Cultura

El ICAS empieza a entonar su adiós

  • Antonio Muñoz reconoce que el organismo que gestiona la cultura municipal "funciona mal" y anuncia un nuevo ente público que lo sustituirá "en el primer trimestre de 2018"

Victoria Bravo, Antonio Muñoz e Isabel Ojeda, ayer en la sala Atín Aya del Espacio Turina. Victoria Bravo, Antonio Muñoz e Isabel Ojeda, ayer en la sala Atín Aya del Espacio Turina.

Victoria Bravo, Antonio Muñoz e Isabel Ojeda, ayer en la sala Atín Aya del Espacio Turina. / juan carlos vázquez

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El Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS) desaparecerá como tal "en el primer trimestre de 2018". En su lugar, otro organismo público, "que no sabemos cómo se llamará", pero que para subrayar la nueva etapa no será ya ICAS, canalizará la gestión de los espacios culturales y las bibliotecas municipales además del Festival de Cine Europeo, la Bienal de Flamenco o el Festival de Música Antigua, entre otros que se celebran en la ciudad.

Ya había avisado semanas antes y así lo confirmó ayer definitivamente el delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo, Antonio Muñoz, que tras el tumulto de los últimos meses (con la crisis abierta por la deuda de casi un millón de euros debido a la acumulación de facturas impagadas como colofón), se niega, dijo, "a permanecer impasible ante lo que funciona mal". Y en este caso, añadió, "no vale poner una tirita". Hace falta "una reconversión profunda, radical", que pasa por un "cambio de organigrama y de personalidad jurídica" del ente público creado en 2006 por Juan Carlos Marset, entonces delegado de Cultura durante el mandato de Alfredo Sánchez Monteseirín.

La Factoría Cultural del Polígono Sur tendrá actividad, "y bastante", para finales de 2017

"El ICAS ha cubierto una etapa en la ciudad -insistió . Si queremos seguir conformándonos con la programación del Lope de Vega y el Teatro Alameda y tres o cuatro exposiciones, nos podría valer el ICAS". Pero no es el caso. Para gestionar las actividades culturales de Sevilla hoy en día hace falta "más agilidad" administrativa, "aumentar al máximo el margen de maniobra dentro de la ley" y "contratar mucho más rápidamente", puso como ejemplos Isabel Ojeda, directora general de Cultura del Ayuntamiento.

Para poner aún más de manifiesto esta "nueva orientación" en la política cultural municipal, Muñoz se hizo acompañar ayer también por Victoria Bravo, directora gerente del ICAS desde el pasado mes de enero, que realizó de este modo su primera aparición pública desde su muy discreta y silenciosa llegada al cargo el pasado mes de enero. Economista de formación, Bravo sustituyó en la fecha señalada a Francisco Cerrejón, el más duramente señalado por la oposición en sus críticas a la gestión económica del organismo, donde en todo caso sigue trabajando como responsable de Actividades y Programación.

Ha habido más movimientos recientemente. Todo el personal del ICAS se ha trasladado ya desde la sede de la calle Silencio -donde por ahora permacerán únicamente los archivos documentales- a la cuarta planta del edificio Laredo, anteriormente ocupada por el disuelto Consorcio de Turismo. Tras esa "reordenación" o, como también lo llamó Antonio Muñoz, tras ese "lifting" del ICAS, el nuevo organismo de nombre aún desconocido no sólo no conllevará un aumento del gasto sino que "incluso se reducirá", dijo.

Entre los equipamientos que gestionará el ente público que sucederá al ya sentenciado ICAS hay dos importantes. Uno es la llamada Factoría Cultural del Polígono Sur, donde el Ayuntamiento ha realizado una inversión que Victoria Bravo cifró en tres millones de euros. Para finales de este mismo año y comienzos de 2018, aseguró Muñoz, habrá ya actividades programadas allí, "y bastantes", recalcó visiblemente molesto con la voz "agorera" de la portavoz del PP, María del Mar Sánchez Estrella, que viene poniendo en duda tal extremo. "Y por el barrio donde está, la Factoría debe tener su singularidad, no puede ser un ovni en el Polígono Sur", continuó el delegado, que espera que el centro tenga en cuenta la realidad social y económica de su entorno y sirva de "revulsivo", pero que no por ello "la gente de otros barrios" deje de acercarse por allí. "Lo ideal", expuso por su parte Ojeda, "es que la Factoría ofrezca respuestas desde la cultura a los retos del barrio", por lo que, para empezar, ha habido ya numerosas reuniones con las asociaciones que prestan asistencia de un tipo u otro sobre el castigado terreno.

El otro nuevo centro cultural, la antigua Fábrica de Artillería, un espectacular edificio de 22.000 metros cuadrados declarado Bien de Interés Cultural, estará también en funcionamiento, como ya anunció Muñoz el pasado junio, este mismo año, si bien ayer añadió un matiz: "Cuando podamos; y si se puede a final de 2017, mejor". Ahora mismo se están terminando las obras de consolidación, por valor de 1,2 millones. Cuando el espacio comience su nueva andadura, determinadas actividades ya previstas dentro de festivales como Circada, el Mes de Danza o la Bienal "se desplazarán" allí; y progresivamente se diseñarán otras específicas para el lugar, entre ellas una serie de iniciativas para que Artillería sea no sólo el escenario para la exhibición de proyectos ya acabados sino también un laboratorio cultural o "semillero" de la creación local, lo cual se articulará mediante actividades formativas o residencias artísticas para desarrollar determinados proyectos.

Esto último entronca con el Banco de Proyectos presentado ayer en la sala Atín Aya del Espacio Turina. El apoyo a la creación, habitualmente "el hermano pobre de las políticas culturales", dijo Muñoz, será "la gran directriz" durante los dos años de mandato que le quedan al equipo de gobierno. Dicho Banco será "una especie de catálogo de proyectos susceptibles de ser contratados por el Ayuntamiento", explicó Ojeda. De los 150 que se presentaron a la convocatoria se han seleccionado 30, que según lo previsto "se desarrollarán durante 2017 y 2018".

En el amplio balance que hizo ayer Muñoz no podía faltar el Centro de las Artes de Sevilla (CAS), sobre cuyo futuro hay muchas dudas. El próximo octubre finaliza el convenio de uso de su sede, el Monasterio de San Clemente firmado hace 25 años con las monjas de la orden del Císter, que hasta ahora se han negado reiteradamente a renovar la cesión. En septiembre el Ayuntamiento les trasladará una nueva oferta, pero las hermanas, reconoció Muñoz, están "muy duras". Una solución, todavía hipotética, pasaría por "aguantar dos años" en el Monasterio, es decir, arrancarles una prórroga sólo por ese tiempo, y facilitar así una transición "con menor daño" del CAS a la Fábrica de Artillería.

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