balance. ¿Qué ha cambiado en el flamenco y para los flamencos en estos cinco años? Es la pregunta que lanzamos a diferentes artistas, gestores y estudiosos del jondo. Las respuestas, para todos los gustos.

Y es que las 14 personas entrevistadas no coinciden del todo en la valoración del compromiso que las autoridades adquirieron con la Unesco de velar por el mantenimiento de nuestra tradición jonda y por su promoción dentro y fuera de Andalucía. El veterano cantaor gaditano Juan Villar es uno de los más críticos. "Yo creo que vamos a peor. En estos cinco años no he visto que las autoridades estén apoyando el flamenco. Las administraciones, ninguna, dan apoyo de subvenciones ni de contrataciones, así que mejor que lo hubieran dejado como estaba", se queja.

"Una etiqueta que en la práctica ha sido inútil para su divulgación". Así se expresa el crítico Manuel Martín Martín que recuerda que "la universalidad del flamenco es anterior a este nombramiento" pues la adquirió "en el punto y hora en que los propios flamencos lograron difundir su arte más allá de nuestras fronteras". El flamencólogo de Écija sólo ve en el reconocimiento de la Unesco "una repercusión política" que aprovechan "nuestros garantes públicos que, después, no aplican los recursos económicos a la divulgación de este hecho diferencial que es el flamenco". Martín va más allá y habla incluso de un incremento del "nepotismo" en las administraciones pues, a su juicio, "siempre trabajan los mismos" además de hablar del "maltrato" a los colectivos peñísticos "que tienen que ir mendigando porque han visto reducidas sus subvenciones en los últimos años".

Críticos pero también agradecidos por la distinción se declaran tanto el pianista Chano Domínguez como los cantaores David Palomar y Antonio Reyes. "Creo que es magnífico que el flamenco sea Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que se reconozca como un arte grande, que lo es, es algo bueno, pero eso sólo significa eso, unas palabras muy bonitas y ya", valora uno de los creadores del flamenco-jazz que no ve que los artistas flamencos "tengan más trabajo" o que "se les promocione más en las radios o televisiones". "Me gustaría poder hablar en otros términos, pero realmente lo que yo veo es que todo sigue como antes y para que cambie tienen que cambiar muchas cosas en mi país , sobre todo la clase política, llena de indeseables en busca de fortuna fácil", comenta Domínguez desde Estados Unidos donde se encuentra actualmente.

Palomar tampoco ve "más interés por el flamenco en el Gobierno español", ni más cuidado "por parte de la industria discográfica", ni más apoyo "desde la radio fórmula y la televisión". Pero aunque "no haya habido grandes cambios" en estos cinco años, el cantaor se congratula "por lo que significa el reconocimiento a nivel institucional" y porque "todo aquello que sea sumar a la difusión y promoción de lo nuestro es algo maravilloso". Eso sí, también recuerda que "antes del nombramiento" el flamenco ya era "con creces reconocido" gracias "a maestros como Sabicas, Paco de Lucía, Carmen Amaya, Antonio el Bailarín o Camarón, entre otros".

En una línea parecida se mueve el chiclanero Antonio Reyes que asegura que el título de Patrimonio de la Humanidad "ha aportado bastante ayuda a que el flamenco esté en el sitio que merece" aunque tampoco se olvida que ese lugar también ha sido conquistado "por los artistas".

Así también opina un bailaor y coreógrafo que no es "muy político", dice Israel Galván. "El flamenco desde hace muchos años es un arte que se ha paseado por todo el mundo con los mejores como Antonio El Bailarín, Paco de Lucía, Carmen Amaya... Ellos han sido nuestros mejores embajadores", explica el artista sevillano que no por ello deja de celebrar este lustro porque "es un título muy bonito, es como un sello de calidad y eso siempre beneficia y no puede hacer mal". "Siempre hablo a nivel colectivo porque a nivel personal cada uno se tiene que buscar su propio camino, yo me lo busqué antes de todo esto", apunta.

La bailaora Rosario Toledo también hace una diferencia entre esos dos planos. "A nivel personal, en estos cinco años no he notado que haya cambiado nada. Al revés, han sido unos años malos por la crisis económica que ha afectado mucho al sector cultural, pero creo que el reconocimiento de la Unesco no va de eso. Yo creo que sí que ha beneficiado en cuanto a mejorar la opinión del flamenco de la gente ajena al flamenco. Creo que se ha conseguido tener más respeto y más valor respecto a esa masa que no sabía muy bien de qué iba esto", explica.

También con la cara positiva del nombramiento por delante, pero dando un paso más en la exigencia de lo que debe acarrear el título de Patrimonio de la Humanidad, se expresan el coordinador de los Jueves Flamencos de Cajasol y exdirector de la Bienal, Manuel Herrera; la bailaora Eva Yerbabuena, el presidente de la Cátedra de Flamencología de Cádiz, Antonio Barberán, y el director de la Bienal de Sevilla, Cristóbal Ortega.

Si la coreógrafa granadina recuerda que "hay un compromiso pendiente muy importante" que es "que el flamenco forme parte del currículo escolar andaluz como asignatura independiente y teórica" y "la creación de un conservatorio exclusivo de flamenco en el que la teoría se pueda llevar a la práctica", Barberán incide en que "ni los colegios públicos ni los IES han incluido esta materia en los currículos escolares" algo deseable porque "son estos jóvenes los encargados de velar y conservar este arte en un futuro próximo".

"Es cierto que la Junta ha anunciado cambios, ha señalado un día para celebrarlo, le da una buena cobertura mediática, ha convocado proyectos de actuación para profesores y centros, etc. Pero creo que no es suficiente", confiesa Herrera que observa que "esto no resuelve la gran carencia de conocimiento de la música andaluza y flamenca que existe entre los alumnos andaluces de Primaria y Secundaria". El gestor, por ejemplo, no entiende que "en las clases de música de los centros educativos en Andalucía no se imparta, junto a otras músicas, la música que es exclusivamente andaluza", que "un porcentaje muy elevado, no sabría decir si un 70, 80 o 90 %, de los libros de música que se usan en Andalucía no recogen esta música nuestra" y que "el profesorado de Música apenas tiene un tema que trata de flamenco en el temario general de Oposiciones, por lo que difícilmente, salvo excepciones, se puedan poseer unos conocimientos mínimos de flamenco para impartirlos".

Para Cristóbal Ortega, "el flamenco debe seguir evolucionando y debe seguir comprometido con la educación, porque sólo de esta manera podemos reconocerlo y darlo a conocer", además de destacar su "gran potencial" para "la creación de empleo, desarrollo local y proyección internacional".

Una proyección internacional que el jerezano Diego Carrasco cree que se ha incrementado tras la distinción que, sobre todo, ha servido "para conseguir más respeto dentro de España". Igual opina la isleña Niña Pastori que ha notado que "en España han vuelto a tomar importancia festivales que estaban un poco en el olvido y también el resurgir de actividades en peñas flamencas; y en el extrajero ha aumentado la demanda y el prestigio". Una mirada positiva también lanza Sara Baras que cree que ya solo mereció la pena "por el concierto de Paco de Lucía en Madrid el día de la celebración" y "que dejó grabado en nuestros corazones lo importante y merecido que era que el flamenco fuera considerado un arte grande", además de la importancia "a nivel institucional" y su significado como homenaje "a esos grandes artistas que no fueron reconocidos en su momento".

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