Cultura

Gibraltar y el punto de no retorno

  • El algecireño Raúl Santos aspira al premio al Mejor Documental europeo con 'La Roca', "una historia épica de amor entre La Línea y el Peñón" · Hoy se presenta en el Lope

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Hace 18 meses, en una de las frecuentes conexiones por Skype entre Raúl Santos y su madre, ésta le enseñó una fotografía antigua tomada en una mañana de carnaval. En ella, este joven realizador algecireño afincado en Nueva York aparece disfrazado de policía nacional, su hermano es un bobby británico, su prima Leti "es Carmen Ward, la española casada con un llanito que cruzó la frontera en primer lugar tras su reapertura" y "el primo Joselito, un guardia civil", una entrañable estampa que encierra el calado en la sociedad de la época que tuvo la apertura de la verja. La imagen es, cuenta su director, el germen de La Roca, una producción de 700g films, un sello que fundó Santos junto a Alexis Morante -ambos representan el talento más sobresaliente del joven cine andaluz- que participa dentro de la sección Eurodoc por el Premio al Mejor Documental y que cierra hoy, a las 16.15, en el Lope de Vega, la sección Panorama Andaluz.

Apenas un mes y medio antes del día en que fue tomada esa instantánea, el 15 de diciembre de 1982, España había reabierto la frontera con Gibraltar -la inmesa roca que, desde la firma en 1713 del Tratado de Utrech, es de soberanía británica- poniendo fin a uno de los más vergonzosos -y absurdos- bloqueos entre estados de la contemporaneidad. Y, acaso, cuenta Santos, con esta decisión el Gobierno español "derribó -metafóricamente- un muro menos conocido en el resto del mundo que el de Berlín", -el aislamiento alemán acabó en noviembre de 1989-, pero cuyas consecuencias no han cicatrizado todavía. "Han pasado 30 años yo no tengo ni un amigo en Gibraltar. Ya no hay dictadura, no hay propaganda y el recelo permanece... Para muchos gibraltareños, los españoles seguimos siendo un país de fascistas. Es algo que no tiene explicación, por eso creo que este documental debe salir fuera, para que no se siga cayendo en manipulaciones... Cuando ganamos el Mundial, ¿sabes lo primero que hicieron en La Línea? Irse a la frontera a gritar "Gibraltar, español" y "Llanito el que no bote", relata este pelirrojo que, a simple vista, pasaría por más guiri que gaditano.

La Roca, explica Santos, "no es un documental periodístico"; es, define, "una historia épica de amor que por suerte explotó en mi cara". Apoyado en unos testimonios magníficos -matrimonios mixtos, policías y guardias civiles de uno y otro lado de la verja, niñas que crecieron con un padre con el que hablaban a gritos, linenses que emigraron a Londres, funcionarios con la enorme responsabilidad de abrir un candado, matuteras y perros contrabandistas...- Santos recorre la vida en el Campo de Gibraltar desde aquellos años en los que, aun en el franquismo y a pesar de la enemistad entre países, en los 50, la comarca se abrió -y se benefició- del territorio vecino a través de todo lo que, burlando la vigilancia, cruzaba la frontera: penicilina "que salvó muchas vidas", pastillas anticonceptivas "en una España ultracatólica", vestidos de boutiques, café, tabaco, el twist y el rock & roll -brillante el testimonio de The Rocking boys-, vehículos de importación... "Dependían unos de otros, se casaban entre ellos y vivían con sus hijos bilingües en plena tolerancia", resume Santos sobre una feliz relación que en la pantalla representan, con ternura y coraje, Aurelio y Mercedes. Por edad, a él también le tocó vivir el éxodo de niños y mujeres gibraltareñas a Londres cuando, durante la II Guerra Mundial, el Peñón era objetivo nazi.

La "historia de amor" se truncó en 1969 , cuando "la política y la lucha por la soberanía de la Roca generaron un conflicto que no existía socialmente". La repentina decisión de Franco forzó la separación de miles de familias -en la Roca residían unas 30.000 personas que quedaron aisladas con la única conexión con el exterior del transporte aéreo, escaso y caro entonces-.

Santos recupera, con imágenes históricas engarzadas en un montaje vibrante que "mezcla géneros", un pasado con demasiadas heridas abiertas -como ejemplo, las tensiones por el control de la Bahía- que pretende rendir homenaje al Gibraltar que no fue, aquel territorio que España pudo tener como amigo en lugar de en un punto de no retorno. Son, al fin, dice, "dos puntos condenados a entenderse".

La producción -100% talento andaluz y con 200.000 euros de presupuesto- está "en busca de distribuidor", añade su director. Con la experiencia de la "buenísima acogida" que ha tenido ya en Nueva York, Santos sostiene que en España "es muy importante que haya este tipo de festivales, para que estos trabajos se den a conocer".

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