Mujer descalza frente al mar | Crítica de Danza Los mares interiores de Lucía Bocanegra

La joven bailarina en un momento de la representación.

La joven bailarina en un momento de la representación. / Rafael Núñez Ollero

Perteneciente a la última hornada de bailarinas, el nombre de la sevillana Lucía Bocanegra ha estado presente en algunas de las citas principales de la danza contemporánea local y nacional de los últimos años. Laika, la pieza dirigida por Isabel Vázquez para el ciclo ‘Bailar mi barrio’, o el dúo Ática que compuso con Elvi Balboa para el Mes de Danza son solo algunos de sus trabajos más recientes.

Pero, a pesar de su juventud, Lucía Bocanegra quiere y puede emprender su propio camino y Mujer descalza frente al mar, estrenada en Baelo Claudia, en el Festival Anfitrión el pasado verano, constituye su primera aventura en solitario.

El espectáculo parte del texto del mismo nombre del autor de Puerto Real Antonio Castaño (Ediciones en Huida, 2017) y une a la perfección, en la persona de la jovencísima Lucía Bocanegra, una danza fresca, habitada por el deseo de volar entre los océanos, y la hermosa voz –canciones incluidas- de la protagonista.

El espectáculo une a la perfección la danza sensual de Bocanegra y los poéticos textos de Castaño que ella misma interpreta

En medio de unas sugestivas proyecciones del mar, cuyas olas se extienden por el suelo hasta casi tocar al espectador, una mujer emprende un viaje, “navega a la deriva, sobre un océano de iconografías, sin rumbo y a merced de algún viento” –son palabras de Aute en la introducción del libro- y se deja arrastrar por la sensualidad de las olas, o bien compone partituras corporales con cada una de las palabras que la acompañan.

En su maleta lleva un par de trajes, unos zapatos rojos y una memoria llena de recuerdos –o su ausencia- que se materializan en una danza sincera y llena de sensualidad que, poco a poco, acaba por conquistar al espectador.

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