María Toledo | Crítica En blanco y negro

La intérprete de las uñas rojas cantó ayer en Sevilla. La intérprete de las uñas rojas cantó ayer en Sevilla.

La intérprete de las uñas rojas cantó ayer en Sevilla. / Grupo Joly

Un espectáculo con mucha energía. Dos horas de música y de entrega. Porque esta cantaora es una entusiasta. De su propio repertorio y del ajeno. Tiene una voz poderosa a la que se arroja sin red. Y se acompaña, además, de algunos acordes de piano, atreviéndose incluso a alguna otra variación melódica, lo que da variedad sin duda a su puesta en escena. Una intérprete de voz poderosa y también carismática, con una imagen muy potente. Y con un público entusiasta, que canta a voz en grito las canciones desde su butaca. Si hay algo que María Toledo hace a la perfección es involucrar a su público en la propuesta. No se trata de un concierto en el que el espectador adopta un rol pasivo. Cantamos, hicimos palmas. Inflamos globos rojos y los agitamos. Nos levantamos del asiento. Incluso, en la recta final del espectáculo, la cantaora bajó al patio de butacas para cantarles de tú a tú a algunos afortunados espectadores.La primera parte discurrió por el cancionero de sus cuatro discos en el mercado, formado en su mayor parte por temas propios a ritmo de tangos o rumbas. De temática recurrente: amores adolescentes, contrariados. La segunda, más luminosa, con la cantaora de blanco inmaculado y chaqueta torera, se abrió con unas sevillanas que podríamos llamar “conyugales” puesto que con ellas celebraba Toledo, con su público, su reciente enlace matrimonial. Fue uno de los adelantos de su nuevo disco, el quinto, que verá la luz en 2019. Me quedo con esa parte en la que la cantaora pone su voz al servicio de un repertorio universal, eterno: Lole y Manuel, Morente, Camarón, La Serneta, Joaniquí ...

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