Pablo Remón | Dramaturgo, guionista y director "A Lorca no hay que acercarse con miedo porque su palabra poética te lleva por delante"

  • Aspira al Goya junto a su hermano y Benito Zambrano por el guión de la película 'Intemperie' y regresa este fin de semana al Central con su versión libre de 'Doña Rosita la soltera'

Pablo Remón Magaña (Madrid, 1977). Pablo Remón Magaña (Madrid, 1977).

Pablo Remón Magaña (Madrid, 1977). / Vanessa Rábade

El cine no le suelta y prueba de ello es que Pablo Remón (Madrid, 1977) aspira al Goya al mejor guión adaptado por la versión que junto a su hermano Daniel y el director lebrijano Benito Zambrano han realizado de la novela de Jesús Carrasco Intemperie. Pero es el teatro español contemporáneo el que tiene una de sus fortalezas en la escritura de este autor (El tratamiento y 40 años de paz, entre otros montajes), al que compañeros como Miguel del Arco no paran de elogiar. Tras presentar Los mariachis en el arranque de la temporada, regresa este fin de semana al Central para mostrar su versión libre de Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, una de las obras menos representadas de Federico García Lorca y, sin embargo, una de las que él más quería.

-En Doña Rosita, anotada ha trabajado por primera vez con un material dramático ajeno. ¿No le imponía demasiado respeto estrenarse con Lorca?

-Es cierto que es la primera vez que dirijo y trabajo un texto que no es mío pero, aunque mantiene la esencia de Lorca, es una versión muy libre. Me lo propuso la Comunidad de Madrid para celebrar los 100 años de la llegada de Lorca a la capital española y al principio rechacé el encargo pero luego empecé a darle vueltas, vi que se me ocurrían cosas y rectifiqué. Se estrenó en los Teatros del Canal y la considero una obra muy personal. Mientras la montaba sentía que era una obra nueva que dialogaba con la original de Lorca. Lo bueno de los clásicos, y Lorca ya lo es, es que permiten lecturas y relecturas. Pero a Lorca no hay que acercarse con miedo porque su palabra poética es tan potente que te lleva por delante y de alguna forma tienes que hacerla siempre tuya.

-Por su ausencia de crímenes y venganzas esta obra contrasta con tragedias rurales previas como Bodas de sangre o Yerma.

-Tras sus más conocidas tragedias García Lorca se va a una obra aparentemente menor y más clásica, donde aparentemente no pasa mucho. Él la empieza en el 1924 pero la termina y realmente la escribe y estrena en 1935. Es la última obra que estrena, y me da la sensación de que está presagiando la guerra. Hay un momento donde se intuye que algo ominoso va a pasar y yo sentía que Lorca estaba recordando su infancia consciente o inconscientemente porque la acción se sitúa entre 1890 y 1910, cuando era un niño.

-En su propuesta Lorca se revela muy cerca de Chéjov. ¿Cómo ha trabajado esa herencia?

-Doña Rosita es la obra de Lorca que tiene más que ver con Chéjov, se nota sobre todo su lectura de Las tres hermanas por la sabiduría con que maneja el tiempo. Yo he intentado darle una vuelta al orden de los acontecimientos torsionando el tiempo. Porque en Doña Rosita el antagonista realmente no es el novio que la abandona sino el paso del tiempo, cómo el tiempo corroe las emociones y arrasa con todo.

-Reduce una dramaturgia de más de 20 personajes a tres actores, Francesco Carril, Fernanda Orazi y Manuela Paso. ¿Han participado del proceso creativo?

-Quería hacer un Lorca mío y para eso buscaba muchas maneras de romper con la representación más habitual, y una posible era dejar la obra original, que tiene veintitantos personajes, con tres actores que asumieran muchos roles ante el público, jugando con su complicidad, y esa es la apuesta, apoyada por una escenografía muy desnuda que favorece la intimidad. Ha habido muchos ensayos y escritura en escena con ellos, los actores son muy coautores de esta obra donde nunca deja de reconocerse la palabra poética de Lorca. Hay un juego entre momentos donde permanece tal cual y otros en los que una traducción, una trasposición, la lleva a nuestros días. Quería saber qué relación guardaba un texto escrito en los años 20 con nuestra vida de hoy, dar respuesta a esa pregunta.

