El Galdós más regeneracionista

Literatura

La editorial sevillana Alfar publica una edición crítica de 'La razón de la sinrazón', obra en la que el autor de los 'Episodios nacionales' retrata, a través de arquetipos, la coyuntura de España en la Restauración

Álvaro Romero Marco.
Álvaro Romero Marco. / DS
Gonzalo Gragera

20 de febrero 2023 - 06:00

Álvaro Romero Marco, profesor, investigador y escritor, es el responsable de la primera edición crítica de La razón de la sinrazón, de Benito Pérez Galdós. Una fábula teatral, publicada en 1915, en la que el célebre novelista formula su visión de la España de principios del siglo XX, señalando las deficiencias y, a su vez, abriendo el camino de las soluciones –con un claro propósito moralizante-.

Benito Pérez Galdós, en aquellos años, atravesaba una difícil situación personal. Su vista se encontraba gravemente deteriorada a causa de la ceguera, lo que le impedía trabajar con soltura, y su economía, por consiguiente, quedó mermada. Por otra parte, Galdós, en política, ya no recibe el apoyo entusiasmado de la facción republicana y de los movimientos de izquierdas, debido a los acercamientos que el escritor mantuvo con un joven Alfonso XIII, con quien se entrevistó. A las adversidades económicas y a la ceguera se sumaban los desengaños políticos –más las acusadas discrepancias y recelos de republicanos socialistas, obreros, y de los nacionalistas vascos y catalanes-. Aun así, Galdós no interrumpió su labor de diputado en Madrid.

Esta última etapa de la vida del escritor se resume en “su adhesión al republicanismo y a las corrientes anticlericales y regeneracionistas, junto con un escepticismo político”, relata Álvaro Romero Marco, quien añade que Galdós, en sus últimos años, desea ganar el Premio Nobel. Un galardón que jamás obtendría -y que habría resuelto los problemas económicos del novelista-. Aduce Romero Marco que a Galdós no le conceden el Nobel “principalmente por razones políticas, por rencillas con la clase política”.

En este contexto de irremediable crisis personal, el escritor culmina La razón de la sinrazón. Una obra híbrida, entre el teatro y la novela, que cuenta la historia de un hombre, Alejandro, quien, tras varios episodios desafortunados, decide actuar bajo el criterio de “la sinrazón”. Con la intención de alejar a Alejandro de esta equivocada decisión aparece Atenaida, mujer que convence al protagonista de tomar la senda “de la Verdad y la Razón”, aunque no haya motivos para creer en estas virtudes. La trama se desarrolla en la imaginada Ursaria, territorio que se identifica con España, y nos relata “la utopía de un hombre naturalista purificado por el amor espiritual”. El amor es determinante en esta historia.

Tan presente está lo sentimental que el personaje de Atenaida se inspira en Teodosia Gandarias, “el último amor de Galdós, un amor apasionado, un amor de vejez”, indica Romero Marco, quien subraya el carácter “liberal” de Gandarias y apunta que “Galdós no ve con buenos ojos que Teodosia se dedicara a ejercer, a terminar la carrera de Magisterio”. Se desconocen las causas, pero sí sabemos que esta última relación fracasó. A partir de 1915 no hay rastro de la vida de Teodosia Gandarias en la biografía del novelista.

La razón de la sinrazón admite varias lecturas, aunque los críticos –desde la publicación del relato- coinciden en que se trata de una obra de evidentes pretensiones regeneracionistas, con la que Galdós analiza la situación sociopolítica de la década y propone, desde la fábula y la moraleja, un remedio para la desastrosa coyuntura que padecía la política y sociedad españolas.

Romero Marco, en su estudio crítico, define La razón de la sinrazón con estas palabras: “Un pensamiento reformista insertado en una utopía ensoñadora o real que propondría una solución a la crisis de la Restauración”. Además, el investigador nos ofrece las consideraciones de otros estudiosos actuales, como las de María Ángeles Varela o las de Julián Ávila. Valera, subraya Romero Marco, “cree que los últimos personajes del autor [de Benito Pérez Galdós] estarían afiliados a la corriente regeneracionista”, mientras que Ávila relaciona la obra “con El caballero encantado, pues ambas girarían en torno a lo imaginario y la España encantada y regeneradora”.

Pero la crítica de principios del XX –Clarín, por ejemplo-, aunque atendió a la obra, no elogió esta entrega galdosiana, considerándola “menor” en la amplísima producción del escritor. Este juicio se sustenta en el género que Galdós elige para desarrollar esta historia: la fábula. “El Galdós estereotipado es el Galdós realista, y todo lo que se fuera de esa línea formal no estaba muy bien visto. Eso de que el autor de Fortunata y Jacinta escribiera fábulas no se entendía. Además, los críticos insistían en el desorden de La razón de la sinrazón”, explica el autor de la edición crítica de esta obra.

Otro aspecto crucial de esta fábula es el enfoque que el autor confiere al concepto de “violencia”. Galdós entiende que la violencia es necesaria para cumplir con el propósito regeneracionista, que es el fin que hay que perseguir. Sin importar el medio. El autor de La razón de la sinrazón piensa que sus lectores aceptarán “la violencia, el cataclismo purificador, aunque no se atreva a indicar de dónde viene ese acto de destrucción”, indica Romero Marco en su introducción.

La edición de Álvaro Romero Marco, y publicada por Alfar, concluye con el texto Guía espiritual de España. Madrid, redactado por Galdós, aunque leído por el dramaturgo Serafín Álvarez Quintero, en el Ateneo de Madrid, el 28 de marzo de 1915. En este discurso, Benito Pérez Galdós nos sumerge en aquel Madrid de finales del XIX. Un vibrante relato, entre el memorialismo personal y los acontecimientos históricos, que nos muestra la decisiva influencia de la capital en la carrera literaria, y por supuesto en la obra, del escritor. Madrid es indisociable de la literatura galdosiana, y este homenaje, a modo de discurso, lo corrobora. “Una de las cuestiones más interesantes de este texto es cómo Galdós recuerda al viejo Ateneo madrileño, muy distinto al nuevo, pues aquel era muy destartalado, regeneracionista también, con personajes como Joaquín Costa”, considera Romero Marco.

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