Jorge Pardo & Hippocampus | Crítica Qué puedes hacer tú por Bach

Jorge Pardo e Hippocampus Jorge Pardo e Hippocampus

Jorge Pardo e Hippocampus / D. S.

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Desde Jacques Loussier a Uri Caine, la obra de Bach ha ejercido un extraño influjo en los hombres de jazz, en los improvisadores. Acaso porque el propio Bach fuera un improvisador genial, acaso por el peso del contrapunto en su obra, acaso por su intensa profundización en el universo de la variación, lo cierto es que su música es glosada, interpretada (en todos los sentidos del término), devorada y regurgitada hoy día como ninguna otra. Jamás un padre alimentó a tanto hijo, como si todos quisieran vivir de su sombra o como si todos quisieran decir de él aquello que aún no ha sido dicho.

Jorge Pardo, saxofonista, flautista, ha querido aportar su punto de vista asociándose a Hippocampus, grupo bachiano por excelencia, y lo hace sobre la base de la Suite orquestal nº2, la de la flauta, que articula el programa, en el que luego se insertan movimientos de una sonata en trío, la primera suite de cello y el aria de las Goldberg.

Hay aquí encuentros y desencuentros con Bach, zonas de cierta convencionalidad, en las que manda el sonido barroco del grupo, y otras en las que la querencia de Pardo por el flamenco se impone en unas glosas que valen más cuanto más se acercan en su punto de partida al propio Bach (en las Goldberg o en la Polonesa de la Suite, por ejemplo). Pardo entra y sale de la música como quien pasa por allí. A veces se adorna con floripondios de corte orientalista o frulatos insospechados y otras ornamenta casi en la línea de los grandes clásicos. A veces introduce cadencias que chocan con el original y otras se deja arrastrar por su corriente, integrándose en el sonido del grupo. Pero siempre hay algo personal, algo que contar en confidencia o que gritar al oído del viejo maestro.

Al final uno no sabe bien si el compositor termina siendo víctima o cómplice. Pero la armonía fluye y los intérpretes lo gozan. Al fin y al cabo, Bach es al músico lo que la montaña al alpinista. No hay ninguna razón para escalarla, pero está ahí.

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