Góticos de la era digital

El auge del libro electrónico no se opone a la proliferación de los relatos ilustrados

Ignacio F. Garmendia

26 de enero 2011 - 09:23

Para el negocio editorial hacen falta mentalidades realistas con un punto de pragmatismo, pero sin verdadero entusiasmo no hay empresa que cuaje. No siempre ese entusiasmo va unido al buen gusto, pero cuando ello ocurre nos encontramos con libros como El Cuervo y Otros Poemas Góticos de Luis Alberto de Cuenca, ilustrado por Miguel Ángel Martín. Con su habitual generosidad para valorar el talento ajeno, De Cuenca dice de Martín que es "uno de los mejores ilustradores y dibujantes de cómic que hay ahora en el mundo", y lo cierto es que sus dibujos, deudores de la línea clara, son magníficos. Los versos de Cordelia, se llama la colección, un nombre arriesgado que suena bonito. Publicado por Reino de Cordelia -una editorial dirigida, como Rey Lear, por Jesús Egido-, el volumen ofrece una estupenda antología del horror en la obra del poeta madrileño, que sabe alternar los tonos sombríos con guiños de humor y un sinfín de complicidades dirigidas a los devotos del género.

Es de suponer que el auge de los libros ilustrados responde a un interés de los lectores por los libros hermosos y de factura perdurable, porque de otro modo no se entendería la apuesta de los editores por volúmenes de altos costes que, por eso mismo, no suelen ser demasiado asequibles. Hay en estos momentos toda una constelación de pequeñas editoriales, incluidos los sevillanos de Metropolisiana, que ofrecen títulos clásicos en formatos muy cuidados y a precios no prohibitivos. Es el caso de la colección Ilustrados de Nórdica, que cierra una serie dedicada a los poetas malditos -los otros autores representados son Baudelaire y Verlaine- con El barco ebrio y otros poemas de Rimbaud, una antología bilingüe que se presenta acompañada de los sugerentes dibujos de Alicia Martínez. Otra de las colecciones de la editorial, Minilecturas, responde al ingenioso propósito de publicar "relatos cortos para disfrutar en el tiempo que dura una película de cine al precio de una entrada". Está bien pensado, lo malo es que hay quienes no están dispuestos a pagar ni las butacas del cine.

Por cierto que mientras otros se lamentan, no sin razón, por las oportunidades de antaño, Diego Moreno, el editor de Nórdica, está mostrando un laudable interés por sumarse a la era de las nuevas tecnologías en posiciones de avanzadilla. El mes pasado presentó en una librería de Madrid la primera aplicación de una editorial para iPad en España, justo ahora que el uso de estos dispositivos comienza a extenderse más allá del reducido segmento de los ejecutivos tecnoadictos. Ni pdfs navegables ni epubs, el sello Nórdica anuncia "un libro electrónico diferente, que contendrá ilustración, audio y video y, además, será gratuito". Suena bastante prometedor, sólo faltaría saber -algo habrá pensado- cómo piensa rentabilizar una inversión semejante.

Acaba de aparecer el segundo volumen y el tercero se anuncia para finales de este mismo año. Ambos reúnen los relatos, dado que las novelas fueron recogidas en el anterior, que no es el primero de la edición original. Al cuidado de Leslie S. Klinger, el monumental Sherlock Holmes anotado, publicado en España por la colección Grandes Libros de Akal, es un regalo para los aficionados a la más famosa criatura de sir Arthur Conan Doyle, pero la jubilosa erudición de las notas -dispuestas en anchas columnas paralelas al texto- convierten la obra en una verdadera enciclopedia de la época tardovictoriana. No es la única edición anotada que existe en Inglaterra, pero sí la más reciente y la única disponible entre nosotros. Una joya, embellecida por cientos de ilustraciones, un cuerpo de letra grande y una maqueta clara, generosa de blancos. El único inconveniente de los volúmenes -que no existirá en la versión electrónica- es su peso.

En tiempos de rescates y recuperaciones, alguien debería decidirse a traducir el famoso libro que Harold Acton dedicó -póstumamente- a una de sus mejores amigas, Nancy Mitford: a memoir. Podría hacerlo Luis Solano, el editor de Asteroide, que ha publicado con gran éxito las deliciosas A la caza del amor y Amor en clima frío, además de otras novelas de la autora como La bendición o No se lo digas a Alfred. Pero también Manuel Borrás, de Pre-Textos, que el pasado verano dio a conocer por primera vez entre nosotros las impagables Memorias de un esteta y nos ha dejado con más ganas de Acton. Claro que también sería estupendo que pudiéramos leer en castellano -entre otros títulos no narrativos de Nancy Mitford, por ejemplo Voltaire in Love- la colección de ensayos Noblesse Obligue, donde la mayor de las hijas del barón de Redesdale reflexionó con gracia e ironía sobre los usos lingüísticos de la aristocracia británica del medio siglo.

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