JOVEN ORQUESTA BARROCA DE SEVILLA | CRÍTICA

Barroco contra botellones

La JOBS, Julia Moya y Valentín Sánchez Venzalá.

La JOBS, Julia Moya y Valentín Sánchez Venzalá. / Luis Ollero

Daba gusto ver la sala llena en un domingo por la mañana con público de todo tipo, especialmente de familias completas atentas a lo que sus hijos e hijas iban a interpretar. Abuelos y niños de la mano en torno a la música, como culminación de tantos esfuerzos y de tantas horas de dedicación, trabajo y entusiasmo, bajo la dirección de un Valentín Sánchez capaz de insuflar energía y amor por la música al más recalcitrante reguetonero. Y si, encima, el concierto discurrió por buenas sendas y alcanzó un nivel artístico más que notable, una satisfacción añadida. Con un nutrido conjunto de cuerdas 5/5/5/4/2), Sánchez arrancó con una Overture de Johann Joseph Fux en la que el grupo tardó algo en encontrar la precisión en los ataques y la conjunción en el sonido, con un pasaje fugado al inicio bastante caótico y articulado de forma poco contrastada. Pero ya en la Follie todo empezó a fluir de forma más homogénea: el director impuso ataques más firmes, arcos más cortos, mayor énfasis en la acentuación, con el resultado de buen empaste y una relevante flexibilidad en el fraseo. La suite Abdelazer de Purcell ofreció interesantes juegos con los colores, con sonido liviano en el primer Air y más denso en el segundo.

Julia Moya abordó tres hits de Haendel. En Ombra mai fu le costó afirmar el sonido a media voz, pero en Piangerò y en Lascia ch’io pianga sacó adelante una voz bella y timbrada y un fraseo cuidado. Por su parte, Irene Hernández mostró gran madurez, bello sonido y soltura técnica.

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