"En 'Doña Rosita' el antagonista no es el novio, sino el tiempo que corroe las emociones y arrasa con todo"

-Algunas versiones enfatizan la complicidad de Lorca con esa mujer que a los ojos de la sociedad pasa de doncella a solterona. ¿Cuál es su visión de Doña Rosita, cómo se acerca a su tragedia?

-La obra original no habla tanto de la situación de la mujer en la época sino del conflicto sobre quién es uno en el fondo y cómo le ven los demás y le sitúa el resto; ese conflicto no depende de la época ni tampoco de si eres hombre o mujer. Es un conflicto común al ser humano: dónde te ubican, dónde está tu espacio, dónde entra tu libertad e imaginación. En mi lectura de Doña Rosita ella no es una víctima, no es engañada sino que encuentra un espacio de libertad e imaginación para vivir dentro del mundo que le ha tocado.

-Se formó en la prestigiosa Escuela de Cinematografía de la Comunidad de Madrid (ECAM), cuya diplomatura de guión coordina, y vuelve a colaborar con su hermano Daniel Remón en la adaptación de Intemperie. ¿Qué dinámicas le estimulan más del trabajo juntos?

-Daniel y yo llevamos mucho tiempo escribiendo juntos, hemos coescrito no sólo obras de teatro como Muladar sino también películas y esta asociación nos funciona muy bien: estableces una dialéctica, tienes una pared, alguien con quien tirar ideas y dispones de un mundo común que es el mínimo para ponerte a trabajar.

-¿Fue complejo adaptar al cine una novela como Intemperie?

-La principal novedad con respecto a la novela, maravillosa, de Jesús Carrasco, es que es muy parca y está anclada en un solo punto de vista, lo que es cinematográficamente complicado por distintas razones. Nosotros hemos tenido que hacer lo contrario de lo habitual cuando adaptas una novela: normalmente no cabe al meterla en cine en una hora y media y quitas muchas cosas pero aquí, por el contrario, hemos tenido que añadir porque si no la película se quedaba desnuda. Rellenamos huecos que Carrasco dejaba sugeridos, ése ha sido el principal reto. Durante la escritura sabíamos que Luis Tosar iba a ser el pastor y escribimos mucho pensando en él pero la sorpresa fue el niño al que encarna Jaime López, lo descubrió Zambrano y se convirtió en una pieza muy valiosa de la cinta.

-Esta temporada estrenará también en el Teatro Pavón-Kamikaze Las ficciones, la obra que escribe para Irene Escolar, Bárbara Lennie y Carmen Machi. ¿Es la primera vez que se reúnen las tres?

-Sí, y es un lujo escribir una obra original para ellas y con ellas. Ojalá podamos hacer gira y venir al Teatro Central, un espacio donde Manuel Llanes trae lo mejor que yo veo en la cartelera de Madrid y de fuera. Las ficciones se estrenará en junio pero antes saldremos de gira con Sueños y visiones de Rodrigo Rato, una obra que escribí junto a Roberto Martín Maiztegui y que ha dirigido Raquel Alarcón.

-¿Qué le ha dado el teatro que no encontraba en el cine?

-Es curioso pero he seguido el camino inverso al habitual, que es empezar en teatro y pasar al cine. Estudié cine en la ECAM y llegué al teatro por la escritura dramática cuando empecé a leer autores que habían escrito guiones pero también obras de teatro. He llegado tarde pero me ha enganchado mucho. El teatro me ha dado un campo de juego maravilloso y me ha permitido probar cosas que en el cine me resultaba mucho más lento, caro y complicado experimentar. El teatro me ha permitido jugar. Sigo en ese enamoramiento total con él pero no he dejado el cine y tras la película de Zambrano tendré otros proyectos audiovisuales en marcha.

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