Gray lleva a Cannes un drama sobre las sombras de la tierra prometida

El cineasta recrea en 'The Immigrant' los años de las oleadas masivas de llegadas a Ellis Island

Jeremy Renner, Marion Cotillard y James Gray, anoche, en la alfombra roja del Festival de Cannes.
A. G. De Francisco (Efe) Cannes

25 de mayo 2013 - 05:00

The Immigrant, la nueva y muy esperada película de James Gray (Little Odessa, The Yards, La noche es nuestra, Two lovers) es un evidente homenaje a los millones de inmigrantes que entraron en Estados Unidos a través de Ellis Island, y que mantienen "habitable, flexible y brillante" su país, defendió ayer el cineasta tras la proyección del filme dentro de la Sección Oficial. Marion Cotillard y Joaquin Phoenix protagonizan esta película, tan bien rodada como poco original en su historia.

Con unas preciosas imágenes, The Immigrant es, sobre todo, una mirada nostálgica al origen de Estados Unidos, a la fuerza de unos inmigrantes de los que proceden el 40% de la población actual del país, resaltó Gray. Por eso ahora, cuando se debate sobre la inmigración latina, al director le gusta recordar que los adjetivos que se les dedica -"perezosos, sucios y estúpidos"- son los mismos que se aplicaban en su momento a irlandeses, italianos o judíos. "Es el mismo argumento de los últimos cien años", afirmó Gray.

"Me encantaría que no existiera ese racismo, esos prejuicios", agregó uno de los cineastas más brillantes de su generación, que lo que ha tratado de hacer con su película es mostrar el duro tránsito de esos inmigrantes hasta que finalmente podían establecerse en la tierra prometida; pero con la distancia que proporciona el paso del tiempo sobre una situación por la que pasaron más de 12 millones de personas, las que llegaron a Ellis Island mientras estuvo abierta, de 1892 a 1954.

La historia que cuenta la película es tan dramática como conocida y tratada mil veces en el cine. Una joven polaca, Ewa (Cotillard), llega a Ellis Island con su hermana, huyendo de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y con la esperanza de lograr el sueño americano. En el camino se cruzan un hombre sin escrúpulos (Phoenix) que controla a un grupo de chicas que actúan en espectáculos y ejercen la prostitución, con la única baza a su favor del buen trato que les da a todas ellas. Nada nuevo en una cinta sólida y con una estética muy cuidada, con la que Gray, según afirmó, aspira a que los espectadores sientan al verla el tipo de emociones que genera la ópera.

Para afrontar su papel, Cotillard tuvo que aprender a hablar polaco sin acento, el "gran desafío" de este trabajo para ella. La actriz, radiante de blanco y con un moño alto, señaló que el lenguaje es parte de un todo, y que le gusta "crear un personaje con su propio lenguaje físico, su propia voz y su manera de hablar". "Y cuando tienes que aprender un lenguaje extranjero, por la forma de situar la voz, eso te ayuda a crear el personaje", dijo la intérprete francesa, a la que Gray, según dijo, apenas conocía -reconoció que ni siquiera había visto La vie en rose, el filme por el que Cotillard ganó el Oscar a la mejor interpretación femenina-. Simplemente sintió, explico el autor, que Cotillard tenía la "inteligencia emocional" necesaria para meterse en ese personaje, algo que consideró "suficiente", aunque también elogió su "rostro de cine mudo", a lo Lillian Gish o Louise Brooks.

Junto a Cotillard, Joaquín Phoenix, tan solvente como suele, que no estuvo presente en Cannes por encontrarse en medio de un rodaje, y Jeremy Renner, el bueno de la película. De Phoenix, Gray explicó que buscaba un actor que tuviera un profundo conocimiento del cine pero también del comportamiento humano. "Es tremendamente inteligente y sensible. Vive por el proceso de creación, por el momento en el que pueda discutir sobre su personaje", dijo el director. Sobre Renner, explicó que había visto todas sus películas, que le hicieron "adorar" a un actor que le fue presentado por su colega Kathryn Bigelow (En tierra hostil, La noche más oscura).

Durante la jornada, en el Festival de Cannes el catalán se dejó oír de boca de Sergi López, que hace una pequeña aparición en Michael Kohlhaas, una cinta basada en la novela homónima del alemán Heinrich von Kleist y dirigida por el francés Arnaud des Palliéres que compite también por la Palma de Oro. "Para mí es, sobre todo, un privilegio encontrarme a las ordenes de Des Palliéres", afirmó el actor, que desde que le llegó el guión pensó que se trataba de "una superhistoria, con un guión increíble y muy bien escrito, estremecedor y desconcertante", con un personaje principal "difícil de juzgar" y una historia "llena de cosas", dijo sobre esta historia que cuenta la lucha de un marchante de caballos (interpretado por el danés Mads Mikkelsen) que tras ser víctima de la injusticia del factótum de la región termina levantando un ejército contra su dominio.

Cannes también hizo ayer un ejercicio de memoria, al rendir homenaje, cuando se cumplen 50 años de su estreno, a Vértigo, una de las cumbres del maestro Alfred Hitchcock. La rubia de hielo que -junto a James Stewart- protagonizaba el filme, Kim Novak, asistió a la presentación de la copia restaurada de la película. A sus 80 primaveras, se mostró encantada de estar en el festival. "Nunca gané un Oscar o algo así, y recibí críticas tan horribles en mi vida... Imagínense lo que es para mí estar en una película que tiene ese estatus", agregó la actriz, desde hace casi 20 años se dedica a la pintura. Novak jamás pensó que "iba a vivir algo" como este homenaje, y lamentó que Hitchcock no lo viera: "No puedo esperar a contárselo... Bueno, puedo esperar. Cuando vaya allí se lo contaré enseguida".

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